De pronto el
motor de la Zona Delta bajó sus vueltas
y sigilosamente ingresamos en un arroyo con
árboles en “galería”
de no más de 8 metros de ancho y una
profundidad promedio de 2.5 metros.
Un lugar fascinante donde los sonidos de las
aves, insectos y las ramas de frondosos sauces
agitadas por el viento eran sólo interrumpidos
por la caída de los plomos al agua.
Con la embarcación
cruzada en el arroyo, ansiosos, esperamos
las primeras respuestas.
Unos sutiles toques nos hicieron saber de
la presencia de la dama del meandroso aguaje.
Remisas al principio, pero luego tomando francamente
las carnadas, logramos capturar las primeras
bogas chicas. Simón las atrajo arrojando
puñados de maíz a discreción.
La actividad era constante pero los tamaños
no nos conformaban. Fue así que nos
desplazamos con cuidado unos cien metros y
aparecieron las grandes.
Tratamos de colocar
nuestros aparejos en los veriles, cerca de
los juncos y raíces, bañados
por el sol. La mayor temperatura en esos sectores
agrupaba los peces y las líneas eran
atacadas despiadadamente.
Cuando los aparejos
caían en el centro del cauce, los bagres
amarillos y bagres sapo, se encargaban de
regalarnos más emociones
Es importante
destacar que los ejemplares de mayor tamaño,
superiores al kilo y medio de peso, al sentirse
clavados, embisten los juncales a una velocidad
inusitada siendo difíciles de controlar.
Es por esto que recomendamos reforzar las
líneas y no utilizar nylon muy fino.
A pesar de tener este detalle muy en cuenta,
varias bogas lindas supieron ganar así
su libertad.
Buscando
una respuesta...
Las sombras cubrieron
el arroyo. Las bogas no dejaban de picar.
Pero las agujas del reloj nos marcaban el
fin de una jornada muy entretenida. Cientos
de piques, sesenta capturas de bogas, mucha
variada de piel... ¿qué más
podíamos pedirle al arroyo?
De regreso, detuvimos
la marcha en la boca del arroyo Surubí;
preparamos el mate y comentamos la pesca compartida.
Algo extraño había pasado: Eduardo
y Simón capturaron varias bogas superiores
al kilo y medio peso, yo en cambio pesqué
una cantidad importante de bogas chicas...
¿por qué?
Usamos anzuelos
similares, carnada idéntica, voluminosa...no
encontraba la explicación.
Pensándolo
un poco, yo pesqué con aparejo de dos
anzuelos con plomo pasante en el centro…
y ellos no. Y la mayoría de las capturas
las obtuve con el anzuelo superior... ¿Habrá
sido esta la diferencia? Le dejo la inquietud.

Quiero agradecerle
al guía y amigo Simón Hamparsomián
por brindarse siempre y colaborar con todo
lo que hacemos en Pescanautas y a Eduardo
Moncalvo “pelo de carpincho” por
compartir estas salida entre semana que hacía
tiempo nos debíamos
Hasta
la próxima
Ferchu