Pescamos bogas, palometas, dorados y un
cachorro de surubí en Esquina,
Corrientes.
-“Claudio,
yo voy a estar una semana en Esquina,
¿por qué no te venís?“
Esta invitación de Gustavo mientras
almorzábamos juntos quedó
dando vueltas en mi cabeza por el resto
del día. Conozco bastante Goya;
estuve el año pasado en La Paz,
así que Esquina era una asignatura
pendiente. ¿Cómo negarme?
…Y encima está allí
el Mono Guido a quien aprecio mucho…
Así que ¡vamos a Esquina!
¿Y por qué viajar solo?
-"¡Cristian! ¿Querés
venir a Esquina?"
El team estaba armado en 48 hs…
Arribamos
a la ciudad a la noche tarde, pero tranquilos
porque nuestro hombre en Esquina se encargaría
de las reservas, el guía y otras
cuestiones, como para que al día
siguiente estuviéramos listos para
la jornada de pesca.
“Que lindo es llegar a estas ciudades
de nuestro país, tan distintas
a nuestra bulliciosa y trajinante ciudad
de Buenos Aires; y sentirse enseguida
contagiado por ese ritmo tranquilo, por
ese aroma a río, por esa calma…”
Luego de
un desayuno bien casero, Gustavo nos presentó
a quien seria nuestro guía: Luis
Orue. Unos minutos después, la
lancha navegaba rápidamente por
el canal que une al río Corrientes
con el Paraná. En éste último
y aguas arriba del puerto, comenzaríamos
la pesca matinal.
Primer
día
Los primeros
intentos los realizamos anclados sobre
los bancos del Paraná, encarnando
nuestras líneas con morena y utilizando
anzuelos Mustad 7/0 y 8/0 previamente
afilados.
Mientras
esperábamos la aparición
de los dorados, tuvimos piques de bogas.
Nos dimos cuenta de ello primero por de
la forma que tienen de tocar la carnada
(pequeños tironcitos) y además
porque a la morena, cuando esta encarnada
entera y viva, le comen solamente el vientre.
Debido a esto, armamos una de las cañas
con la línea apropiada para esta
especie y de esta forma rápidamente
obtuvimos 3 o 4 ejemplares de tamaño
mediano encarnando con pequeños
daditos de morena pelada y sábalo.
Mientras
tanto la caña de Cristian tiene
una llevada. Clava, y allí a unos
50 m se lo ve saltar fuera del agua con
sus contorsiones y movimientos atléticos.
¿Quién puede ser? Si…
el rey del río: el dorado. Primera
pieza cobrada.
Otra corrida en mi caña y otra
vez un joven ejemplar que se cuelga de
la línea. En esta seguidilla de
piques, el Mono también obtiene
su primera pieza del día.

Fue de esta
forma obtuvimos 4 piezas hasta que se
produjeron algunos piques de palometas,
por lo cual decidimos movernos y buscar
un lugar para almorzar.
Antes de ello hicimos unas pasadas sobre
un río secundario pescando al golpe
con señuelos pero sin resultados.

Almorzamos
en tierra firme bajo las sombras de los
árboles. Nos dimos algunos chapuzones
refrescantes y de nuevo salimos a pescar.
Por el resto de la tarde estuvimos gareteando
o a “pindá” por el
río Paraná; y ya cerrando
la jornada Cristian obtuvo un hermoso
cachorro de surubí atigrado que
por supuesto fue devuelto al agua.
Segundo
día
Al día
siguiente embarcamos nuevamente y partimos
apresurados hacia los bancos del día
anterior para ver si el pique seguía
en esa zona. Como no obtuvimos resultados,
el capitán -y guía- decidió
incursionar por el río Corrientes
aguas abajo de la ciudad, para luego virar
90 grados a estribor e ingresar en la
zona de riachos y lagunas que se forman
entre el Corrientes y el Paraná.
“¡Soberbio
lugar para mi vista sorprendida y mi alma
sensible!”
El espectáculo que nos ofrecía
la geografía nos conmovió:
a derecha, lagunas de aguas claras; a
izquierda, islotes de verdes claros y
arenas áureas; al frente, playas
que invitan a dejar la huella marcada.
En fin, una belleza navegar y pescar por
esos lugares.
Justamente
al pasar por una hermosa playa decidimos
hacer un intervalo en la pesca para bañarnos
un rato y descansar.
En un momento observé la actividad
de un doradillo cerca de la costa, por
lo que decidí tentarlo a tomar
un señuelo. Luego de algunos lances,
se decidió a atacar. Al no clavarlo
firmemente, se dio a la fuga dejándose
ver como un ejemplar muy pequeño.
Mas allá
de esta anécdota, el pique no se
dio en estos lugares, por lo cual luego
de “hacer playa” y refrescarnos
un poco, decidimos movernos hacia el Paraná
nuevamente.

Allí
cobramos un par de doradillos más
y, ya entrada la tarde y con la decisión
de pescar hasta la noche, buscamos exclusivamente
lugares cerca de la costa escarpada para
conseguir algún cachorro de surubí
que cerrara la jornada. No se dio, así
que regresamos a puerto.
Al día siguiente, nos levantamos
y, luego de desayunar, tomamos la ruta
12 para volver a casa habiéndonos
despedido de Gustavo, quien se quedaría
allí un par de días más.
Conclusiones
La sensación
que me quedó es de “gusto
a poco”.
Y si bien como leí por ahí
en el foro alguien dijo que es posible
pescar lo mismo en el delta, “un
clásico es un clásico, la
ruta es la ruta”, y esos días
con amigos y en ese entorno son irrepetibles
e inolvidables.
Ya todos,
algunos más y otros menos, conocemos
la realidad de nuestro Paraná de
norte a sur. Y a esto de no dar con ejemplares
grandes como los de otros tiempos, nos
tendremos que ir acostumbrando, de a poco
y con pena. En mi caso en particular,
es con mucha pena…Por lo tanto,
si bien los portes son pequeños,
está la posibilidad de hacer una
pesca variada en cuanto a especies: dorados,
cachorros, palometas y bogas como ocurrió
en nuestro caso.
¡Qué
épocas aquellas en las que para
pescar en estos lares los equipos era
pesados, tanto la caña como el
reel! En Goya acostumbraba utilizar mi
vara Eagle Claw con un Penn 210…
La experiencia nos dice que hay que llevar
equipos más livianos:
Para la segunda jornada, busqué
bogas con una Fenwick de bait-cast de
8 a 17 lb., empuñadura a gatillo
de 5 pies y acción media, con un
reel GTO 10.000 Contender de Marine Sports.
Para el dorado y surubí, armamos
reeles Abu García 5000 y 4600 con
varas Fenwick de un tramo en grafito de
2,3 m, personalizadas por Jorge Araneo,
con mucha acción de punta y de
8 a 20 lb. Otra opción fue la caña
de spinning Mitchell, con reel frontal
mediano de la misma marca, pero impensable
de utilizar en estos ríos y para
estas pescas. Con este ultimo equipo logramos
“subir” el cachorro de 4 Kg.
de peso.
Con
este breve relato me despido de ustedes,
amigos pescadores; y será ¡hasta
la próxima pesca!
Claudio "Faba" Baldrich.