Junto al guía Guillermo Benítez, realizamos una excelente pesca de dorados en la zona de Salto Chico. En un paisaje natural, al que no siempre le prestamos la atención debida, vivimos una excursión para el recuerdo.
No me había “despertado” aún, cuando me estreché en un fuerte abrazo con Guillermo, amigo y guía de Concordia, con quien todos los años disfrutamos de una salida de pesca para compartir con los pescanautas.
-“El río está muy bajo”, balbuceó, mientras saludaba a Debby, nuestra fotógrafa.
-“Supongo que eso no es bueno para los dorados” me animé a vaticinar.
-“Pero las bogas están todas juntas”, aseguró Guille.
En esa última frase, sentí que la posibilidad de dar con buenos dorados se desvanecía desde el inicio….. y todavía no habíamos botado la embarcación.
Llegamos al Club de Pesca Concordia. Por la larga rampa vimos como Guillermo depositaba la “Antiestrés II” en el espejado Río Uruguay. Efectivamente, el nivel del agua era bajísimo, nunca lo visualicé así.
Custodiados por un sol abrasador, sin viento y un río estático, nuestra embarcación puso sonido y movimiento al paisaje, que de a poco, comenzó a tomar vida.
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A metros de zarpar, armamos los equipos de trolling con señuelos de media agua y los hicimos navegar por cuanta canaleta, veril o pozón apareciera en nuestro derrotero hasta Salto Chico.
La actividad de dorados fue nula, no tuvimos ni un toque. Guillermo me comentó que, en los días previos, los dorados preferían carnada viva. Mientras armábamos los aparejos, pudimos disfrutar de un espectáculo fascinante: el marcado desnivel en Salto Chico, mostraba enormes piedras fuera del agua y entre todas conformaban innumerables cascadas, correderas, rápidos y remansos. Fue un instante mágico, que por unos minutos nos hizo olvidar de los tigres del río.
Arrancamos con el garete arrojando nuestras líneas al agua encarnadas con morenas chicas. Cabe aclarar, que los aparejos empleados fueron muy sencillos: leader de acero de 40 lb. unido a un anzuelo forjado 6/0 ó 7/0 y atado al nylon del reel sin plomo pasante.
Tras varios minutos de espera, tuvimos piques simultáneamente. Se trataban de doraditos muy pequeños, no llegaban al medio kilo. Guillermo, se alegró pues por el tamaño, estos ejemplares pertenecían a una nueva camada de dorados, lo que asegura la perpetuidad de la especie en el río Uruguay.
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Con la intensión de lograr mejores tamaños, cruzamos el Salto por el único lugar posible. Es notable el conocimiento del guía para superar el laberinto rocoso sin sobresaltos. Con los peligros a popa, volvimos a la pesca. Líneas al agua y a garetear. Rápidamente, Guille tuvo un pique, clavó y un doradito de más de dos kilos fue capturado. Tras devolverlo, nos preguntó: “¿Escucharon ese sonido?”… Nos “paralizamos” para agudizar nuestros sentidos…. “Viene del fondo del río, son las piedras de canto rodado que se están desplazando”, y afirmó: “Es una señal inequívoca de la apertura de una compuerta de la represa”.
Inmediatamente interpreté su sonrisa, las condiciones del río estaban a punto de cambiar y con esto, la actividad de los dorados.
Ilusionados, navegamos hasta el mini pesquero “MI PIEDRITA”: se trata de una gran roca sumergida a metros de la costa Uruguaya, descubierta por Guille y que siempre le otorgó buenos dividendos. La pesca la realizamos casi al golpe, arrojábamos nuestras morenas hacia la costa, mientras la embarcación era guiada por la corriente y comenzábamos a recoger. Cuando la línea se acomodaba, levantábamos la caña con el fin de traccionar la morena e instantáneamente se producía el pique, uno tras otro de 3, de 4 de 3.5 kilos, de todos los tamaños.
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Algo que me llamó la atención, fue el altísimo promedio de capturas en relación a la cantidad de ataques. Debido a mi formación científica, trato de encontrarle una explicación a todo y en este caso, creo que varios factores se conjugaron para que esto ocurra: los equipos empleados, en mi caso una vara All Star de 2.10 m de acción de punta de 12 a 25 libras, los anzuelos permanentemente afilados tras cada captura y fundamentalmente el pequeño tamaño de la morena y la forma de estar encarnada, de la boca, con todo el cuerpo libre y en movimiento lo que hacía irritar a los dorados y engullirla de un solo bocado.
“Los buenos ya van a llegar”, me alentaba Guille, “ya lo sabés, los más chicos son los más ligeros”. A esa altura disfrutaba de cada clavada, de cada salto y de cada captura, sin importarme el tamaño; por otro lado, Debby se hacía un festín con su cámara de fotos pescando, ella también, “dorados acrobáticos”.
En uno de mis tantos lances, la morena viajó hacia la costa, cayó a escasos dos metros de una barranca y apenas tocó el agua, recibí un furibundo ataque, el pez tomó la carnada y se largó a favor de la corriente en una carrera loca….
Me preparé, bajé la caña, trabé el reel y clavé con vigor. Del otro lado la respuesta fue un fuerte cabezazo, no hubo salto, la vara arqueada a más no poder marcaba que se trataba de un buen ejemplar. “Que no se me escape“, pensaba mientras veía como el nylon se acercaba peligrosamente al casco de la lancha. Mantuve la tensión y pegado a la borda, el dorado pegó el primer brinco, lo vi robusto, con el color típico del dorado adulto.
Luego de pelear denodadamente contra el pez y contra la corriente, Guille tomó un enorme copo y lo hizó. Pesó más de 6.5 kilos. Feliz, solo atiné a recordarle a mi amigo: “¡Viste que mi primer dorado de buen porte lo iba a pescar con vos!”.
Tras las fotos, me di un gusto que jamás olvidaré, tomé el pez fuerte de la cola y con cuidado coloqué mi mano en su vientre y lo introduje nuevamente en el río. En pocos segundos, recobró su potencia y con violencia dejó mis manos vacías mientras se despedía sacudiendo su cola con vitalidad.
No terminamos de celebrar mi captura y Guille tuvo otro fuerte ataque…”Me parece que este es mas grande “, me dijo y al explotar el agua vimos otro estupendo ejemplar que pesó más de 7 kilos.
El sol en su punto más alto fue testigo de 30 minutos vibrantes, tres dorados, que juntos, superaron los 20 kilos, algo impensado al amanecer de la salida.
Hambrientos, famélicos, embicamos la embarcación en la playa del parador del camping “La Tortuga Alegre” y nos resguardamos por unas horas del sol implacable.
Siempre hay que probar con las bogas
Ir a Concordia y no probar la pesca de las bogas es un “pecado mortal”. No tengo dudas que esta ciudad entrerriana, tiene las bogas mas grandes del mundo… eso sí, capturarlas no es fácil, sobre todo para los foráneos.
Sin sed y con los estómagos satisfechos volvimos al río. Pusimos proa a la represa e intentamos anclar en el centro del cauce en la zona permitida, pero la fuerte correntada no nos dejó afirmar el fondeo. Debimos recostarnos en la costa argentina, donde el agua corría menos. Armamos otro sencillo aparejo: un plomo de 75 a 90 gramos enhebrado en el nylon del reel, luego una perlita, un esmerillón y de este atamos una larga brazolada de 80 cm rematada con un anzuelo tipo Gamakatzu 14, donde ubicamos dos o tres granos de maíz fermentado en cerveza.
Luego de cebar la cancha con maíz llegaron los piques: primero aparecieron los salmoncitos de río o pira pitá, que nos maravillaron con sus saltos, luego capturamos varias bogas que no superaban el kilo de peso pero con la corriente a su favor ofrecieron una lucha más que interesante… ¿se imaginan tener del otro lado del sedal una boga de más de 5 kilos?. Les prometo que en mi próximo viaje haré lo imposible por poder mostrárselas. |
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Y volvimos a la piedra prometida
Decidimos culminar la jornada pescando dorados en la piedra de Guille, que tantas alegrías nos había otorgado horas atrás.
Mientras navegábamos Debby me preguntó: “¿Entre tanta adrenalina con los dorados, tuviste tiempo de disfrutar de la naturaleza que rodea al río Uruguay?... Afortunadamente pude captar con la cámara: muchas aves representativas del lugar, grandes barrancas, cuevas y una diversidad de flora insospechada en ambas márgenes del pesquero”, agregó.
Luego de cruzar los cables de alta tensión, volvimos a lanzar los aparejos y nuevamente, los piques fueron instantáneos, ahora los dorados promediaban los 4 y 5 kilos de peso. En cada clavada, nos cruzábamos con Guille una sonrisa cómplice, felices de estar juntos, felices de estar pescando como lo soñamos al organizar la excursión.
Sabiendo que una jornada como esta no es fácil de repetir, pusimos proa al lugar de partida. El río había crecido tanto que las piedras del salto ya no se veían, el paisaje mutó por completo y el sol decidió despedirnos ocultándose en la ciudad.
Ya en tierra, recibimos la invitación de Guille para cenar en su casa. Sin dudas, esa noche compartida con Guille, su esposa Fabiana (excelente chef) y sus hijos Guadalupe y Facundo, degustando una fritanga de raya y surubí, fue el postre de nuestra visita. Valoro mucho todo lo que rodea a la pesca, soy muy agradecido a la posibilidad que me permite la revista Pesca Caza y Aventura, Pecanautas y Amanecer Pescanautas de poder conocer gente de la calidad humana de Guillermo, un excelente guía pero fundamentalmente una gran persona.
Servicios para el pescador
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Guía profesional de pesca: GUILLERMO BENÍTEZ
Realiza salidas de pesca para no más de 4 pescadores en los pesqueros más rendidores: aguas abajo de la Represa, Salto Chico, Playa Nébel, Corralito, Puerto Yeruá, Paso Hervidero incluyendo el lago de Salto Grande.
Actuando en todas las modalidades: garete o pindá (carnada viva), bait cast, spinning, trolling y fly, se pueden capturar los grandes dorados, surubíes y bogas que según la época del año están presentes en el río Uruguay. |
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Cuenta con la embarcación ANTIESTRES II, un trucker Aramendi de 5.30 m con Yamaha 60 HP. 2T, modelo 2011, equipado con los elementos de seguridad que exige la PNA.
El precio base incluye combustible y carnada. Como extras, se pueden incluir equipos de pesca, vianda o fritanga en la costa o algún asadito. La jornada arranca a las 8 de la mañana y termina a las 18, dependiendo de la época del año y del pique.
También ofrece paseos turísticos por el río y el lago aguas arriba de la represa
Teléfonos: 0345 - 421 6528 y 0345 - 154 035 675.
guillermopesca@yahoo.com.ar |
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