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Doraditos del Río Dulce -- Gerardo Gleria


Después de mucho hablarlo y de ir buscando una fecha, partimos hacia Loreto, provincia de Santiago del Estero, a 60 Km. (al sur) de la capital con la idea de intentar con sus doraditos.

El grupo estaba compuesto por Marcelo, Diego (ambos haciendo sus primeras armas en el spinning y su primera experiencia con el dorado) y quien les escribe.

Al pueblo llegamos cerca de las 11 horas y después de comprar provisiones nos dirigimos hacia el Río Dulce. Preguntando a varios lugareños dimos con un caminito de tierra de unos 5 km. de largo que lleva hasta su lecho. Al llegar nos encontramos con un río maravilloso: ancho, playo, con muchas correderas y accidentes como ramas semi-sumergidas, que son lugares ideales para los dorados; totalmente diferente a los ríos que conocía.

La cuenca del Río Dulce

La provincia de Santiago del Estero está cruzada por cinco ríos: Dulce, Salado, Horcones, Urueña y Albigasta, siendo los de mayor caudal y trasporte permanente de agua el Río Dulce y el Río Salado.

El Río Dulce, es el más importante por las implicancias económicas y humanas de su recorrido. Nace en el límite entre Salta y Tucumán, y recorre el territorio tucumano con el nombre de Río Salí. Penetra en la Provincia de Santiago del Estero, tomando el nombre de Río Dulce, en el Departamento Río Hondo, inundando el Dique Frontal de Río Hondo, atraviesa el departamento Río Hondo y se transforma en la línea divisoria de los departamentos Capital y Banda, en este recorrido, se encuentra el dique derivador de Los Quiroga, base del Sistema de Riego del Área del Río Dulce, que riega 110.000 Has. en los departamentos, Capital, Banda y Robles. En este trayecto, los excesos de sus aguas, son derivados hacia el Río Salado, por el canal a Jume Esquina. Al sur de la ciudad de Santiago del Estero, el río Dulce comienza a bifurcarse, formando brazos paralelos en las crecientes que corren por el terreno aluvial plano, cuyos brazos más importante se llaman: Río Viejo y Río Saladillo. A continuación recorre la Provincia con dirección SE, siguiendo la pendiente natural, sirviendo de línea divisoria entre los departamentos Capital, Silípica, Loreto, Atamisqui y Quebrachos, de la costa Oeste y los departamentos Robles, San Martín Avellaneda y Mitre de la costa Este. Al departamento Salavina lo atraviesa casi por el centro. Su caudal depende de las lluvias estacionales y de su utilización en la producción de energía eléctrica. En verano su caudal se incrementa, llegando a un caudal de 900 m3/s. En su trayecto, recorre 13 departamentos (Río Hondo, Banda, Capital, Robles, Silípica, San Martín, Sarmiento, Loreto, Atamisqui, Avellaneda, Salavina, Mitre, Quebrachos y Rivadavia) en 41.116 kilómetros cuadrados, terminando su recorrido en la provincia de Córdoba en las Lagunas de Las Tortugas y Mar Chiquita. (Fuente: www.santiagodelestero.gov.ar)

Personalmente he pescado mucho en el río Dulce, pero siempre en las zonas más cercanas a la provincia de Córdoba, como lo son: “el paso de la cina” y “el paso de los oscares”. En estos lugares el río es más angosto y encajonado, de agua bien turbia e imposible de vadearlo.

Mientras Marcelo se quedaba en la camioneta, con Diego recorrimos un caminito por el monte que bordea el río en busca de un buen lugar para acampar. Caminamos unos 20 minutos y encontramos un claro perfecto, con buena sombra, espacio para el vehículo y una bajada el río. Diego fue a buscar la camioneta y yo me quede observando el río. Se veía actividad por todos lados. Los doraditos saltaban todo el tiempo y mi desesperación era incontrolable. Cuando al fin llegaron, mi alegría era como la de un náufrago que ve un barco después de dos meses en una isla desierta.

Rápidamente armamos los equipos de spinning que normalmente utilizamos para las tarariras en Córdoba y bajamos al río. Me posicione sobre un tronco caído cerca de la costa. Elegí un spinner bait de Mepps color amarillo y blanco, y comencé lanzando hacia unas ramas sumergidas que formaban una linda corredera. La sorpresa la tuve cuando el señuelo que estaba a unos tres metros mío, justo en la punta del tronco en el cual estaba parado, y atacado. No lo pude clavar, asi que repetí el tiro y de nuevo pique, esta vez tomó con fuerza el engaño, pero escapa nuevamente; y así varias veces hasta que finalmente pude izarlo. ¡No lo podía creer! A pocos minutos de comenzar, ya tenía el primer doradillo en la cámara fotográfica. Diego por su lado saca uno y se le escapa otro. Un rato más tarde decidimos volver al campamento a comer y refugiarnos del sol.

Mientras Marce hacía el asado, con Diego bajamos hasta el río a probar unos señuelos (un paseante y una especie de crankbait) que entre los dos fabricamos. …Y los premios fueron para el crankbait. Apenas recorrió un par de metros en el agua pudimos comprobar que su natación era correcta y ferozmente fue atacado. Por desgracia el señuelo sufrió una avería en la paleta por lo que no pudimos volver a utilizarlo pero la meta ya estaba cumplida.

Yo seguía con ganas de sacar un doradito con señuelos de superficie. Coloqué uno de Bagley con hélice atrás, similar al torpedo de Heddon, y después de varios lances vino el tan esperado ataque. Un hermoso espectáculo, principalmente cuando en el medio de la pelea otro doradito tomó el artificial y al final de la línea ¡había un DOBLETE! No lo podía creer, era un sueño…

Promediando la tarde remontamos el río y pude capturar un par de doraditos más con el spinner bait, hasta que un enganche me quitó el engaño más rendidor. Coloqué entonces un Rapala Shad Rap, (con paleta quebrada), y me paré al inicio de la corredera; lo arrojé por encima de unos troncos con la idea de que el señuelo, al recuperarlo, pase por el medio de ellos. Apenas tocó el agua, fue “devorado” por uno de los grandes del Dulce: un ejemplar entre los 4 y 5 Kg. de peso, que con equipos de 10 lb. y en el centro de la corredera, te hacen temblar. El dorado me regaló un par de hermosos saltos para después meterse entre las ramas y llevarse mi ilusión.

Nos reunimos en el campamento para tomar algo fresco y alrededor de las 7 hs. bajamos de nuevo al río con la intención de cruzarlo y aprovechar la última hora de luz. Si, leyeron bien, escribí “cruzarlo”, porque al río se lo puede cruzar caminando con el agua hasta la cintura. Hay muchos bancos de arena que nos permiten estar parados en el medio del cauce entre correderas, lanzando hacia ambas márgenes.

Al tiempo que bajábamos al río, un grupo de santiagueños que acampaban cerca nuestro, salían del agua y uno de ellos le comentaba a su compañero: “chango vamos a otro lado, aquí no hay nada…” ¡En ese instante empezaron los 20 minutos de furia dorada! Justo cuando mojo el primer pie, veo saltar un doradito cerca. Lanzo para probar…y ataque. Lo mismo le ocurre a Diego, y Santiago obtiene el primero de su cosecha. Yo ya había lanzado cuando Marce logró su captura, así que deje el señuelo en el agua y me dedique a guardar en mi cámara este momento inolvidable. Entre foto y foto, para mi sorpresa, tengo un pique violento; al parecer la corriente hacia trabajar bien al señuelo y eso motivó el ataque. Era una verdadera fiesta y en esos aproximados 20 minutos capturamos unos 15 doraditos. Los santiagueños nos miraban desde la barranca sin poder creerlo y ni les cuento la cara que tenían…

Cuando se calmo todo y con el minigoble nuevo color verde totalmente mordido y despintado, cruzamos el río y tuvimos un par de piques más. Solo Diego logró sacar uno…pero el día ya estaba completo.

Por la noche, mientras la jarrita de Fernet circulaba libremente entre el grupo (algo que nunca falta en un campamento de cordobeses), revivimos las aventuras de una jornada llena de emociones.

El domingo, después de compartir unos ricos mates volvimos con los muñecos a la carga. Si bien la actividad fue menor que en la jornada anterior, seguimos capturando doradillos. Esta vez las palmas se las llevó un miniglobe con colores llamativos.

Más que satisfecho por la pesca obtenida, me dediqué a probar diferentes señuelos que tenía sin uso. Entre ellos el Thunder Core Pilcher de Storm, difícil de lanzar, pero de acción notable que me regaló algunas capturas más.

Luego del almuerzo decidí darle descanso al equipo de spinning e intentar con la caña de mosca (fly fishing). Armé mi caña # 6 que suelo llevar al sur, y tras varios casteos y un par de piques errados, pude clavar mi primer dorado en fly; un momento inolvidable que sirvió como colofón para un fin de semana espectacular.

Subí al campamento, tomé un jarro de jugo bien helado con los últimos hielos de la conservadora, me prendí un cigarrillo y me dedique a observar como pescaban Marce y Diego.

El río Dulce ha renacido y nos brinda otra oportunidad, sólo debemos cuidarlo. Años atrás en esta zona se capturaban dorados de entre 10 y 14 Kg.
Actualmente se reglamentó la pesca en la provincia de Santiago del Estero. El dorado no puede sacrificarse y hay cotas para especies como: tarariras, bogas y bagres. Pero faltan controles y, como es sabido, sin controles los reglamentos no se respetan. Pudimos observar desde el puente personas sacrificando lo que no debe y pasando redes.

Equipos utilizados

Spinning:
caña Surfish modelo Snake de 10 libras, con reeles: Okuma Stinson cargado con nylon Steel Line de 11 lb. y Okuma Motion con nylon Steel Line de 26 lb. Señuelos: preferentemente de tamaños chicos, los más rendidores fueron: minigoble (1), Subwart (2), Flat de Alfer’s (3), Shad rap de Rapala (4) y Spinner Batí (5)

Fly:
Apelé a mi clásica caña #6 con líneas de hundimiento y flote. En el caso de castear con línea de hundimiento no creo necesario que profundice muy rápido dado que no se pesca en zonas de mucha profundidad. Como tampoco la utilización de shooting ya que los lances son en general cortos. En mi caso utilicé un líder corto para poder castear la mosca sin problemas y evitar complicaciones con el viento que de a ratos molestaba. Las moscas: las clásicas para dorados en tamaños más pequeños, acordes al tamaño de los dorados del río en este momento. Las combinaciones negro con rojo o con verde, al igual que las amarillas y verde, tuvieron respuestas.

Al río se lo puede pescar tanto de costa como vadeándolo, sin la necesidad de un wader. Y en lo personal creo que no hay nada más lindo que “luchar” con un dorado en su propio ámbito.

Ahora si me despido con una postal del lugar… El hermoso Río Dulce…

Saludos y buena pesca.
Gerardo Gleria (Gera)

 
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