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Las primeras marrones en Esquel -- Néstor Brizuela


Pesca con Mosca de truchas marrones en el Largo Largo de Esquel

Inicio de una nueva temporada de pesca recreativa. Jueves a la noche bien tarde, del otro lado de la línea telefónica, mi amigo Carlos Daher me dice sin anestesia: “ te llamo porque el primer día soleado que venga quiero sacar unas marrones lindas, entre dos y cuatro kilos. Pero tiene que ser medio rapidito. Tengo dos o tres horas de tiempo nada más. No tengo mi bote en condiciones así que vamos en el tuyo; además necesito que me cantes la justa sobre la mosca que pesca…” Ante tamaña solicitud le respondo: “¿y no querés también una negra que te abanique?”

Entonces, con los parámetros referidos y sutilmente solicitados, ahí nomás organizamos la primera visita al Lago Largo (mal llamado Laguna Larga, pero así conocida por todo el mundo truchero de la región), siempre y cuando el mal tiempo que reinaba en la cordillera diera paso al día solicitado.

El Largo tiene acaso las mejores marrones de Esquel, no sólo por el hecho de ser bonitas, marrones bien marrones (aunque empezaron a salir esas truchas blancuzcas, paliduchas, producto de siembras no muy lejanas), sino también porque son truchas “pesadas”, cabreras, decididas, combativas y muy, muy astutas…sobre todo las que habitan en inmediaciones del “quemado” (maraña de troncos, algunos en pie, de antiguo bosque de ñires que nunca sufrió un incendio y sí una “comprensible” inundación) y que encuentran en estos palos y troncos hundidos un aliado incondicional a la hora de intentar liberarse de la posible captura. Pero también tienen las truchas otros aliados para este “metié” como lo es ese mar de plantas acuáticas sumergidas (producto de la eutrofización que se acrecienta en este lago) que además de proporcionarles abrigo, les proporciona abundante comida traducida en numerosos insectos, anfípodos y crustáceos que habitan en el lago Largo.

Este espejo lacustre de por sí, tiene muy pocos lugares para vadear y si a esto le sumamos que para el inicio de temporada tiene sus aguas altas, (aunque no tanto como en otras temporadas, dado la sequía que también afecta a la cordillera) igual obliga si o si a pescar desde un belly, una balsa o un bote. Y como mi amigo Carlos lo había solicitado tan sutilmente, en esta oportunidad llevamos mi bote de aluminio, versátil, práctico y liviano, cosa que siempre nos posibilita bajarlo del trailer, en cualquier tipo de orilla, haya o no sitio para ello.

Ese día de semana, el sol brillaba intensamente y hacía calor. Y ahí nomás nos tomamos el buque al Largo. Así que luego de la serpenteante trepada y trepando 800 metros desde el lago Futalaufquén, luego de recorrer los 57 km. que nos separan de Esquel, llegamos a eso de las cuatro de la tarde a la orilla del Largo. Tal como lo sospechábamos, pese a la sequía, había bastante agua. La huella que por unos metros bordea el lago, nos conduzco hasta un pequeño claro, metros más allá del muro de la represa construida justo donde desagota y se afina el lago, tanto, que se transforma en un corto río.

Allí pusimos la cola del trailer y rápidamente… bote al agua. Crecido, no tanto; pero cuando baja hay que tener mucho cuidado al navegar esta parte, porque hay muchos troncos hundidos. Algunos son visibles, otros es fácil “comérselos”. Luego de atravesar el juncal (que en esta época esta bajo agua) ya se puede navegar sin contratiempos pero siempre atento ya que en ciertas partes, el Largo tiene grandes rocas hundidas.

Ese día las condiciones para pescar eran muy buenas: agua bien fría es sinónimo de marrones activas, con un poco de viento y cielo algo nubladón pero caluroso y agradable, aunque después desaparecieron las nubes y el lago se planchó (yo lo prefiero totalmente nublado y con suave brisa…pero bueno, no se puede pedir todo en esta vida)

Como siempre, llevé mi cañita #5 de seis tramos, linea Quick Descendent de Cortland de 175 grains y até, de entrada, un streamer que la noche anterior “diseñamos” con mi pequeña hija y que en su honor, denominé Milady Valentina.

Que no es otra cosa que una Matuka con bead head de cobre, mucho lastre en el centro, chenille naranja flúor o común, y seis hackles (tres por lado) de un saddle rojizo, con los colores vivos hacia fuera. El ribbing dorado lo obtuvimos de una de esas esponjas de acero que “encontramos” en la cocina…

No bien pasamos los juncos, en el primer cast, que fue derechito a una parte baja al lado de un promontorio de piedra, se prendió un macho joven de marrón de un par de kilos. Sintiéndose tocado enfiló en dirección a los troncos hundidos, pero el excelente freno del Batenkill 5/6 funcionó a la perfección. Luego intentó enredarse en los juncos y antes que se diera cuenta, ya estaba arriba del bote. Foto, beso y al agua. “Esto comienza lindo, dice Carlos”. Yo le respondo agrandado. “…y… me diste sólo un par de horas, nada más…jeje”.

Lentamente vamos bordeando la margen derecha del lago, casteando hacia las partes bajas, lo cual nos obliga a recoger rápidamente para no dejar clavada la mosca y adornar algún tronco hundido. La idea es que las marrones están cazando alevinos y juveniles y que éstos se mueven al amparo de la “seguridad” que les brindan las orillas, con troncos, juncos o ese mar de plantas acuáticas. Rápidamente comprobamos que no estábamos errados en esta apreciación. Un par de buenas marrones muy combativas entran en la sesión fotográfica antes de ser liberadas. Carlos clava un machito joven y paliducho, probablemente de las últimas siembras…pero también saca una marrón muy peleadora y muy bonita, a la cual pareciera que la época del desove no le ha hecho mella. También entra en el recuerdo fotográfico y en la alegre y efusiva despedida.

Un suave viento comienza a soplar, el fresco comienza a hacerse sentir entonces decidimos buscar reparo en la pronunciada bahía del Oeste. No bien salimos de la influencia ventosa, entramos en aguas de calma chicha. Este lugar me trae mucha nostalgia y agradables recuerdos de aquellas grandes marrones de antaño. Y es que además, aquí, en abril de 1983 capturé la única Fontinalis de la que se tenga registro como habitante de este lago hasta ese entonces. Luego, en estas aguas, hubo una siembra de estas truchas, pero no prosperó, vaya uno a saber porqué, dado que los Salvelinus son las que sufren menos los rigores de la reproducción y la tasa de mortalidad es muy baja.

Otras buenas marrones del Lago posaron desnudas para el álbum de los recuerdos. Ese paisaje con esplendorosa sinfonía de colores brillantes que nos acompañaba, se fue opacando en sintonía con el escondite del sol, tras las imponentes montañas nevadas. Al desaparecer “el ponchito de los pobres” la invisible pero sentida sensación térmica nos dio también la sensación que ya era hora de retornar a casa. Atrás habían quedado poco más de cuatro horas de pesca y unas cuantas marrones para el baúl de los recuerdos con escamas. De regreso, navegando muy despacito y disfrutando de ese encantador momento que nos regalaba el paisaje ya sin sombras le pregunté a Carlos: ¿Satisfecho? Este, sin sacar la vista de unas cumbres nevadas me respondió: “Maso….nos faltó la negra que nos abanique…”.

Una "larga" historia, que lamentablemente se repite...

Lago Largo. Este espejo lacustre tiene una historia muy particular…y lamentable. Hace varias décadas, el Largo tenía playas fantásticas, de arena volcánica y grandes manchones de césped natural, salpicado con plantaciones de frutillas silvestres que hacían la delicia de un día de pic-nic, a la orilla de sus aguas. Todo esto, sin mencionar las marrones de hasta 10 kilos que, casi siempre, se pescaban a trolling en aquel entonces… (en el año 75 ví embalsamada una de 9 kilos que era un verdadero poema marrón). Hasta que un buen día, ese marco bellísimo quedo bajo agua eternamente. Es que en el desemboque del lago (antes de la caída abrupta hacia el lago Futalaufquén, en el Parque “Los Alerces”) se construyó un muro para subir el nivel de agua del lago y hacer una pequeña represa. Aguas abajo, se erigió la Usina que es desde donde se genera la energía eléctrica con la que se abastece el Parque Nacional mencionado. Es decir, en aras del progreso, se sepultó en un santiamén lo que la naturaleza tardo millones de años en moldear. Hoy puede verse como la eutroficación producida por esta represa, ha favorecido el crecimiento de plantas acuáticas que cada vez más, compiten por el oxigeno con el resto de los habitantes acuáticos del Largo. Luego, muy cerca de aquí, la gran represa de Futaleufú sepultó también miles de hectáreas de bosque nativo…y también sepultó el bellísimo río Uno donde vivían aquellos fantásticos y grandísimos salmones encerrados que nunca más aparecieron. Pero además, aguas abajo del gran muro, domó al río Futaleufú, disminuyó la calidad original de sus aguas y le confirió un cauce artificial que se regula de acuerdo a las necesidades de generación…..y tal parece, la próxima represa a construirse, que tiene nombre de mujer (La Elena) –y con la cual gran parte de la tropa política está más que embelesada- será en aguas del río Corcovado, donde no hay que tener muchas luces para deducir que, otra vez, se producirán trastornos ecológicos de grueso calibre. Pero esto no es todo. También se construirá otra represa en la zona de Lago Puelo…¡y dale que va, nomás! Después, esa misma tropa política a la que se le suman los pseudo-conservacionistas de siempre, se desgarran las vestiduras hablando de naturaleza, medio ambiente y protección a los recursos naturales…

¡¡Es tan gruesa la capa del barniz de la hipocresía!!.
Estamos a punto de iniciar la Tercera Guerra Mundial por el tema de la contaminación que producirán las papeleras en Uruguay (realmente resulta admirable el esfuerzo y el tesón que ponen, sin claudicar, nuestros connacionales de aquella región, para evitar esto. Siempre es mejor prevenir que curar) Sin embargo, en el contexto nacional que debería tener todo país que se precie de serio para estas cuestiones tan importantes como lo son la protección a los recursos naturales, vemos la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. ¿Porqué digo esto? Porque las represas han sido y serán las causantes del extermino de poblaciones enteras de truchas y salmones migratorios. No hace mucho un allegado a Hidroeléctrica Futaleufú me dió la razón, cuando confirmó que la gran masa boscosa en descomposición, sepultada ya hace años en el enorme lago artificial Amutui Quimei (belleza desaparecida), es la que sustrae oxigeno del agua profunda y libera esos gases nocivos que son la causante del elevado ph (acidez del agua) que se registra en aquellas aguas. Esta acidez desmesurada, sin duda, es el principal motivo que conspira despiadadamente para el normal desarrollo de la vida acuática del referido embalse y probablemente la causa de la desaparición total de los salmones encerrados que había allí. Y aguas abajo, también las represas son nefastas. No sólo por la destrucción del hábitat acuático, que se produce por las necesidades de generación de energía, sino tambien porque modifica en forma permanente el cauce del río. El dióxido de sulfuro y el óxido de nitrógeno emanado de la quema de combustible fósiles en las centrales eléctricas, desechos mineros arrojados al agua, desechos madereros que siguen el mismo curso, sólo por citar acaso los más nocivos, son los causantes de una aguda acidificación que hace estragos en el desarrollo de toda vida acuática… Entonces, bien vale aquí hacerse la pregunta del millón: si uno mata una trucha en estos lugares tan “celosamente protegidos” por reglamentos cada vez más restrictivos e incomprensibles (y por lo tanto más fáciles de transgredir) le caen encima las Siete Plagas de Egipto y si se pudiera le harían probar el filo de la guillotina, o la aspereza de una gruesa soga en el cuello….pero, ¿cual es el castigo que recibe quien construye estas barreras de cemento, que causa el exterminio de poblaciones ictícolas? Y sino que alguien me explique adonde fueron a parar los espectaculares salmones encerrados del río Uno, allá en el extremo del lago Situación, después que estos dos ambientes desaparecieron sepultados bajo 60 metros de agua. Ya algún día hablaremos en profundidad y con conocimiento de causa de cómo el árbol tapa al bosque. Es decir de cómo nos vamos en cosas chicas, discutiendo si el anzuelo debe ser simple o no, si este debe o no tener rebarba o absurdas reglamentaciones para proteger y conservar UNA trucha y no tenemos en cuenta estas causas de exterminio casi total de cientos de miles de ellas….Mientras tanto, como decía más arriba…¡¡¡ DALE QUE VA, NOMAS!!!!

Matukas: gracias Sr. Maori

La Matuka es acaso la mosca más utilizada en la Isla del Norte de Nueva Zelanda, de donde es originaria. Pero también es una excelente mosca para pescar en cualquier ambiente de pesca truchero en nuestro país. Según Jack Dennis, probablemente la primera Matuka fue atada por un Maori, un aborigen Zelandés descendiente de la Polinesia, que intentaba imitar un kokopu, una especie de pececito que habitaba en el lago Rotorua de aquel país. Pero lo cierto es que esta mosca, apareció por primera vez en las páginas de un catálogo de Hardy, la prestigiosa casa Inglesa, en el año 1925. Por su acción, atado, y fundamentalmente por lo que se intenta representar, esta dentro de la categoría de los streamers (o estrimer, como lo escriben los españoles) y Bucktails. Algunos pescadores la miman como mosca estrella, a tal punto que si tuvieran que elegir un único señuelo entre todos los streamers conocidos, sin duda eligirían una Matuka.

Reconociendo sus bondades en ciertos ambientes de pesca, no es una mosca que yo utilice frecuentemente, pero en el lago Largo es uno de aquellos ambientes donde realmente es muy efectiva. Sobre todo al inicio de la temporada, donde pululan los juveniles de corta edad o se registra la presencia de otras especies de peces, es la mosca por excelencia a utilizar. Su accionar, ya sea en aguas de río o lago, está estrechamente vinculado a dos cosas: cantidad de plumas y forma de trabajarla. El número de hackles (plumas de gallina o gallo) con la que uno la ate modifica su accionar (y su visión para las truchas). Tengo Matukas con siete hackles –tres por lado y una de collar- lastradas hasta la manija, para aguas rápidas. Otras con cinco hackles para aguas no tan rápidas y otras con tres hackles, traslúcidas, para aguas quietas. Los que saben recomiendan que el largo de la cola no sobrepase al largo de la pata del anzuelo, para darle buena apariencia a la mosca, para que la cola no se meta bajo la pata del anzuelo y para que el pez muerda donde debe pincharse y no la cola de la mosca. Casi nunca respeto esta premisa. Ex profeso le hago la cola un poco más larga con lo cual obtengo mayor acción, principalmente en aguas quietas. Ahora bien, siempre he sostenido que uno puede atar la mosca más bonita, la más brillante, la más perfecta, la mejor. Pero sino sabe darle vida, sino sabe “trabajarla” adecuadamente, las posibilidades de atrapar una trucha se reducen considerablemente pudiendo llegar a cero. La Matuka, en aguas quietas, no es una mosca soft, “suelta”, despeinada, de fácil acción. Entonces esa acción, esa vida, se logra con un recoger rápido e intermitente haciendo trabajar la punta de la caña permanenemente. Y más rápido aún si uno visualiza que la trucha viene persiguiendo la mosca. No se olviden que se trata de un pececito que huye despavorido de las fauces de un grandote que se lo quiere comer, por lo tanto no incurran en el error que comete la mayoría de los pescadores (novatos y no tanto) ante una situación como la descripta, que es frenar el recoger, hacerlo más lento, para que la marrón le dé alcance a la mosca….Lo más probable es que la trucha se dé cuenta de la triquiñuela, saque la cabeza del agua y le diga suavecito, con bronca y junando: “¡que naboleti!” y se vaya nadando despaciosamente….

Los peces que comen las truchas

Cuando atamos una Matuka o cualquier otro streamer, en la mayoría de los casos, tratamos de imitar un juvenil de pececito. Y aunque le ponemos plumas pelos y materiales reflectivos de mil tipos, que rara vez coinciden con la coloración real de los juveniles que habitan junto a las truchas, estos señuelos resultan ser muy eficaces a la hora de pescar. Ahora, si en nada o poco se asemejan a los naturales, ¿Porque habrá atacado la trucha a un anzuelo disfrazado con semejante carnaval? ¿Porque tenía apetito? ¿Porque la trucha se puso cabrera? ¿O por invasión de territorio? ¡Vaya uno a saber a ciencia cierta! Como dice mi amigo Richard, “cuando hable la primera trucha, seguro que nos enteramos…”

Todos los salmónidos son caníbales. Se comen entre sí y principalmente a aquellos congéneres (o no) que les cuesta menos energía alcanzar. Además de alevinos y juveniles de las distintas variedades de truchas y salmones, de percas y de pejerreyes (estos últimos son los que más les cuesta alcanzar, al ser mucho más veloces que las truchas) hay otras especies de peces que no por menos conocidas, dejan de ser importantes en la dieta de las truchas patagónicas y también a la hora de “vestir” los anzuelos. Estas son: el Bagre de los Torrentes, pececito que tiene manchas oscuras atigradas en el lomo y el vientre de color marrón pálido. Se lo reconoce por sus tres pares de bigotes y sus ojos pequeños (acaso una Woolly Bugger con tres pares de patas de goma?). Luego está el Bagre Aterciopelado, de muy bonitos colores, donde se destaca el morado grisáceo tirando a lila, con manchas redondas negras y panza gris claro. En el maxilar posee una barbilla corta comprimida al cuerpo. Luego tenemos el conocido Puyén. Cuando son juveniles son casi transparentes, pasando esa etapa son plateados con manchas negras y es fácil confundirlos con juveniles de trucha, aunque se lo puede diferenciar porque la aleta dorsal está llegando a la cola o aleta caudal. Luego tenemos el Puyén Grande. Tiene un color oscuro en el lomo, negro oliváceo y laterales cubiertos con manchas vermiculares (parecidos a las que tienen las fontinalis en el lomo) de color dorado mezclado con una tonalidad verde. Y finalmente tenemos a las Peladillas. De estas hay dos variedades. Una totalmente plateada y la otra plateada con barras oscuras transversales a lo largo de los flancos (también denominada Zebra) que los asemeja bastante a los juveniles de trucha. Bueno, ya tiene una idea por qué las truchas atacan a los streamers y tal vez –¿por qué no?- ¿Por qué prefieren la diferencia de coloridos? Si le quedan dudas, cuando hable con alguna trucha me lo cuenta….

 

Hasta la próxima vivencia
Néstor

 
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