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Dorados navideños en Goya -- Fernando “Tibu” Nadeo


Fabián Hamú comentó en la cena de fin de año que se iba a pescar dorados con mosca a Goya; automáticamente Roberto Strobino, Analía Gallego y yo, que estábamos en la misma mesa nos enganchamos. El guía sería Javier Enrique y sólo quedaba confirmar si disponía de otra embarcación para poder pescar los cuatro con comodidad. Tras la respuesta afirmativa, sacamos los pasajes para el viernes 21 de diciembre a la noche ávidos de pescar sábado y domingo.

Llegamos a Goya a las 7 de la mañana y nos estaba esperando Javier para llevarnos a una quinta donde pasaríamos el fin de semana. Dejamos los bolsos en las habitaciones, nos cambiamos y desayunamos. Preparamos los equipos y a las 8 estábamos en la guardería, donde conocimos a Mario Savoy, quien sería nuestro segundo guía.
Como Fabián iba a practicar fly, me embarqué con él en el trucker 6.20 de Javier, una lancha que cuenta con 2 plataformas en proa y popa ideales para facilitar el casteo y manejo de la línea cuando esta en el piso. Roberto y Anita abordaron la lancha de Mario.

El destino elegido, era la cuenca del río Isoro, un delta con esteros muy bonitos que funciona a modo de reserva y se permite solamente la pesca deportiva con mosca o senuelo. Navegamos una hora y media hasta llegar al paraíso “dorado”

Paramos en una corredera de un brazo principal y Fabián, con una mosca grande color negro con reflejos rojos, tiene su primer doradillo; yo casi a la par, clavo un doblete con el mismo señuelo, que vino seguido por un dorado más grande hasta medio metro de la lancha. ¡Qué comienzo, dos tiros tres dorados!. Anita y Roberto a unos 50 metros río abajo, también tenían pique.

La pesca se realizó con la embarcación derivando lentamente y lanzando los artificiales hacia las correderas o hacia los bordes con vegetación. En el caso de la mosca, se la dejaba derivar un poquito pero el señuelo se recogía rápidamente dándole pequeños tironcitos al mismo tiempo. Cuando el pique era sostenido, los guías arrojaban un “grampín” y entregándole soga lentamente disminuían la velocidad de la deriva o la frenaban directamente para aprovechar al máximo cada zona de pesca.

El tamaño de los dorados rondaba entre el kilo y los cuatro kilos de peso, medida más que aceptable para técnicas como el baitcasting y el fly. Los piques se sucedieron sin parar hasta las 11:30 horario en el cual comenzó a mermar. Fue entonces que decidimos por unanimidad buscar un lugar para hacer el asado y descansar a la sombra. Los 35° C y un sol pleno, sumado al cansancio del viaje, se estaban haciendo sentir.

Mientras se cocinaba la carne, Anita, con un fanatismo tal que ni una hernia de disco la pudo parar, intentó capturar algún Pirá Pitá que se arrimaba a la costa a comer los pedacitos de pan que Javier les obsequiaba.

A las 3 de la tarde, después de un exquisito asado y merecido descanso, volvimos a la cancha. Igual que a la mañana, el pique sostenido y feroz de dorados era impresionante. Cuando alguna palometa brava tomaba un señuelo o desplumaba una mosca, era la señal para cambiar de sector, ya que si liberamos a un dorado lastimado o demasiado cansado, automáticamente sería atacado por las palometas.

De pronto al entrar en una curvita, tuve un pique que me dobló toda la caña y Javier gritó ¡surubí!, dio una hermosa pelea: se introdujo en la vegetación, se metió debajo de la lancha, pero luego de unos minutos pude izar un estupendo cachorro que venía prendido de una mojarra chica de la boca. Toda una sorpresa y emoción.

Mientras tanto Fabián seguía haciendo una excelente pesca con mosca y me atrevo a decir, que en ciertas condiciones y lugares, la mosca resultaba más atractiva que los señuelos o tal vez el porcentaje de clavadas por pique era mayor, creo que porque la mosca tiene un solo anzuelo fuerte y en el caso de los señuelos, los triples de fabrica, al no ser de muy buena calidad se abren con facilidad. Este es un punto clave para tener en cuenta cuando queremos pescar dorados con señuelos.

Acostumbrados a pescar taruchas, subestimamos el tamaño de los muñecos y triples, pero el ataque de los dorados es explosivo, violento, rompe las paletas, abre los llaveros, endereza los triples y parten los señuelos como si fueran de juguete.


Los señuelos que mejor funcionaron fueron las mojarras NG de paleta corta o quebrada, los rattlins grandes y los minnows en tamaños 14 o 17 de paleta corta, cambiándole siempre los triples originales por otros de mejor calidad o en su defecto se los puede reemplazar por anzuelos simples del tipo pacucero, verificando que el cambio no lo desestabilice ni modifique la natación correcta del artificial.

Como teníamos más de una hora de navegación, emprendimos el regreso con la idea de llegar a puerto todavía con luz, pero con el tiempo suficiente para hacer unos lances sobre el Paraná, en una costa de barranca y con varios árboles hundidos. En el intento clavamos un muy buen ejemplar de medida, que al saltar zafó del triple y según el guía rondaba los 6 kilos.

Luego de una ducha reparadora, Javier nos agasajó con milanesas de surubí con puré, mamón con queso y ..... todos a dormir.
A las 6:30 apareció Javier para desayunar con nosotros y mientras charlábamos sobre los resultados del día anterior y planificábamos la jornada, me recomendó que entre el leader y el multifilamento colocara un metro y medio de monofilamento a modo de fusible y que seguramente mejoraría la clavada.

A las 7 estábamos listos en el embarcadero, con la misma ansiedad del primer día. Esta vez cambiamos, Anita y Roberto salieron en la lancha de Mario, pero con Javier como guía y nosotros con Mario en la lancha grande. Navegamos juntos hasta el Isoro y nos separamos en una bifurcación, ellos por la izquierda y nosotros por la derecha hasta la desembocadura de un arroyón, donde realizamos los primeros lances del día capturando un par de doradillos cada uno. Al avanzar por el aguaje nos sorprendieron una serie de correderas poco profundas pero muy rápidas y un inolvidable festival de piques, donde por momentos los dos prendíamos dorados a la vez.

Trabajamos prolijamente los 500 metros del arroyo, subiendo y liberando un dorado tras otro y perdiendo otros tantos, pero menos que el día sábado. Sin duda el consejo de Javier estaba dando sus frutos.
Mario también demostró su sapiencia, sobre todo en fly, sin lugar a dudas estábamos pescando con los mejores guías de Goya.

Percibimos el sonido del motor de la otra lancha y les hicimos señas para que perturben el ámbito lo menos posible. Atracaron sobre la isla y se acercaron por tierra para ubicar los engaños en las mismas correderas, logrando piques casi de inmediato. Escuchábamos a Javier aconsejando a nuestros amigos: “tirá acá”, “recoge más rápido”, “cambiá el señuelo”, “no le aflojes”, etc. Realmente todo un profesional del que aprendimos muchísimo.

Agotados nuevamente por un sol implacable, fuimos en busca de otra “sombra”y poder cocinar unos pollos y un lindo dorado que pescó Anita.

Demás esta decir, que el reglamento permitía la extracción de un ejemplar por lancha, siempre y cuando sea consumido en el lugar; de todas maneras sólo sacrificamos uno que los guías convirtieron en una exquisitez servido con una salsa de lima con mayonesa.

Por la tarde, Mario volvió a su lancha con Roberto y Anita decidiendo pescar sobre ríos anchos.

Nosotros con Javier nos internamos en los esteros, surcados por correderas espectaculares. El guía nos dijo: “si acá tenemos menos de veinte piques en 20 minutos, no les cobro”; imagínense tuvimos que pagar…. De fondo, media agua y hasta con paseantes, ¡increíble!.

Como se acercaba un frente de tormenta del sur, apuramos el regreso, haciendo un tirito en cada corredera que el guía nos marcaba, siempre con éxito.

Otro tema que debe ser tenido en cuenta son los equipos, olvídense del ultra light pues se necesita potencia para clavar el anzuelo en la cabeza ósea y con muy pocas partes blandas del dorado y una vez clavado hay que “prepearlo” para que no se meta en la vegetación o enrede en alguna rama y se produzca el corte.

Utilizamos cañas Shimano Compre 10-20 lbs, Daiwa 10-17 lbs y Loomis 8-17 lbs con reeles Shimano Curado 101 y Daiwa cargados con multi Climax 0.25 y 0.30.

Llegamos a la quinta , armamos los bolsos , cenamos unas empanadas, brindamos con Javier por el éxito de la salida y acordando una nueva fecha para el mes de marzo.

La vuelta no fue de lo mejor, pues el micro se rompió 2 veces, pero nada podría empañar los momento vividos, los dorados pescados y el recuerdo de una jornada irrepetible.

Quiero agradecer a mis compañeros y a los dos guías, pero en especial a Emilia, mi esposa quien cumplió años el sábado y que como sabe lo que me gusta la pesca, me viene apoyando sin condiciones.

Saludos para todos
Fernando "Tibu" Nadeo

 
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