Quince días
atrás nos habíamos propuesto
cerrar el año con nuestra clásica
pesca de Paties de diciembre pero en esa oportunidad,
los fuertes vientos reinantes nos confinaron
a las bocas de los arroyos y aledaños.
Con la frustración al hombro, las ganas
acumuladas y las excelentes pescas realizadas
por el guía Simón Hamparsomián
a fines de noviembre, no dudamos en rearmar
la salida ante la primera oportunidad, la
que se presentó el domingo 30 de diciembre.

Tras un tranquilo
amanecer y con una hora menos de sueño
(debido al cambio horario) llegamos a la guardería
donde Horus, también esperaba por conocer
a estos colosos de los que ya había
oído hablar pero que nunca la habían
abordado. Siendo poco menos de las 9 horas
zarpamos. Una muy leve brisa del Norte nos
invitaba a navegar por río abierto
hacia la zona de la depresión, a la
cual arribaríamos luego de unos minutos
de placentero viaje y tras los infaltables
mates de abordo.
Con 20 pies de
profundidad largamos el garete que, con la
dirección del caluroso viento NE nos
llevaría hacia el veril Oeste. Rápidamente
los 4 equipos fueron alistados, variando desde
plomos de 30, 20 y 10 gramos hasta la alternativa
de liberar la línea sin peso adicional;
también se colocaron anzuelos en tándem
y en mi caso, un único Eagle Claw 6/0
que siempre me ha dado muy buenos resultados.
También me dieron buenos resultados
los Owner SSW cutting point 6/0 o 7/0 y los
Mustad 34043 BLN 7/0.
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Para nuestra
sorpresa el calor se hizo sentir tan velozmente
como los piques en las cuatro cañas,
parecía que le habíamos puesto
las anguilas en la boca. Tras algunos intentos
malogrados, Javier y Fede pudieron arrimar
dos hermosos ejemplares que superaban, a ojo
de buen cubero, los 6 kg de peso pero ambos
ejemplares, al dejarse ver junto a la borda,
literalmente escupieron el cebo en la cara
de los apesadumbrados pescadores.
El Patí es un pez que no ataca vorazmente
a su presa, sino que primero la aprieta con
sus fauces y luego, cuando se siente seguro
es cuando la traga. Esta cualidad hace que
primero, perdamos muchos de los piques que
se presentan y luego, si tenemos la oportunidad
de arrimarlos hasta la embarcación,
existe una alta probabilidad de que no este
clavado del anzuelo sino que venga con la
carnada firmemente presionada con su boca
y la suelte al verse en peligro.
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A los pocos minutos
y mientras yo me encontraba plácidamente
instalado en proa, Simon comentaba por VHF
que mantenía un pique sostenido y en
ese momento sentí una firme llevada,
cuando tras fuertes cañazos y cediendo
también algo de nylon, logre reducir
los aproximadamente 70 metros que me separaban
de la presa. Cuando se dejo ver, apreciamos
que efectivamente estaba bien clavado y con
una certera maniobra de bogagrip pudimos subir
a bordo un hermoso y ágil ejemplar
que acusó casi 5 kg de peso. Rápidamente
tomamos algunas fotos y procedimos a devolverlo
a su medio con el menor daño posible.

Los piques continuaban
tan firmes como el aumento de la temperatura
y a los pocos segundos, Gonzalo clavó
otro hermoso ejemplar que acusó poco
más de 8 kg en el bogagrip. Evidentemente
habíamos dado con el lugar ya que Javier
acusó un fuerte tirón del otro
lado de la línea, el que contestó
con un cañazo aún más
fuerte. Minutos después y con la ayuda
del copo más el bogagrip, lograron
subir a bordo otro hermoso ejemplar que por
muy poco llegó a los 9 kg.
A medida decrecía
la intensidad de la muy leve brisa, Fede lograba
también efectivizar sus piques hasta
que el aire dejo de correr, el calor no daba
respiro y el pique se esfumó por completo.
En ese momento optamos por un refrescante
chapuzón y dirigirnos hacia algún
arroyo en busca de nuestro merecido almuerzo.
Según escuchábamos por radio,
la pesca variada estaba un tanto esquiva para
la mayoría por lo que luego de varias
horas y lugares recorridos, unánimemente
decidimos hacer otra pasada por la depresión
siendo ya las 18 hs.
Nuevamente una
muy leve brisa nos daba un respiro tras la
agobiante jornada mientras nuestros cebos
volvían a tocar el agua en el mismo
lugar en que lo habían hecho horas
antes. Esta vez, parecía que nuestra
suerte había cambiado, no había
señales de vida bajo el agua. Mientras
el sol comenzaba a despedirse Javier, Fede
y Gonzalo pescando en popa acusaban algún
pique imposible de concretar, al tiempo que
yo dormitando en proa, sentí una violenta
llevada y tras una firme clavada comencé
a recoger nylon. Nuevamente pescando, como
acostumbro, a más de 50 metros de la
embarcación vislumbraba una dura faena.
La caña se arqueaba a más no
poder mientras veía la línea
correr de lado a lado, pero con firmeza, le
iba ganando metros en la lucha hasta que por
fin, a unos 20 metros de la embarcación,
asomo la aleta dorsal cual tiburón
y de esta manera fue cediendo terreno hasta
llegar a unos pocos centímetros.

Al sentirse acorralado
y utilizando toda su potencia, nos deslumbró
con unas cuantas corridas antes de ser copeado
y prendido al bogagrip.
Para ese entonces
Javier había acusado otro pique y también
luchaba por mantener su pieza prendida mientras
intentábamos concretar la pesca del
anterior. Una vez izado a bordo, el tamaño
y sus más de 10 kg de peso hicieron
difíciles todas las maniobras para
devolverlo rápido a su medio pero logró
sobrevivir.
Así culminó
la jornada y el 2007 para nosotros, regresando
a puerto y con el sol poniéndose a
las 21 hs detrás de la Catedral de
San Isidro, una postal que enmarca un día
de grandes capturas.

Hasta
la próxima.
Gonzalo “Gonza” Chamorro