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Laguna "El Abuelo" -- Arq. Martín Chaves


Tarariras entre las vacas

Programando la excursión:
Hacia fines de marzo, el calor y la humedad no nos daban respiro. Las temperaturas cercanas a los 30º nos hacían suponer que todavía tendríamos posibilidades de poder realizar una buena pesca de tarariras en spinning en alguna laguna.

Después de barajar varias opciones, ya sea por distancia, servicios o tamaño, nos llegó el dato de un espejo de agua en la zona de Bragado. El mismo se encuentra en el Km.220, 500 de la Ruta Nº 5. Luego hay que transitar 7 Km. de camino de tierra, imposibles con lluvia. La laguna ubicada en la estancia “El Abuelo” tiene unas 40 Has. Si bien su nivel de agua actual está por debajo de lo normal debido a la sequía, no hay peligro de que se seque por estar alimentada de vertientes naturales. Sus aguas son claras, transparentes y con abundante vegetación compuesta de juncos, pastizales y gambarrusa.

Dos noches antes de la salida, me comuniqué con Don Esteban Petegoli, quien además de reservarnos los lugares correspondientes, me interiorizó acerca del estado del pique y de otras características de la laguna.

Así pude saber que además de estar activas las “taruchas” con una gran población de las mismas y del forraje que las alimenta, el cupo por día no supera los 12 pescadores, en su mayoría mosqueros y como norma se trata de devolver al agua a todas las capturas con el menor daño posible.

La salida:
En esta oportunidad fueron de la partida mis amigos Fernando de la Cruz “Ferchu”, Gabriel Verde “Lito24” y mi hermano Ignacio Chaves “Nacho, el Doc”, quien por primera vez concurría a una laguna y también debutaría con la pesca de las combativas taruchas. La luna llena se despidió de nosotros en el momento que tomábamos el acceso Oeste rumbo a Luján. A las 7:30 de la mañana, nos recibieron Don Emilio y su señora con una amplia sonrisa y nos ofrecieron mate y café para desayunar.

El día estaba fresco y muy ventoso, por lo que nos tomamos todo el tiempo del mundo para cambiarnos, calzarnos los waders y chalecos y alistar los equipos: cañas de uno y dos tramos de hasta 2.40m para spinning, reeles frontales y de bait para la pesca con plops.

La lógica indicaba que el mejor lugar para hacer los primeros intentos era un abra en los juncos que están pegados al casco, con la casa a nuestras espaldas para repararnos del viento.

La pesca:
Decidimos en primera instancia probar con las boyas plop y carnada para tantear el pique y activar a las Hoplias dormidas. Transcurrieron así, muy tranquilas, las primeras horas de la mañana casi sin respuestas positivas.

Ya un poco inquietos, levantamos los aparejos y comenzamos a caminar en sentido contrario a las agujas del reloj, tratando de ubicar algún hueco entre los juncos que no tuviera el agua rizada.

Dimos así con un sector donde tuvimos las primeras repuestas con carnada de sábalo y señuelos de goma, imitando ranitas (3).

Nacho pudo así disfrutar de su primera captura y de la emoción que trae aparejada la pesca de un ejemplar en su propio medio, con el agua al pecho y el peligro de los filosos dientes a menos de 30 cm. del cuerpo.

A medida que el sol comenzó a calentar más el agua, aumentaron las respuestas, por lo que Ferchu y Yo, luego de sacarnos el gusto con las plops, nos dedicamos enteramente a los “muñequitos”.

Tuve la cuota de emoción en el momento en que me dirigí hacia un pastizal sumergido en el cual se refrescaban y pastaban algunas vacas. Un hermoso toro con cara de pocos amigos, en vez de alejarse con mi avance, decidió encararme y darme a entender lo molesta que le resultaba mi presencia, por lo que no necesité traductor para decidir cambiar de rumbo.

Lo insólito de la situación fue el comentario a la hora del almuerzo, mientras discutíamos la estrategia para la tarde. Por esta vez, no pescaría más tarariras entre las patas de los vacunos.

La fiesta:

Tres de la tarde y el viento amainó completamente. Lito y el Doc que no se tenían demasiada fe con los señuelos, optaron por embarcarse en un bote que daba miedo con solo mirarlo.

Mientras ellos probaban suerte con las plops y los filets, Ferchu y Yo fuimos esta vez hacia la izquierda de la laguna llevando solamente nuestras cajas de engaños. El objetivo era un monte de eucaliptos a unos 15 minutos de caminata.

A la distancia, comenzamos a oír los gritos de triunfo de nuestros compañeros ante cada captura. Nosotros a su vez, probamos la emoción de pescar en menos de 50 cm. de agua y con señuelos de superficie. Los ataques se sucedían cada dos minutos y aunque costaba mucho engancharlas, la adrenalina nos obligaba a seguir intentando.

Aquí, los ejemplares eran más bien chicos, de hasta un kilo de peso aproximadamente.

No me voy a extender contándoles lo maravilloso del paisaje y la cantidad de especies que teníamos frente a nuestros ojos: nutrias, patos, cisnes de cuello negro, etc.

Llegamos por fin al deseado monte luego de sortear numerosas alambradas y árboles caídos. La profundidad era mucho mayor que en el resto del espejo, dificultándonos el vadeo. Volvimos sobre nuestros pasos y encontramos un callejón muy atractivo que desembocaba en un espacio de unos veinte metros de diámetro. Las respuestas no se hicieron esperar. En mi primer lance y con mi Hula popper negro favorito en la punta del leader, estalló el agua en el momento del ataque y el ruido que hizo me dió la pauta que se trataba de un ejemplar de respeto. Mantuve mi caña en alto y la línea lo mas tensa que pude, mientras el reel cantaba con la corrida del pez que buscaba resguardo en los juncos. Unos minutos después cuando trataba de sacarle el triple de la boca, pegó un coletazo y abrió el esmerillón sin dificultad alguna y se alejó con el Popper.

A mi lado Ferchu tenía ataques y sacaba taruchas una detrás de otra con su ranita articulada (2) y su Popper blanco y rojo N°3 de DEL (1). Algunos piques los tenía a no más de dos metros de nuestra posición y en 1,20m de profundidad. ¡Espectacular!.

Con la caída del sol y cuando pensábamos que la mejor hora de pique se acercaba, la salida de la luna llena coincidió con la falta total de respuestas a nuestros lances. Ver para creer.

Emprendimos así el regreso y mientras avanzábamos, producíamos la desbandada de miles de patos de todas las especies que ruidosamente despegaban de la laguna y volaban en círculo sobre nuestras cabezas.

Hasta la próxima:
Sin tener mucha experiencia en el tema de la pesca en las lagunas, les puedo sintetizar nuestro día. El lugar es hermoso, tranquilo. La atención por parte de los dueños es excelente. Por el precio de $ 25.- nos ofrecieron hacer el asado (se debe llevar la carne), nos convidaron con café, mate, pastelitos dulces, papas fritas y escabeche de berenjenas y nos prestaron un wader que habíamos olvidado. No hay basura en las orillas y para el que lo desee, el agua es fresca y cristalina e invita a un chapuzón como lo ha hecho mi compañero Fernando.

Hay un baño y un vestuario muy limpios, mesa y sillas entre los árboles para almorzar…y dormir la siesta, como Lito.

Hay que llevar una buena variedad de señuelos de superficie y media agua que no profundicen mas de 30 cm. Es ideal para la pesca con moscas. Infaltables los waders.

Para comunicarse con
el Sr. Esteban Petegoli llamar a los teléfonos
(02346) 15-553957 ó al (0242) - 421926

Nos quedamos con muchísimas ganas de volver, probar otros sectores y encontrar las taruchas de 3 y hasta 4 kilos que no me cabe la menor duda están. Vimos además algunas carpas enormes y gran cantidad de dientudos y mojarras.

La alegría que irradiaba de la cara de mi hermano me demostró que él también disfruto de su primera experiencia.

Tuvimos más de 20 capturas por pescador, sin contar los numerosos piques fallidos. Un placer para cualquiera. Todas ellas estarán allí otra vez para deleite de los que nos sigan. Si alguno saca alguna vez una tarucha con un Hula popper negro en su comisura, recuerde estas líneas. Como anécdota les puedo contar que entre la carnada que teníamos, había unas anguilas vivas sobrantes de una salida al río y que Don Esteban nos pidió para poblar la laguna, “…para que los bichos engorden más rápido”.

Piscuí.

 
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