Segundo pique
al segundo lance, también perdido.
Segunda lección: “…al
castear hacia atrás no dejes que baje
la línea. Si amplias el arco de lanzamiento,
abrí un poco el brazo hacia fuera sin
separar el codo de tu cuerpo. Dejá
que la mosca se “vuelque”, no
la apures…” Se podría
decir que no era yo el que realizó
el tercer lanzamiento. Por obra de un milagro,
la línea se desarrollo perfecta, en
línea recta hacia el lugar que apuntaba
la puntera y se plancho en la superficie imprimiendo
a la mosca el impulso necesario para darse
vuelta y posarse en el río. Apenas
derivó unos centímetros y luego
de dos tirones, sentí que me querían
arrancar el equipo de las manos. Seguí
las instrucciones y recibí el premio
a los deberes bien hechos: el maravilloso
salto de un juvenil de dorado. Fue como si
pasara todo en cámara lenta…Buscó
altura, giró, se contorsionó
y quebró la superficie con su cuerpo,
salpicando agua a todos lados. Otro salto,
¡y otro más!

El viaje ya estaba
amortizado. La sonrisa no me cabía
en la cara. Mi primer dorado con fly…la
realización de un sueño que
superó mis expectativas; y la mirada
aprobatoria de mi maestro, tan contento como
yo, atrás de sus grandes anteojos oscuros.
La felicitación de Luis que se acercó
a compartir mi triunfo me emocionó,
ya que lo considero todo un experto en el
flyfishing y gracias a su invitación
me encontraba allí, en el paraíso
de los mosqueros.
Ya más
distendido, comencé a disfrutar del
paisaje maravilloso que nos rodeaba, su exuberante
fauna, el aire limpio y perfumado…y
los numerosos piques y capturas que siguieron
al primero.

Fueron mejorando
los tamaños a medida que transcurría
la mañana. Luis daba cátedra
callado con su impecable casteo y su depurada
técnica. Yo a veces tenia que luchar
contra los molestos enganches de la línea
en los pastos, pero con cada lanzamiento,
sentía que mejoraba un poco más.
Los dorados estaban tomando bien a fondo,
dejando derivar la línea unos metros,
y preferían las moscas casi totalmente
negras. Si recogía en forma lenta,
las palometas arremetían contra los
artificiales y los destrozaban. Cara me salio
la inexperiencia…
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Luego del suculento
almuerzo, descansamos unos minutos y aprovechamos
la sobremesa para enterarnos de la suerte
corrida por el otro grupo. Fue casi idéntica
a la nuestra, con muchos ejemplares entre
los dos y tres kilos. Al Oso le sucedió
lo mismo que a mí: mientras casteaba
concentrado desde un banco de arena, un enorme
yacaré asomo sus ojos en la superficie
a escasos metro y medio de distancia. Estábamos
viviendo un cuento de Emilio Salgari en carne
propia. Por la tarde el pique mejoro aún
más. Conseguimos capturas en casi todos
los lugares donde paramos: bancos de arena,
barrancas, salidas de lagunas, etc. Luego
de “pinchar” dos o tres ejemplares,
debíamos movernos ya que el ruido espantaba
a los afortunados que no caían en nuestros
anzuelos.
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De regreso, ya
con el sol ocultándose en el horizonte,
las bandadas de flamencos rosados y cientos
de aves más, junto con las familias
de carpinchos y ñandúes, fueron
nuestra escolta al campamento. La mesa nos
esperaba servida con dos chivitos al asador
que duraron escasos segundos en las bandejas.
Una vez más el repaso de los acontecimientos,
los consejos y las risas, hasta que el cansancio
se adueñó de nuestros cuerpos
y nos fuimos a dormir en las confortables
carpas acondicionadas con cómodos colchones
inflables.

El segundo día
el viento arreció sobre nuestros desayunos:
40 a 50 Km. /h son capaces de sacarle las
ganas a cualquier mosquero que tiene que lanzar
todo el día un streamer voluminoso
con un equipo pesado. A pesar de esto, y acompañados
esta vez por Javier, Luis y yo nos obligamos
a salir con las moscas (en verdad no nos quedaba
otra ya que nos habíamos jugado a mosca
o nada…) Eduardo y Fabián decidieron
atacar a los dorados con equipos de baitcast.
En el primer lugar que paramos, a unos 20
minutos de navegación, en el desagüe
de una laguna, cobramos las primeras piezas
del segundo día. Y esta vez nos quedamos
allí, porque los piques se daban en
forma consecutiva, con dobletes y sin descanso.
Sólo nos corríamos unos metros
para acechar las correderas que se sucedían.
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En un momento
insólito, escucho que a mi lado Javier
me pide:”…Papi, no lances ahora
porque acabo de agarrar… ¡uno
grande!” Por otra de esas casualidades
que les mencioné anteriormente, Luis
le pidió al guía que probara
una caña Fenwick #8 que le había
regalado su mentor en la pesca antes de fallecer.
Al segundo cast, el pez tomó la mosca
y se disparó en una corrida que parecía
no tener fin. “¡Vayan a buscar
el bote, rápido, que me quedo sin backing!”
Gritaba desesperado. La puntera estaba paralela
al agua y la línea se perdía
muchos metros más adelante en el medio
de la corriente.

“¡Ya
esta, ya esta, por fin paro! ¡Me quedan
sólo dos vueltas de hilo!” “¡Es
un “rollizo” que tomó de
la boca… y es muy pesado!” (Luego
nos enteramos que el rollizo no es otro que
el surubí; y que cuando ocurre lo más
probable que es que lo enganchemos del lomo
o de la cola, se dirija a las orillas. En
cambio, cuando muerde la mosca, se asienta
en el medio del cauce del río)

La lucha fue
eterna. Metro a metro, Javier cobraba línea
y esperaba las corridas. Nosotros dejamos
de pescar para asistir a este evento único
que muy pocas veces, o nunca, tenemos la oportunidad
de presenciar. La experiencia aquí
es todo para salir airoso, y Javi consiguió
domar a este ejemplar de más de 15
kilos.
Más tarde,
cuando almorzábamos ya dispuestos a
marcharnos en unas horas, la sencillez del
héroe de la jornada se tradujo en una
frase que nunca me olvidaré. Ante la
pregunta de Bresba de si le gustaba más
pescar con carnada, spinning, baitcast o flyfishing,
Javier nos miró de soslayo y casi con
timidez nos respondió: “¡a
mi me gusta el pique!”; y sonrió
pícaramente.

Equipos
utilizados para fly:
Cañas: Orvis StreamLine #6, Sage FLi
#8 - Thomas and Thomas #6 reel orvis 5/6 shooting
7 de hundimiento 4 - Fenwick #8 reel daiwa,
shooting 8 de hundimiento 4 y linea de flote
para las tarariras y palometas.
Líneas Teeny de 200 y 300 grains, hundimiento
IV y shooting con amnesia.
Leaders trenzados Pina con fusible de nylon
y terminados en unos 20 cm. de cable de acero
de 8 a 10 lbs (como tippet), para cambiar
las moscas.
Moscas:
Streamers y deceivers mayoritariamente
negros tipo andino, con cabeza muddler recortada
y buena cantidad de material, lastrados con
ojos de cadena y detalles de colores en el
cuerpo en amarillo, rojo o plateado.
Datos
del Guia:
Enrique Javier: 03777/421258 - cel. 03777/15603731
- javierfly2004@yahoo.com.ar
Quiero
dedicar esta nota a las hijas de Fabián
Hamu, por tener un padre maravilloso.