Paso
de la Patria, Corrientes, promete el dorado
de tu vida

Después
de unas cuantas salidas frustradas al norte
de nuestro querido litoral argentino, cada
salida estaba llena de esperanzas de encontrar
a los grandes colosos del Paraná. Pero
nunca habíamos podido dar con ellos…hasta
hoy.
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Datos
Útiles
Equipos
remonedados:
Cañas:
Daiwa Procaster
7,6 flipping
(17 a 30 lb),
Omoto Green
River de 2.25
mts (15-25
lb), Shimano
Convergese
y Gibsons
modelo twister
1950/1. Relles:
Abu García
6500 c3 y
5500 c3 cargados
con nylon
Sufix o Climax
del 0.50 y
0.35. Anzuelos
Mustad 7/0
modelos 34043,
92611 o 3406y
de carnada
morenas
de 30 cm.
(llamadas
botellones)
Para las bogas
y pacúes
maíz
hervido y
remojado.
Estos artículos
los podés
conseguir
en:
www.dolphinpesca.com
www.pezcalandia.com.ar

Guía
de Pesca:
Andrés
Ifraín:
( 03783) 15218569
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Se organizó
un viaje de trabajo en aquellos lugares, entonces
me dije: “aprovecho la volada de
estar cerca y le hago un tiro a Paso de la
Patria”. Cuando ya tenía
definida la fecha del viaje, le dije a mi
amigo y compañero Gabriel Losada (Gabilán),
si quería ser de la partida. Me respondió:
“¿cuándo salimos?”.
Se sumaron además Oscar Paganini (Martínpez),
Oscar Lepi y Luciano (Valenypau). Este último
grupo se nos integraría un día
después. Con todo arreglado, guía,
hospedaje, etc., las ansias y los deseos de
una buena pesca se incrementaban junto con
los datos que veníamos recibiendo de
dicho lugar. Llegó
el día y, previo pasar a buscar a Gaby
por la terminal de óbnibus de Corrientes
y de transitar los 40 km. de distancia que
separan dicha terminal de Paso de la Patria,
arribamos a la ciudad de destino. Una vez
llegados, sacamos los permisos de pesca en
la casa afín El Dorado, donde el vendedor
nos comentó: “¿Van
a pescar al Paso? ¡Nunca falla!”.
En ese momento la adrenalina nos inundó.
Llegamos al Club
Náutico y Andrés Ifraín,
un guía de primera y excelente persona,
nos condujo a la Andrea: una cómoda
embarcación de 5 m. del tipo open.
Ya en el embarcadero observamos varios doradillos
que nadaban curiosamente alrededor del mismo;
el agua estaba tan transparente que llegamos
a ver hasta casi 1 metro de profundidad con
muy buena nitidez, increible.

Ya en la embarcación,
nos dirigimos hacia puerto Gonzáles,
distante unos 30 minutos de navegación,
rodeados de un pasaje único. Al llegar,
encarnamos los anzuelos con morenas de 30
cm. (llamadas botellones) y ¡líneas
al agua! El garete nos llevó unos 2000
metros por sobre las piedras, (las mismas
no se ven ya que están en zonas profundas,
de unos 15 m aproximadamente. El agua sobre
ellas forma una turbulencia y eso es lo que
delata las formaciones del lecho de río).
Levantar, remontar y nuevamente al garete…
Al quinto intento, la caña de Gabilán
acusa un pique, a lo que Andrés dice:
“¡Dorado!”; y luego
de unos hermosos saltos salió un hermoso
dorado de unos 5 Kg. Fotos… y al agua
el “muchacho”.
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Seguimos con
los garetes hasta que me tocó el turno
con otro dorado de similares características.
Los piques de estos peces hermosos se sucedieron
durante un rato largo. Inesperadamente, mi
caña acusa una fuerte corrida. Clavo
y el experimentado guía me dice: “¡Cachorro!”.
Luchamos durante unos 10 minutos hasta que
logré levantar un hermoso ejemplar
de surubí de 9 Kg. Ansiosos, realizamos
unas pasadas más sobre dichas piedras
hasta llegado el mediodía, momento
en que Andrés sugirió: “Hagámosle
un tirito al pacú”…

Aacia allí
nos dirigimos. Cambiamos equipos, pero el
pacú no se presentó a la cita;
sí unas bogas muy combativas, todas
chicuelas, alrededor del kilo a kilo y medio.
Después
de perder la cuenta de la cantidad de boguitas
que logramos levantar, fuimos a recorrer otras
piedras que, según el guía,
en ese horario serían prometedoras.
El pronóstico no falló: logramos
un par de dorados de 4 Kg. Siendo
las 19 hrs. decidimos hacer una pasada más
y pegar la vuelta; fue en esa última
pasada que Gaby prendió un hermoso
dorado de 9 Kg. Hubo gran algarabía
en la lancha. Más fotos y Gabi gritando:
“¡Es el dorado más grande
mi vida!”. El cierre de ese día
fue el anticipo de lo que vendría…
Al día
siguiente embarcamos a las 7.30 AM. Andrés
nos informa que vamos a pasarle a la piedra
donde estuvimos anoche. Mientras esperábamos
a los muchachos que se sumarían ese
día, levantamos otro hermoso cachorro
de 7 Kg. y un par de dorados de 3 y 5 Kg.
respectivamente.
Una vez que
todos estuvimos en el agua, al acercarnos
donde se encontraban Oscar, Lepi y Luciano,
nos llevamos una gran sorpresa: Lepi estaba
peleando con un lindo pacú. Tras intercambiar
saludos, programamos como realizar la salida.
Ellos seguirían probando al pacú,
mientras nosotros volveríamos a tirarle
a los dorados. Navegamos así rumbo
a piedras que no habíamos visitado
el día anterior. Después de
un par de garetes con algunos piques, Andrés
insistió: “junten que le hacemos
otra pasada”. En ese preciso momento
y mientras Gaby juntaba una veloz corrida
en la caña, exclama: “¡Clavá!”…
y en el instante en que la caña se
arquea, salta un maravilloso dorado. Tras
una pelea que duró algunos minutos,
alzamos otro hermoso dorado de 9 Kg. Ya nos
sentíamos realizados con la excelente
pesca que efectuáramos el día
anterior y, siendo las 10 de la mañana,
teníamos cobrados un surubí
y unos cuantos dorados de entre los cuales
estaba este último. ¿Qué
más podíamos pedir?
Entrado el mediodía,
con un sol calcinante, rumbeamos a una costa
cercana para preparar la comida: una fritanga
de bogas que estaba espectacular. Almorzamos
rodeados de amigos, compartiendo las anécdotas
de los piques y las capturas.
Después
del suculento intermedio, varios decidimos
darnos un chapuzón ya que los 30º
C se hacían sentir. Más tarde,
nos dispusimos a seguir con nuestra jornada
de pesca. Llegamos a una nueva piedra. Líneas
nuevamente al agua y enseguida un pique de
doradito. La tarde pintaba muy prometedora.
Bromeamos: “¡Vamos a buscar
el dorado de 2 cifras!”. Al segundo
garete, otro pique y una tremenda corrida.
Andrés acierta nuevamente: “¡Cachorro!”;
pero luego de una pelea de unos minutos, cortó
la línea, dejándonos con el
sabor amargo en la boca de no gaber podido
ver su cara.
Todavía
con la bronca que se veía reflejada
en nuestros rostros, el guía nos llevó
a garetear otra piedra. En ese momento mi
compañero recibe una importante corrida.
Al clavar, asoma a unos 20 mts un dorado que
me dejó paralizado. Lo miro a Gaby
y le digo: “¡Ahí tenés
el de dos cifras, la…!” Y
salió de mi boca una frase que no seria
conveniente mencionarla en esta nota. Los
muchachos de la otra lancha se acercaron enseguida
al ver tanto revuelo. Oscar filmó cada
minuto de la dura pelea con el enorme pez.
Al cabo de un rato (el cual se hizo eterno
ya que el pez no quería asomarse a
la superficie), por fin mostró la “cara”
y fue un grito unánime de ambas lanchas
el que se oyó:” ¡MIRA
ESE PESCADO! Cuando Andrés logró
izarlo a la lancha, me abracé con Gabilán
como si la Argentina hubiera hecho un gol
en una final del mundo. ¡Que griterío!
¡Nunca habíamos visto semejante
tamaño de dorado, a no ser por alguna
foto hojeando alguna revista…y de las
viejas!

Con bastante
dificultad le pudimos poner el boga grip en
la boca para pesarlo, pero sólo llegaba
hasta 14 Kg. y hacía tope. Oscar nos
pasó el suyo, que llegaba hasta los
17kg., y también llegaba hasta el tope.
Esta vez, miles de fotos. Y rápidamente
la correspondiente devolución de tan
hermoso pez. Nos abrazamos con Andrés,
mientras Gaby no dejaba de agradecer por haberle
regalado el sacar "el pescado de su vida"
Luego seguimos
pescando, con muchísima emoción
en el cuerpo, tanto él como yo, por
haber visto y disfrutado juntos, codo a codo,
la hermosura de sacar "ese" doradodazo.
Llegadas las 18 hrs. emprendimos el regreso
al embarcadero con una alegría que
no cabía en nuestros cuerpos. Estábamos
más allá del sentimiento de
la realización…
Bueno
amigos espero que les haya gustado y me despido
hasta la próxima con un abrazo.
Juan
Pablo Funk