En el Delta del Paraná y Río
de la Plata las tarariras se despertaron con
todo.
Hoy en día se puede, debido a la claridad
del agua y sumando una buena bajante,
realizar excelentes pescas con artificiles
tanto en la modalidad spinning
como baitcasting durante toda una jornada.

Hacía
varios días que durante el paseo habitual
de mi perro percibía en el ambiente
un inminente cambio de clima. Grupos de golondrinas
sobrevolando el parque, árboles colmados
de brotes, el monótono canto de los
zorzales a la madrugada, áreas peladas
cubriéndose poco a poco de una verde
alfombra, los días comenzando mucho
más temprano. Estos indicios visibles
a simple vista son percibidos por nuestro
reloj interno.
Aunque vivamos
en una gran ciudad, a contramano de la naturaleza.
Es importante distinguir en cada uno de nosotros,
como influyen estos periodos en nuestra rutina,
son los ciclos naturales por los que vamos
transitando.
Mientras rumiaba
éstas cosas, fantaseaba cuando se daría
la primer salida de verano, para finalmente
darle un merecido descanso a nuestro querido
turista invernal llamado pejerrey.
Luego de varias
salidas frustradas recibí el ansiado
llamado de mi amigo Lito avisándome
que el jueves 25 de Setiembre se daban las
condiciones de temperatura, viento y marea
para dar por inaugurada la temporada de tarariras
en nuestro Delta.
La ceremonia
de cambio de equipo es un momento especial,
limpiar y guardar la caña de pejerrey
hasta el próximo año, lo mismo
que acondicionar líneas y porta brazoladas,
me transporta a gloriosas jornadas en compañía
de amigos, donde la convivencia a través
de largos días, los transforma casi
en parientes. Armar la caja para el nuevo
período me hace fantasear con grandes
salidas por venir.

Las tripulaciones
se completaron por un lado con Lito de capitán
con Rafa, Ariel, y quien escribe, a las 8
amarinamos la “Ghost”, una Marea
propulsada por Suzuky 90 hp de cuatro tiempos,
que además de navegar muy bien, es
cómoda para pescar y además
extremadamente económica moverla. Y
por el otro, Fabián como capitán
con Osvaldo y Tomi en la Gringa. Una embarcación
River Truck cabinada equipada con un Yamaha
100hp de cuatro tiempos. Este último
team de pesca tenía como desafío
pescar tarariras 100% con artificiales durante
toda la jornada de pesca. Y por suerte cumplieron
con su meta propuestra. Lograron concretar
una inmensa cantidad de piques de tarariras
con casi cualquier tipo de señuelo
que actuara a media agua. Destacándose
por la gran cantidad de ataques recibidos
el tradicional Oreno cardinal (rojo y blanco)

El derrotero
fue Vinculación, Urión, Bajos
del Temor, Diablo, Miní, y saliendo
al Río de la Plata el islote Oyarvide.
Estos inmensos
lugares tapizados de arroyos, se encuentran
bajo la influencia de las mareas, con pleamar
se inundadan, y gracias a la acción
del sol levantan temperatura. Cuando comienza
la bajante, grandes masas desagotan, volcando
agua tibia y peces al cauce natural de los
arroyos.
Ese es el momento
ideal para buscar tarariras en esta zona,
especialmente a comienzos de temporada, cuando
se encuentran voraces debido al letargo invernal.
Estos pequeños
tributarios tienen en general la entrada embancada,
lo cual les permite estar a resguardo de los
barcos amarillos que pescan la zona sin poder
ingresar producto de su calado.
En alguna oportunidad
nos sorprendió una bajante pronunciada
dejando el banco de la entrada a la vista,
sin poder salir hasta la próxima creciente.
A diferencia del pejerrey que es migratorio,
la tararira es territorial. Por este motivo
los pescadores deportivos somos celosos en
revelar la ubicación exacta de los
lugares a fin de preservar el ecosistema,
más cuando devolvemos vivas la totalidad
de las capturas.

En esta ocasión
llevamos un kayak simple de la firma Atlantikayak's,
que resulto útil para ingresar a zonas
bajas, prácticamente inaccesibles.
El tripulante puede realizar los lances sin
bajarse o llevar waders, y pescar vadeando.
En mi caso opte
por caminar la costa a la cual habíamos
amarrado, y pescando en spinning efectuar
los lances a la orilla opuesta, la técnica
más efectiva fue traccionar lentamente
para darles tiempo a atacar el engaño.
El señuelo empleado fue el pescado
de goma, tamaño grande, en colores,
negro y blanco, rojo y blanco.
Los piques comenzaron
tímidamente, incrementándose
con cada captura, parecía que llegaban
peces de zonas aledañas atraídas
por la actividad. Obtuvimos más respuestas
en esta modalidad que con carnadas naturales.
Como anécdotas debo rescatar una tararira
saltando fuera del agua, atacando un señuelo
en el momento que lo sacaba del agua para
efectuar un nuevo lance.
Nos encontrábamos
pescando a no más de tres metros de
un pequeño grupo de juncos, cada vez
que el engaño pasaba cerca de las plantas
obteníamos respuestas, perdiendo la
cuenta la cantidad de piezas obtenidas en
ese lugar.
Muchas veces
en estas salidas el éxito depende de
las carnadas, por ese motivo la oferta debe
ser variada pues no sabemos con que especies
nos vamos a encontrar. En nuestro caso llevamos
lombrices para obtener carnada fresca, salamin,
corazón para las bogas y filet de sábalo
para tentar dorados y tarariras.
Un pescador
es un buscador, alguien que busca constantemente
y aunque encuentre, sigue buscando por el
placer de buscar, es un estilo de vida. Nuestro
delta es un ámbito ideal para poner
en práctica esta filosofía,
cientos de arroyos esperan ser “descubiertos”.

Es cuestión
de poner en movimiento nuestro espíritu
aventurero y salir a encontrarlos.