Fly Cast en el Río Pico ubicado en
Esquel, provincia de Chubut.
A
mediados del año pasado tuve una conversación
con Lucas Piedrabuena acerca de un lugar que
reuniera todos los elementos para que lo tuviera
en consideración. A través de
los años de pescar truchas en el sur
fui fijando los conceptos fundamentales que
para mí hacen que la pesca de la trucha
con mosca sea la pesca “top” entre
todas las demás especies y modalidades.

Me
importa más el “cómo”,
que el “qué” y el “cuánto”.
En otras palabras: me interesé más
cómo pescar estos peces –con
qué equipo, con qué técnica
– que el tamaño en sí
de las truchas. Por supuesto que pescar truchas
grandes también me interesa –felicito
a Adrián y Sebas por los truchones
que sacaron cuando me fui- pero más
me interesa pescarlas en mi modalidad favorita:
equipos livianos, sutiles, hasta casi la exageración…
y con mosca seca. Justamente Lucas me comentó
de la zona de Río Pico: “…Hay
dos ríos: el Pico y el Pampa, en donde
podés pescar todo el tiempo con mosca
seca y equipos livianos. Inclusive en el Pampa
hay marrones de hasta dos kilogramos que también
las podes pescar con seca…” Si
había algún lugar que pudiera
suplantar a mi lugar de pesca favorito en
el sur – el Aluminé, al cual
concurrí durante doce temporadas consecutivas-
era éste. Bastó el comentario
a Adrián “Matungazo” Rosestein
para que instantáneamente se plegara
a la idea de cambiar de lugar. Además
estaba la posibilidad de pescar el Lago 3.
Yo les aclaré de entrada a Adrián
y Sebas que prefería pescar los ríos
y no el lago, aunque diera truchas más
grandes (¡y luego se vería cuánto
más grandes!) y arreglamos que los
primeros 6 días todos iríamos
a los ríos y luego ellos se quedarían
4 días más a pescar el famoso
Lago 3; yo, tenía que regresar a Bs.
As. Arreglamos todos los detalles, incluída
la 4x4 para llegar a la zona que es bastante
complicada para un vehículo convencional,
y nos largamos a la aventura de conocer un
nuevo lugar.
Llegamos en avión
a Esquel el día 3 de enero. El vuelo
bárbaro, estaba todo bien. Todo menos
mi equipaje… Los maleteros no tuvieron
mejor idea que protestar por mejoras laborales
dejando mi equipaje y el de otros pasajeros
en Bs. As. sin subirlos al avión. Los
que me vieron la cara cuando me di cuenta
que no tenía nada salvo lo puesto pueden
describir cómo estaba (un mes después
me llamaron amigos de Aluminé preguntando
qué me había pasado porque les
llegó el comentario de que parecía
una tromba en el aeropuerto; no sé
cómo se enteraron). Y allí,
en el medio de la desazón por lo ocurrido,
uno también se da cuenta de lo importante
que son los amigos. En forma inmediata Eduardo
"Carola" Bresba me contactó
con "mi Salvador". En Esquel había
un amigo en común que realmente me
solucionó todo. En primer lugar me
recibió en su casa y me contuvo como
si fuese un psicólogo entrenado. Luego
me entregó un equipo de mosca completo,
incluidos un par de zapatos de vadeo sin estrenar.
También me prestó ropa y me
llevó a comprar ropa interior y algunas
moscas. Realmente estoy eternamente agradecido
al señor Horacio Galván, quien
demostró ser un tipazo en todo sentido.
Y así, con equipo prestado, luego de
instalarnos en las cabañas del lago
3, comenzó una nueva aventura en el
sur.

El primer día
de pesca fuimos al Río Las Pampas.
Primeramente llegamos al campo de Don Pube
y señora: realmente unos personajes
muy simpáticos, agradables, buenos
anfitriones que incluyeron varios mates amargos
antes y después de la pesca. Además
cuando volvíamos de pescar, nos recibían
la mayoría de las veces con comida
casera sin obligación alguna y sin
nada a cambio, salvo una charla amena.

Al río
Las Pampas se puede llegar cruzando cualquiera
de las dos pasarelas del río Pico.
Ese primer día cruzamos la segunda
y lo encaramos por atrás, luego de
pasar por dos canales. Pero hete aquí
que los canales también tienen truchas,
¡y qué truchas! Yo crucé
ambos canales y seguí pescando el Pampa
hasta varios kilómetros río
arriba.
La técnica
adecuada es ir pescando los bordes de la barranca
con secas grandes para atraer y pescar a las
marrones. Con esta técnica saqué
muchas marrones y me llamó la atención
que es uno de los pocos ríos que conozco
donde es mayor la proporción de marrones
que de arco iris. Los lugares de pesca de
arco iris estaban “marcados” para
los que somos fanáticos de la pesca
con secas: ellas estaban en los edies, donde
el agua forma una especie de remanso y contracorriente
con espuma.

Allí las
arco iris estaban comiendo caddis y también
spent spiners (mayfly muertas con alas abiertas).
Hice una pesca bastante entretenida de ambas
variedades de truchas. Cuando volvía
me di cuenta que tanto Adrián como
Sebas no se habían atrevido a cruzar
el segundo canal y estuvieron muy limitados
en la pesca a una zona corta. Adrián
me contó que había tenido a
tiro dos muy buenas truchas y no las había
podido sacar. Sebas también había
prendido una buena marrón de unos 50
cm. Mientras me contaban esto, tiré
dos veces en el canal y saqué dos arco
iris hermosas que Adrián me pudo fotografiar
por estar a mi lado (yo no llevo cámara
de fotos). Para el primer día no había
estado nada mal; pero el Pampa me debía
la marrón de dos kilos con mosca seca
que me había dicho Lucas existían.
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Ese día
volvimos a la Cabaña y Quito nos recibió
con cordero al asador. Un lujo: una noche
serena, pescando en el sur con amigos,...
¡y el encargado de las cabañas
hasta nos recibía con un cordero! Estaba
empezando a calmarme del altercado del avión
y mis elementos.

El segundo día
fuimos a pescar al río Pico, previa
ceremonia de los amargos y la charla amena
con don Pube y señora. Allí
nos dimos cuenta del río maravilloso
que teníamos a nuestros pies. Contabilicé
aproximadamente unas 50 truchas pescadas todas
con mosca seca (Caddis, adams parachute y
hoppers). Una pesca excepcional y con el aditamento
de la fuerza de las truchas del Pico: bastante
más peleadoras que las del Pampa. Ese
día me fondeó una marrón.
Los cabezazos potentes y la clavada en la
correntada no me dejaron dudas que era una
marrón de las buenas. Lástima
que se me desprendió.
Ese día a la noche nuevamente Quito
nos recibió con la cena preparada.
Esta vez fue un guiso de pollo con papas y
fideos. Otro lujo. Después nos enteramos
que Quito tiene un restaurante en Río
Pico por lo que llegamos a la conclusión
que fuimos al sur bien equipados: hasta teníamos
chef personal profesional.
El tercer día
volvimos al Pampa. Allí estuve cerca
de la marrón buscada: al clavar una
arco iris de aproximadamente 35 cm. y atrás,
en la pelea, la siguió una sombra de
una marrón inmensa para cazarla. Por
lo menos las había visto. Adrián
y Sebas también sacaron sus truchas.
Sebas se quedó en una corredera donde
se cansó de sacar arco iris.
El cuarto día prácticamente
no pescamos. Tuvimos que ir a Río Pico
por la mañana. Por la tarde había
un vientito que debería haber tenido
algún apodo femenino, como los huracanes.
Así y todo Sebas y yo nos internamos
en el lago con los belly-boats. Fue un pasaje
al infierno. En media hora atravesamos todo
el lago de punta a punta. Parecíamos
estar en el medio del Río de la Plata
con un Pampero de frente y apurados por llegar
a la guardería. Por suerte salimos
sanos y salvos y, por supuesto, sin ninguna
trucha. La conclusión fue que había
que alquilar una embarcación segura
y de eso se ocuparon mis compañeros
luego de mi regreso a Bs. As.
El quinto día fuimos nuevamente al
Pico. Realizamos nuevamente una pesca excepcional
con mosca seca. La cantidad y calidad de las
truchas fue increíble, mayormente arco
iris. En la salida de una corredera que volcaba
a un pozón, clavo con una Caddis un
terrible “aparato” que nadó
en el medio del pozo durante varios segundos,
por lo que lo vi nítidamente. Se desprendió
y tuve que correr a los brazos del Matungazo
maldiciendo. Me consoló…con una
carcajada. Buah!!
El último
día retornamos al Pampa. Ese día
le dije a Sebas que era un día “marronero”
(ojo con el comentario): un viento de aquéllos,
nublado y bastante fresco. El Pampa me debía
su marrón. Y ese día me lo cumplió.
Con una tarántula en anzuelo 8, cuerpo
naranja, ala blanca de calftail y patas de
goma negras logré hacerla subir. Apenas
la clavé supe que era el pez de mi
viaje. Con mi Sage 3 me tuvo varios minutos
paseándome río abajo hasta que
finalmente logré vararla. Más
de dos kilos de marrón con un equipo
tan liviano se disfrutan de un modo especial.
Estaba hecho.
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Equipos
utilizados

Por
mi parte caña
Sage modelo
LL 389 (caña
de 8,9 pies
para línea
tres), Adrián
una rise para
línea
5 y Sebas
una Redington
redfly también
para línea
5. Moscas
secas más
rendidoras:
elk hair caddis,
tarántula,
adams parachute
y hoppers
en sus distintas
variedades. |
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Adrián
por otro lado se quedó a pescar el
Pico cerca de la casa porque le dolía
la cabeza y no quería caminar tanto
(del Pampa se vuelve exhausto). Se hacía
de noche y nos comenzamos a preocupar con
Sebas. Una lucecita en el medio del camino
y luego la nítida cara de felicidad
de Adrián hablaba a las claras de que
pasó un día de aquéllos.Entre
los relatos de su pesca y los de mi marrón
fui adquiriendo la certeza de que un nuevo
viaje al sur llegaba a su fin. Un viaje que
me dejó muchas enseñanzas y
la convicción de que uno nunca está
solo cuando está rodeado de buenos
amigos.
Quiero agradecer
a Adrián “Matungazo” y
a Sebas por saber contenerme con el despelote
de mi equipaje y prestarme sus moscas. A Luis
Syzman de Pesca El Paraná por moverse
para establecer contactos para solucionarme
el problema, al igual que al “Oso Carola”
Bresba que movilizó a todo el mundo.
Al Señor Horacio Galván quien
me abrió su casa para ponerla a mi
disposición con todo incluído.
Y especialmente a Lucas Piedrabuena que me
llamó por teléfono y me ofreció
TODO su equipo de pesca, lo que yo eligiera,
y eso no lo hace cualquiera.