Desde hace varios
años esperaba la posibilidad de poder
realizar una pesca de altura en el mar. Por
diferentes razones, mi sueño se fue
postergando. A
principios del mes de julio, Esteban Arcidiacono,
guía y capitán del Raptor,
me invitó a compartir con sus “piratas”
una jornada de pesca a bordo de su embarcación.
La inestabilidad climática y los fuertes
vientos reinantes en la costa Atlántica
pospusieron nuevamente la salida.

El sábado
4 de octubre, cuando me encontraba en Mar
del Plata junto a mi familia y mis amigos
Eduardo y Gabriela recibí un llamado
de Esteban: “Mañana a las 06:30
hs. los espero en el Club de Motonáutica
Mar del Plata, vamos por los salmones y los
meros, que están y en cantidad”.
Ansioso y con
un cosquilleo difícil de describir,
me preparé para vivir uno de esos días
que no se olvidan fácilmente. El cielo
completamente despejado, las banderas inmóviles
y un frío mayúsculo nos acompañaron
en nuestro trayecto hacia el puerto deportivo.
A la hora señalada, nos encontramos
con Esteban y su tripulación, amarinaron
el Skipper Express y tras el rol de partida
en la PNA, soltaron amarras.
Mi sueño
navegaba hacia una mágica esfera de
fuego que emergía en el horizonte.
Las anécdotas y consejos del capitán,
me tranquilizaron, disfruté de los
ricos mates cebados por el “Colo” mientras
“el gallego” afilaba los anzuelos Mustad 8/0
armando brazoladas con nylon del 0.90.
Una leve brisa del noreste nos acompañaría
las dos primeras horas de una navegación
placentera.
El destino final era el banco del Caligo,
distante unas 18 millas de la costa, pero
algunas millas antes, Esteban decidió
estudiar una piedra a la que le tenía
fe.
“Es
posible que encontremos una chofa de meros
importante”. A marcha lenta recorrió
el pedregal con la vista puesta en la ecosonda.
“¡Acá están, a prepararse!”.
Tomé una caña Fivestars de 20/40
libras con un reel rotativo sin devanador,
línea convencional de dos anzuelos
encarnados con filete de magrú y aros
de calamar y dejé viajar mi ilusión
26 metros hasta que el plomo tocó el
fondo.
Cabe destacar que la pesca se realiza al garete
y gracias a la poca correntada, la posibilidad
de capturas duraba unos 10 minutos antes de
abandonar el banco.
Si bien yo no
tuve suerte en la primera pasada, Eduardo
pudo izar un hermoso mero de unos 4 kg de
peso. Asocié mi error en la clavada
a mi inexperiencia, me acerqué a Esteban
a consultarlo. Con paciencia “paternal”,
me comentó que es fundamental que el
plomo no se levante del suelo en la deriva
y para ello es necesario ir soltando nylon
a lo largo del garete. Seguí sus consejos
y pude capturar el primer doblete de meros.
Las capturas se sucedían en cada pasada,
siempre meros .... ¿y los salmones?.
Cuando un cardumen de meros puebla una salmonera,
su rapidez y voracidad impiden que los salmones,
de movimientos más lentos, puedan tomar
la carnada.
Contentos con
la faena, navegamos con proa al banco “Caligo”,
con la mente puesta en los salmones. Distendidos,
en el confortable cockpit del Raptor, nos
interiorizamos de algunas costumbres de estos
codiciados “cabezones”.
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Conociendo
más
a los salmones
Mientras
navegábamos
con proa al
puerto de
Mar del Plata,
observé
con atención
los salmones
capturados
y noté
coloraciones
diferentes
en su cuerpo
y aletas;
habíamos
obtenido machos
y hembras:
en los machos
su tonalidad
es gris oscuro,
uniforme,
tanto en la
cabeza como
en el tronco,
de tal manera
que en los
flancos apenas
se distinguen
las bandas
verticales.
En las hembras
la coloración
básica
es parda,
con algunas
manchas circulares
amarillas
en la cabeza,
las bandas
verticales
laterales
se distinguen
perfectamente.

En
edades iguales,
los machos
alcanzan un
tamaño
y peso mayor
que las hembras.
La edad máxima
de éstas
es de unos
30 años,
mientras que
los machos
no exceden
los 25 años.
La talla máxima
es cercana
a los 120
cm; las más
frecuentes
en las capturas
comerciales
están
comprendidas
entre los
50y 80 cm.
Se reproducen
durante los
meses de noviembre
y diciembre.
La talla de
primera madurez
de las hembras
ha sido estimada
en 37 cm.
En cuanto
a la alimentación,
ingiere principalmente
crustáceos
(cangrejos,
bogavantes,
etc.) y en
menor medida
peces y calamares.
Es
poco lo que
se conoce
de estos hermosos
peces, investigaciones
científicas
a cargo del
Centro Nacional
Patagónico
(CENPAT-CONICET)
se encuentran
estudiando
la permanencia
y migración
de los salmones
entre distintas
salmoneras.
Apoyados en
pescadores
deportivos,
marcan los
ejemplares
capturados
permitiendo
seguir sus
movimientos
El estudio
se realiza
en el Golfo
San José,
Península
de Valdez.
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Los salmones
aguardan en sus cuevas la oportunidad de tomar
su presa, la cazan y regresan inmediatamente
a su escondite. Además toman el alimento
con desconfianza, primero lo sostienen en
la boca para luego de unos segundos engullirlo.
Estas características son muy importantes
a tener en cuenta a la hora de pescarlos.
Al sentir el primer toque no hay que apurarse,
(la carnada está apretada en su boca),
dejar unos segundos y una pequeña llevada
indica el momento exacto de clavar. Para intentar
zafar, el pez buscará volver a su escondite,
huecos entre lajas, donde puede cortar nuestro
nylon con los filos de las placas, es por
este motivo que al clavar el salmón
debemos “aguantarlo” con la caña
en alto para luego sin prisa y manteniendo
la tensión del hilo acercarlo a la
borda.
El barco comenzó
a disminuir su marcha, una pasada sobre el
afloramiento rocoso y la observación
de la ecosonda alentaron a Esteban y a la
tripulación, los tesoros se encontraban
a 45 metros de profundidad. Con encarnes generosos,
nuestros aparejos descendieron en pos del
trofeo.
Rápidamente
uno de los marineros capturó un hermoso
ejemplar de unos 6 kg de peso, y al unísono,
Esteban se enfrascaba en una dura lucha, “esto
no es salmón, pero cómo pelea..”
argumentó. En minutos, sobre la superficie
del mar se revolvía con bríos
un ejemplar de cazón, que sin buscarlo
tomó con furia la carnada.
Una violenta
curvatura en una vara de 30/50 libras marcaba
el pique esperado. Uno de los marineros clavó
con firmeza mientras aseguraba que traía
el primero de los grandes. En un gesto que
valoré, me pasó la caña
para sentir la pelea del gran cabezón
que a la postre acusó 14 kg de balanza.

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Servicios
al pescador
RAPTOR
PESCA - Mar
del Plata
realiza
excursiones
de pesca embarcada
dedicándose
a la variada
de altura,
medialtura
y costera
y en las épocas
correspondientes:
al pez limón
y al tiburón.
El RAPTOR
es un crucero
Skipper Express
de 10,70 m.
de eslora,
con camarote,
baño,
cocina y todas
las comodidades
para que el
pescador se
sienta realmente
a gusto. Su
capacidad
es para 10
pescadores,
cuenta con
monitorización
VOLVO PENTA
y electrónicamente
posee 3 chart
plotter, 2
ecosondas
digitales,
2 radios VHF,
radio BLU,
radar de 24
millas, piloto
automático,
estación
meteorológica,
generador
diesel y teléfonos
celulares.
En lo que
respecta a
seguridad,
cuenta con
balsa salvavidas
para 10 personas,
chalecos y
todos los
elementos
exigidos por
la PNA.

El servicios
incluye todos
los elementos
de pesca necesarios:
cañas,
relees, líneas,
carnadas y
señuelos.
También
se sirve desayuno,
almuerzo y
bebidas durante
toda la excursión.
Raptor,
consultas
y reservas
0223 4895146
| 0233) 15
4002176 |
Id: 128*4994
www.raptorpesca.com.ar
- info@raptorpesca.com.ar |
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El viento del
norte se intensificó generando un aumento
notorio en la velocidad de la deriva, aumentó
la leva y la cara del capitán lo decía
todo, en estas condiciones sostener el plomo
en el fondo, evitar enganches y obtener piezas
es casi una utopía.
Sin decaer en
el entusiasmo liberé el carrete, con
la punta de los dedos lo frenaba para que
no se pase de vueltas. El plomo tocó
fondo, entregué nylon y siento un toque,
esperé, y otro toque, trabe el reel
y clavé, del otro lado recibí
como respuesta un tremendo cabezazo. La caña
dibujaba una parábola perfecta, yo
trataba de seguir los consejos del guía
para no perderlo, sabía que en esa
jornada no habría otra oportunidad
igual. Cuando el pez me lo permitía
ganaba algunos metros de nylon pero de nuevo
el pez, mortificado, buscaba una y otra vez
el fondo del mar. La lucha se prolongó
varios minutos, la ansiedad por ver al ejemplar
hacía que casi sin fuerzas pudiera
izarlo lentamente. Al final se dejó
ver , era un estupendo salmón que rondaba
los 15 kg...... Fue mi primer salmón
y compartí mi felicidad con mis amigos
Eduardo , Esteban y la tripulación.
El tesoro del fondo del mar lo tenía
en mis manos.
Por varios minutos
no volví a tomar la caña, aún
sentía la adrenalina de esa batalla.
Para mi la jornada
estaba hecha pero Esteban no escatimó
esfuerzos para que continuáramos pescando.
Relevó todas las piedras de la zona:
“Expedito”, “ Adamo”,
“Escalón” y “Muy
Mucho”, así bautizadas por los
“piratas”, logrando excelentes
resultados con salmonetes, castañetas
y meros de los cuales uno sobresalió
por su tamaño: sus 8 Kg de peso.
Avanzada la tarde
emprendimos el regreso al puerto. Había
cumplido un sueño y vaya mi reconocimiento
y gratitud para toda la tripulación:
Esteban Arcidiacono, Matías Melo, Mauricio
Schang y José Herrero.