V
Concurso Argentino del Dorado con mosca y
devolución
obligatoria
La
Paz
Unas semanas
antes de la Expo, nos enteramos por Ariel
Ferreira (Extreme) de la realización
de esta nueva edición del concurso.
Aproveché entonces nuestro stand en
la expo de Armas 2007 para charlar en persona
con Mario Rigoni y Carina Spahn, Directora
de Turismo de La Paz. No hizo falta convencerlos,
ya que el interés por la presencia
de Pescanautas allí era mutuo. Fue
así que durante los días que
siguieron terminamos de afinar los detalles.
El jueves 20
a las 20.30 hs, me hacia presente en Retiro
para abordar el Expreso de la Empresa Silvia
con destino Goya que me dejaría en
el Arco de entrada a la ciudad de La Paz,
Entre Ríos.
Me tuvieron que despertar a las 4.30 hs, ya
que “soñé” el viaje
en las confortables butacas – cama.
El fresco de la madrugada me golpeó
en la cara y me ayudó a coordinar la
llamada al remise que me dejó en la
puerta de la Posta Surubí, frente al
puerto y a escasos metros de la Dirección
de Turismo, ojo del huracán estratégico
de la prueba.
Avisados de
mi llegada, me recibieron con un café
(no tomo mate lamentablemente) y una charla
amena que me puso al tanto del clima y otros
detalles de los días precedentes.
Mi pobre amigo Gabriel Verde (Lito), hizo
un esfuerzo sobrehumano para abrir un ojo
y señalarme mi cama, dándome
la bienvenida. El había viajado unos
días antes con Ariel para relevar la
zona y descubrir por donde “andaban”
los dorados.
Un par de horas después, terminábamos
raudamente nuestros excelentes desayunos para
encontrarnos con Mario Rigoni y “Pelusa”,
quien nos guiaría todo el día
hasta el comienzo de las conferencias programadas
en el calendario.
Los días
previos a mi llegada, el clima estuvo ideal.
Días soleados, poco viento y temperatura
del agua en aumento. Esto permitió
que todos los que salieron a probar el terreno
y decidir dónde pescar el día
del concurso, tuvieran muchas respuestas en
cantidad y calidad.
Yo sólo
pude anticiparme un día al concurso,
si bien mi intención no era competir
el sábado. Aproveché esta oportunidad
para tener mi primera experiencia de pesca
con mosca de dorados.
Cinco días
antes, consulté a varios de mis amigos
mosqueros pidiendo orientación con
respecto a equipos y moscas. Tuve así
la suerte de contar con un reel cargado con
shooting de Eduardo Bresba y una docena de
moscas atadas magistralmente por Mario Capovia.
El día que fui a buscarlas a su taller,
quedé enloquecido con todo lo que rodeaba
su lugar de trabajo: el rincón soñado
por cualquier pescador.
Durante más
de dos horas disfruté de la charla
y los consejos de Mario.
Pero nada ni
nadie puede describirnos exactamente lo que
se siente al revolear un “gato”
con viento, tratando de mantener equilibrio
en la proa de una embarcación pequeña
en un río correntoso. Ni los videos,
ni los libros o las notas especializadas son
fieles a la dificultad que tiene para un novato
como yo. Por suerte conté con la ayuda
de Ariel Ferreira y toda su experiencia para
corregirme y aconsejarme en mi debut.
La
pesca del día viernes
El viernes amaneció
con viento del sur, frío y con neblina.
A bordo del trucker que nos facilitó
Mario Rigoni y capitaneado por “Pelusa”,
nos dirigimos con rumbo norte a probar distintos
sitios. Mientras navegábamos, aprontamos
equipos y nos reparamos en la proa de la confortable
embarcación. Los paisajes se sucedían;
y uno tras otro descubrí la belleza
de esta generosa geografía.

Tanto Lito como
Ariel decidieron intentar primero con carnada:
la idea era localizar los dorados en forma
rápida y así marcar en el GPS
su ubicación. Fuimos así recorriendo
cada rincón de este delta intrincado
y maravilloso: arroyos, lagunas, correderas,
piedras, raigones, etc.

Al igual que
nosotros, Juan Pablo Gozio y su compañero
hacían lo mismo pero con cañas
de mosca. Yo también intente con esta
técnica, pero me llevó unos
cuantos lanzamientos tomarle la mano. Encontré
que me sentía mucho más cómodo
con la caña Nº 6 que usé
para aprender, una Orvis Streamline Mid-flex
cargada con shooting Nº 7-8 y running,
que con la última compra que había
realizado para este fin: una Sage LTi Nº
8 Saltwater con línea floating WF y
líder de hundimiento. Mas dura y con
menos horas de “lago”, me cansó
rápidamente ya que no lograba “volcar”
(dar vuelta en el aire) la mosca. Concluí
así, infructuosamente, mi primera salida
al dorado con fly con un solo pique.

A partir de ese
momento creció mi respeto y admiración
hacia aquellos que tienen varias capturas
en su historial
Juan Pablo, en
cambio, pudo hallar el lugar indicado y se
despachó con numerosas piezas, lo que
le significó el triunfo al día
siguiente… Por supuesto con el dato
celosamente guardado hasta el final del concurso
y provisto de gran cantidad de moscas y equipos
Loop: cinco cañas tradicionales y una
de spey (para dos manos)

Las
conferencias
Por la tarde,
y todavía maravillado del lugar donde
estaba, me dirigí a la D de T. Luego
de acreditarme, me anoticié que el
número de inscriptos era mayor al previsto.
Las 31 lanchas anotadas obligaban a los organizadores
a disponer de igual número de fiscales.
Mi oferta fue muy bien recibida y pasé
de periodista a fiscal en pocos minutos.

Acostumbrado
a organizar encuentros con gran cantidad de
asistentes, me metí en la piel de los
organizadores y me asombré de lo bien
sincronizados que estaban. Una hermosa señorita
local, mezcla de diosa y pantera, me entregó
la bolsa en cuyo interior, además de
información turística variada
del lugar, estaba la agenda de los días
venideros. Me llamaron un remise y a los pocos
minutos estaba saludando a algunos de los
viejos amigos que me regaló la pesca
(con mosca en esta oportunidad).
En el Poli funcional
se respiraba ansiedad, interés y entusiasmo.
Las conferencias se fueron sucediendo y acapararon
nuestra atención; algunas más
que otras. Acompañados por videos,
muchos panelistas se refirieron a la problemática
de la pesca deportiva en el Litoral, la necesidad
de apoyo por parte de las autoridades y al
desastre que, de no encontrar solución
inmediata, nos conduce inexorablemente a ríos
vacíos de peces. Se mostró un
panorama que los pescadores conocemos bien,
por eso me llamo la atención no ver
guías, cabañeros, empresarios
o políticos en general de toda la zona,
ya que son ellos los que deben abrir los ojos.
A nadie escapa la importancia que tiene todo
esto para el turismo y la inagotable fuente
de recursos que el mismo significa si se maneja
con propiedad.
Por eso es que
disfrute enormemente de la charla de Carlos
Villaggi. Preparada muy profesionalmente con
esquemas en computadora proyectados en la
pantalla gigante, fue directo, conciso. Planteó
problemas y ofreció soluciones alternativas.
Sin eufemismos, tuvo la valentía de
llamar las cosas por su nombre en un lenguaje
claro y accesible para cualquiera. Posteriormente,
y como broche a las charlas, la presentación
ofrecida por la gente de Orvis Argentina,
sirvió para aflojarnos un poco y meternos
de lleno en el tema pesca con mosca o flyfishing.

Fue de la mano
de Leandro “Lalo” Dela Crozze,
quien se las tuvo que arreglar para atar una
mosca mientras explicaba la historia de los
materiales, relataba anécdotas de algunas
de sus pescas y, como si esto fuera poco,
contestaba a todas las inquietudes. Carismático
y con gran sentido de la docencia, en pocos
minutos armó dos variantes de la denominada
“jurandino”: una metamorfosis
de la famosa mosca Andino de Ingrazzia, reformulada
y adaptada para hacer estragos en el Río
Juramento, cuna de grandes dorados. Todo esto
será material de la secuencia de atado
que pondré por separado. Las moscas
fueron el vermouth que antecedió una
cena entre los asistentes.
El
concurso
A las 7.30 hs
del sábado, el puerto ya hervía
de actividad. Mientras se bajaban lanchas,
las cámaras de los medios trataban
de no perderse ningún detalle. Una
a una fueron bajando a las 29 lanchas que
se hicieron presentes, de las más de
30 inscriptas. Daba la impresión que
la única rampa de hormigón existente
es insuficiente. Por suerte, la cosa no se
dilató demasiado y mientras esto sucedía,
nos convocaron a los fiscales para entregarnos
prolijas carpetas con instrucciones y reglamento,
una regla de madera de un metro, un copo,
lapiceras, planillas y el ya famoso bastón
con varios banderines sueltos que gracias
a algún iluminado, reaplazarían
a los dorados colgados de la ganchera.
Amarillo para
las capturas hasta 65cm, verde entre 65 y
75 cm y colorado para las que superaran los
75 cm. También, una completísima
y muy rica vianda. Afortunadamente en el sorteo
de las embarcaciones me toco fiscalizar a
dos entusiastas muchachos. Uno de ellos, Ramiro
Ezcurra, de Victoria ER, ganador de la edición
anterior y poseedor de la copa Challenger
a la pieza más grande. El otro, Tomás
Nobile, oriundo de Buenos Aires pero instalado
en La Paz y pescador de alma. Gracias a ellos,
el supuesto tedio que podía ser pasarme
todo el día viendo como otros hacían
lo que yo me moría de ganas de hacer,
no ocurrió.

En forma muy
ordenada y bajo la custodia atenta de la gente
de Prefectura Naval Argentina, quien no dio
la orden de partida hasta que todos los concursantes
vistieran su salvavidas, se realizó
la largada en dos etapas según la cilindrada
de las embarcaciones.

Están
grabadas aún en la memoria de muchos
paceños las multitudinarias hordas
de lanchas descontroladas de las ediciones
anteriores cuando se masacraban dorados con
carnada sin devolución; y algunos todavía
las añoran, desafortunadamente. Para
suerte de todos, esto ya quedó en la
historia y este encuentro de mosqueros llegó
de la mano de gente como Cañete o Rigoni
para quedarse. Y confío en que, poco
a poco y año tras año, irá
ganando trascendencia y adeptos.
La
pesca del día sábado
El sábado
el panorama se presentó totalmente
desalentador para todos los pescadores. Con
vientos de más de 25 Km. /h, era imposible
imaginarse lances largos desde los bancos
de arena o dorados cazando cerca de la superficie.
Cumpliendo mi
tarea de fiscal, acompañé a
Ramiro Ezcurra y a Tomas Nóbile es
sus intentos para conquistar el trofeo mayor.
Lamentablemente, estos dos representantes
de Entre Ríos, no habían podido
concretar con un guía de la zona. Por
suerte y gracias a la buena onda de Juan,
otro guia de allí, y de su tripulación,
entre ellos Dante, ex compañero de
Ramiro en la edición anterior en la
que consiguiera el primer premio al mayor
dorado, acordamos seguirlos para no perdernos
en el intrincado laberinto de arroyos. La
desventaja residía en que cuando llegábamos
a un lugar, la mejor posición era tomada
por ellos y nosotros debíamos conformarnos
con la periferia. Pero igual, no hubiéramos
podido concursar sin su ayuda.

Sitio a sitio,
los chicos sacaron lo mejor de sí revisando
cada hueco con sus moscas. El excelente casteo
de Ramiro no dejó de sorprenderme durante
toda la jornada, haciendo gala de una técnica
depurada en cada lance, ya sea normalmente
o de revés.
Su incansable
brazo, acomodaba primero la mosca con un roll
corto, después ganaba línea
con un levante y tendido y finalmente, un
falso cast y el lance, impecable, certero
y con distancia. La presión anímica
por demostrar que el premio del año
anterior no había sido pura suerte,
le otorgó la adrenalina suficiente
para no parar hasta el mediodía. Fue
recién en este momento, que ambos bajaron
sus cañas y nos acercamos a la otra
embarcación a almorzar. Ellos tampoco
habían tenido suerte durante la mañana.

Pasadas las tres
de la tarde, los chicos decidieron abrirse
por su lado y reintentar en el arroyo Las
víboras luego de un paso infructuoso
por La Cascada, en el Paraná. En este
lugar, habían tenido los únicos
piques fallidos, pero piques al fin. Entramos
en el brazo de agua con mucha cautela y silencio.
A la derecha, una bifurcación retoma
el curso hacia el río principal. A
la izquierda, continúa serpenteando
por unos kilómetros cubierto por la
selva en galería. Por los relatos sabían
que la mayor cantidad de piezas cobradas el
día anterior habían sido en
lugares interiores, sin viento, con algo de
correntada. Hasta el momento dependían
de Juan y su intuición, pero eso los
llevó a pescar únicamente en
lugares a río abierto, buscando tamaño
por sobre la cantidad. Otra lancha competidora
que pasó ya lucía tres banderas
amarillas en la vara, así que la diferencia
se podía lograr con pocos dorados chicos.
En un recodo de nos más de 8 metros
de ancho, arrojaron sus moscas: streamers
chicos, con poco ciervo en la cabeza para
que profundizaran rápidamente y de
color negro combinado con rojo. Tampoco tenían
muchas opciones ya que habían olvidado
sus cajas y contaban solamente con seis moscas
para los dos.

Tomi yerra un
pique; aumenta la ansiedad. Esta allí,
agazapado detrás de un raigón.
Intuyen su presencia y lanzan ambos en esa
dirección, barriendo los laterales.
Otro pique fallido…un juramento. Ramiro
lanza en una posición incomoda, detrás
de su amigo, casi por entre sus piernas. Y
por fin consigue atraparlo. El doradillo de
buen tamaño salta, trata de aprovechar
la corriente y de refugiarse en las ramas
hundidas, pero la pericia del pescador y su
potente equipo, una Orvis TLS Power Matrix
Nº 8 de su padre, lo obligan a terminar
en el copo. Con premura, saca el anzuelo,
foto y…ante su alegría, ¡casi
devuelve el pez sin medirlo! Los 47 cm. de
este hermoso ejemplar le darían más
tarde el 7º lugar en la clasificación
individual. Por su lado, Tomi seguía
teniendo piques pero no conseguía clavarlos.
Ya para el noveno intento, y ante el consejo
de achicar la mosca o afilar la punta, nos
percatamos que las plumas estaban atadas con
anti-enganche… Casi se tira por la borda.
Cortó con el alicate el duro nylon
y antes de que pudiera lanzar nuevamente,
Ramiro consiguió atrapar otro doradillo
en ese lugar, 15 minutos antes que terminara
el plazo impuesto por el reglamento: hasta
las 17 hs. El puntaje de los dos dorados sumado
(107 Pts), les dio el 6º lugar en la
clasificación general por embarcados.
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Puntualmente,
recogieron sus equipos, amarinamos todo en
la embarcación y nos dirigimos a puerto.
Ellos satisfechos y expectantes de figurar
en los primeros diez puestos; yo, contento
de conseguir las fotos de dos capturas para
la nota y feliz de que los chicos recibieran
justamente el premio a sus esfuerzos.
Hacia
la recta final
A las 17 hs se
debía finalizar la pesca según
el reglamento que todos acataron correctamente.
Poco a poco fueron llegando las distintas
embarcaciones de sus lugares elegidos: algunos
secretos, otros, no tanto.
Cuando nos tocó
amarrar en el puerto, la ganchera ya lucía
orgullosa los primeros banderines. El clima
frío y ventoso (más de 25km/h)
y el río en creciente, hicieron mella
en la cantidad de piezas de cada embarcación.
Cada una estaba compuesta por dos pescadores,
un guía no pescador en la mayoría
de los casos, y un fiscal. Hasta el momento
sálo una estaca ostentaba orgullosa
11 capturas, todas amarillas. Afortunados
aquellos que pudieron dar con el lugar adecuado
ante las inclemencias del tiempo y el capricho
de los dorados. No se veían verdes
ni rojos lamentablemente.
En el lapso que medio entre que entregué
la planilla y bajé nuevamente a ayudar
a subir la lancha, los aplausos del público
asistente me obligaron a correr los últimos
metros.

Con la estampa
de un conquistador sobre su corcel, Juan Pablo
Gozio levantaba en alto sus estandartes de
triunfo. No fue suficiente una estaca para
el fructífero día de pesca.
Un remo tuvo que ser utilizado como suplemento
para los 28 banderines que mostraba con una
sonrisa que contagiaba el éxito. No
quedaban dudas de la embarcación ganadora.
Algunas, ni siquiera pudieron verle la cara
a los doradillos. Sólo quedaba la intriga
de la pieza mayor…
La
entrega de premios
Dos reparadoras
horas entre la pesca y la entrega de premios
sirvieron para ducharme, cambiarme y reponerme
un poco de la tristeza que me causó
ver que mis amigos Mario y Ariel no habían
encontrado “El Dorado”. Sólo
una pieza de buen tamaño respetó
la pericia de Rigoni y se rindió a
él. Extreme, no corrió con la
misma suerte. Este simple ejemplo me hacían
suponer de lo peleada que seria la clasificación
final. Cada dorado según su talla tenía
asignado un puntaje, lo que significa que
con dos dorados de buen porte, una lancha
le podía ganar a otra con tres o cuatro
pequeños. Las combinaciones podían
ser muchas.

El Poli funcional
estallaba de gente. A los concursantes se
les sumaban medios de todo el país,
familiares, personal de apoyo, auspiciantes
y hermosas y jóvenes promotoras.

Clasificación por Embarcación

Clasificación Individual (Pieza
Mayor)
| Se
dieron a la partida 29 equipos
de distintas provincias, como
Buenos Aires, Chubut, Córdoba,
Neuquén, Santa Cruz, Santa
Fe y Entre Ríos, dando
un total de 58 pescadores. Se
cobraron un total de 72 piezas
que arrojó 2.734 cms. en
total; promediando un pescado
cada 8.03 minutos. La mayor cantidad
de piezas cobradas por un pescador
fueron 19. |
|
Mientras servían
las empanadas de entrada, se realizaron los
primeros sorteos. Había premios para
casi todos los participantes. Luego, el show
a cargo de un conjunto folklórico de
la zona y las palabras de algunos representantes
del evento junto con el asado. A continuación,
y para mi sorpresa, se reanudaron los sorteos
con la particularidad que corrían todos
los números nuevamente. Hubo gestos
que debo destacar, como el que tuvo la gente
de Baraldo, que destinó regalos para
que fueran sorteados exclusivamente entre
los fiscales. Yo había asistido con
carácter de periodista, pero muchos
de los fiscales restantes viajaron cientos
de kilómetros exclusivamente para ayudar,
como biólogos de La Plata, conductores
radiales de Concordia, etc. Finalizado todo
esto llegó el momento más esperado:
la premiación. A continuación
encontrarán la tabla de clasificación
general.


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Como broche de
oro, se sorteo la embarcación completa
como premio mayor un trucker con motor de
40 caballos y trailer incluido y los favorecidos
fueron: el equipo Nº 6: “CERNADAS,
Esteban y URAN, José María”
provenientes de la provincia de Neuquén.
Si bien la cena
se extendió en demasía, vino
bien para hacer tiempo como los adolescentes,
esperando la “movida” en un boliche
donde se coronó a la reina de la fiesta
nacional del dorado entrerriano.