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Desde los Esteros a La Paz en busca de dorados -- Ariel "Extreme" Ferreyra


Primera parte de los 800 kilómetros de pesca y aventura entre amigos pescanautas

Todo empezó cuando una noche en el club Liniers Norte, sede de los amigos de pescanautas.com.ar, surgió la idea de remontar el río Corrientes, en los esteros del Iberá, realizando una especie de “flotada”.
Hacía ya mucho tiempo que algunos del grupo estaban ilusionados con ésta idea y no costó conseguir rápidamente más adeptos para la expedición. Solo hizo falta coordinar varios detalles y definir una fecha cercana.

Seriamos de la partida: Hugo “Chiquito”, “Guille”, “Matungazo”, Sergio Gómez, Mario “MS”, Luciano, “Mono” Guido, Mario Rigoni y yo, Ariel “Extreme”, acompañados por Silvio que oficiaría de guía y su ayudante que nos ayudaría con el campamento.

El jueves 11 de octubre, partíamos rumbo a La Paz, Entre Ríos, junto con Mario Susnisky para encargarnos de las compras necesarias para lo que serian tres jornadas “a full” de pesca y campamentismo. Cuando el día viernes bien temprano, nos juntamos con Mario Rigoni y comenzamos los preparativos; nos abastecimos de los víveres necesarios “saqueando” cuanto supermercado había, para después acondicionar el trailer que transportaría hasta la ciudad de Mercedes todas las provisiones y los elementos de pesca… sin olvidar las 80 docenas de morenas dispuestas en varios tachos para nuestra aventura. Para estos momentos, ya nos habíamos comunicado con nuestros amigos que se encontraban por la ruta 14 escoltados por una intensa lluvia.

Después de un breve descanso y con la excitación y adrenalina propia que semejante salida produce, nos dirigimos al puente (WP: S 28º 58.2712 -- W 58º 33.0693) donde comenzaríamos a bajar las embarcaciones y acomodar todos los petates (que por cierto no eran pocos)


Navegamos hasta Casa de Piedra, lugar que elegimos como nuestra base sobre el río Corrientes. Luego de descargar todo, decidimos pescar en lugares cercanos ya que nuestra idea era volver cerca del mediodía para poder almorzar y no sufrir bajo el intenso sol que ya en esta época es bastante fuerte y para armar las carpas para la noche.

El comienzo fue bueno. En nuestra embarcación sacamos un par de doradillos, con Mario Rigoni a la cabeza en cantidad y con la modalidad fly o con mosca. Lo secundo Mario MS con un hermoso dorado (para lo chicos que eran en ese lugar)

Equipos Utilizados

Para la pesca con mosca utilizamos cañas Sage RPL #8 y Loomis GLX #6 ambas con líneas WF. Atamos moscas negras y rojas, negras y naranja, Andino y Enrico Puglisi. Todas atadas en anzuelos #6.

Para la pesca en espera o con carnada, utilizamos cañas Feenwich y Sabre de 15-20 libras. Equipadas con reeles Abu García 6300 C3 y Rocket 6500. Cargados con nylon Climax y Sufix del 0.35 y .40 mm respectivamente. Carnada excluyente morena.

Una vez organizado todo: armado de carpas, inflado de colchones, acondicionar el grupo electrógeno, etc., seguimos con rumbo río arriba a intentar con los grandes ejemplares.

Por nuestra parte no tuvimos más respuestas que algunos esporádicos ataques de doradillos chicos, pero no logramos capturas. Estábamos todos agrupados, ya que en ese lugar el río es un laberinto de curvas y contra curvas que, después de navegar 20 minutos, se puede pasar por al lado de la otra embarcación con una separación de tierra de no mas de 150 m, y no darse cuenta. Nuestros compañeros se encontraban sobre el mismo río (cabe aclarar que no existen arroyos que lo corten; solo bañados y desbordes: imposible perderse) intentando con las bogas, que si bien eran chicas, los entretuvo hasta que el sol se puso en el horizonte. Algunos tuvieron suerte y los dorados les dieron la bienvenida.

De regreso, y ya de noche, vimos al guía que nos hacia señas desde una zanja en un desborde. Había una yegua que se encontraba empantanada dentro y su potrillo a solo unos metros relinchando desaforadamente, como pidiendo ayuda. Sin dudarlo y con la asistencia de sogas y fuerza que, vaya a saber uno de donde la sacamos, logramos rescatarla. Estoy seguro que llevaba varios días allí atascada por lo flaca que se la veía.

Sólo los que estuvimos ahí podemos saber lo que sentimos en esos momentos. Se logra ver (perdón por la poca luz) en las fotos dos puntos brillantes, son los ojos del potrillo a solo 10 m de nosotros. No olvidemos que son salvajes, pero era como que se daba cuenta de nuestro esfuerzo; ¡increíble!

Mojados y exhaustos llegamos al campamento horas más tarde y nos encontramos con Guille y Sergio que se habían quedado por allí. Nos comentaron que en esa misma costa durante la tarde tuvieron varios ataques de dorados pero que no lograron captura alguna. Pero… “eso sí, dos bogas de aproximadamente 4 Kg. cada una…” ¿Se imaginan nuestra sorpresa cuando comprobamos que en realidad eran dos hermosos sábalos? Estas anécdotas y otras nos acompañarán de por vida.

Nos dispusimos a disfrutar de una buena picada mientras un cordero se asaba en las llamas muy lentamente. Cenamos contándonos las vivencias de ese día y planificando el remonte hacia los esteros la jornada siguiente. Al amanecer y después de un reconfortable desayuno, nos dirigimos mucho más al norte para intentar nuevamente con los grandes dorados y surubíes. Durante todo el trayecto de casi 2 hs, la naturaleza nos regalo la presencia de su fauna casi al alcance de nuestras manos.

Al llegar a los esteros, el agua y su entorno eran algo maravilloso de disfrutar. Vimos varias lanchas de los complejos que abundan por allí, todos practicando flycasting, pero sin capturas a la vista. En el agua increíblemente cristalina se podía ver el fondo; y también sus habitantes, como por ejemplo alguna tortuga que nadaba por allí.

Volviendo a la pesca, intentamos con los dorados de todas las formas posibles pero no obtuvimos respuestas. Alrededor de las 14 horas nos reunimos nuevamente con nuestros amigos y al preguntarles sobre la pesca, nos contaron que solo habían capturado algunos dorados chicos, pero no en una cantidad considerable. Por lo que se me ocurrió una idea a la que prontamente la mayoría adhirió: levantar el campamento y acercarnos a La Paz para pescar el último día en ese lugar, dado que teníamos datos precisos y contábamos con la experiencia de Rigoni allí. El clima amenazaba feo para la noche así que juntamos todo lo más rápido que pudimos y bajo un cielo amenazante, emprendimos el regreso.

Salvo Mario y yo que nos dirigimos en forma directa a La Paz esa misma noche para dejar todo listo y no perder tiempo al día siguiente, el resto tuvo que hacer parada en unas cabañas en Esquina, ya que no había plazas disponibles en la ciudad paceña.
Sentíamos en nuestros hombros la responsabilidad asumida de “hacer pescar” a nuestros amigos de la forma que fuera… pero esa ya es parte de nuestra próxima historia.

Continuará...
Ariel "Extreme" Ferreyra

 
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