Arco Iris del Lago Dos y la trucha madre !!!
Hacía
varias temporadas que veníamos amagando
hacerle una visita al lago número Dos,
en la zona de Río Pico. Pero por una
u otra cuestión siempre relegábamos
esa posibilidad, tal vez escapándole
a la dificultad geográfica narrada
por otros amigos, para poder llegar sin contratiempos
hasta las orillas de sus aguas.
Visitar este
lago, desconocido para mí y mis amigos,
representaba más que el desafío
de pescarlo en sí, el encanto que conlleva
precisamente ese desconocimiento, la ilusión,
la esperanza, la seducción a lo desconocido.
Por cierto, no seria fácil llegar hasta
allí por diversos motivos que antes
que termine esta nota se darán cuenta…Pero
esta temporada todo se dio como para que en
los primeros días de Marzo decidiéramos
concretar aquella vieja aspiración.
Junto a Osvaldo Williams, Matías Parisi
y mi hijo Facundo, efectuamos todos los preparativos
previos para poner proa al Lago Dos.

Primero conseguir
la autorización por escrito de uno
de los propietarios de los campos que rodean
al lago, para poder ingresar por las numerosas
tranqueras, algunas de ellas con llave. Luego
conseguir datos de quienes ya habían
tenido la factibilidad de pescar en el Dos,
no tanto de las truchas, que sabíamos
eran buenas, sino de los accesos al lago,
ya que existe una maraña de huellas,
tranqueras, caminos y senderos, que si no
se le acierta con el que efectivamente conduce
al lago, le puede ocurrir lo que a nosotros,
que anduvimos como turco en la neblina por
espacio de más de tres horas.
Para hacer 234 kilómetros desde Esquel
al lago, tardamos algo más de siete
horas!!! Es cierto que para transitar los
últimos 30 km, se tarda algo así
como dos horas, pero nosotros le agregamos
tres más, porque con el bote a la rastra,
transitamos por huellas que la última
vez que vieron un vehiculo fue, seguramente,
hace más de 30 años y por huellas
que nos condujeron a la cima de las montañas,
mientras veíamos que las aguas del
lago en lugar de acercarse, se alejaban. Pero
“atenti”, que cuando hablo de
huella, no me refiero a una vía medianamente
transitable, me refiero a una especie de camino
con pronunciados desniveles, malllines semicubiertos
con palos y troncos (prueba evidente que ya
alguien había andado peludeando) y
con piedras grandes que la noble Toyota SW4
piloteada por Facu, pisó y sorteo de
maravillas y claro, con el trailer y bote
a cuestas!!!

Una geografía
especial y encantadora para hacer 4 x 4 recargado,
pero bastante incómoda para andar con
semejante carga a la rastra. Y lo triste de
todo esto que pese a que no le mezquinamos
camioneta ni entusiasmo, seguíamos
“perdidos” y con el lago frente
a nuestras narices. Volvimos sobre nuestros
pasos –después de hacer como
15 km- como tres veces, hasta que finalmente,
dimos con la huella bendita que, definitivamente,
nos conduciría al lugar del que nos
habían hablado: un viejo puesto a la
orilla del lago, en el fondo de una pequeña
y reparada bahía. Y pensar que en el
primer intento habíamos estado a menos
de 200 metros de ese lugar!!!! Que le vamos
hacer... el que no sabe es como el que no
vé…Y el que no vé…
seguro que se pierde.!!
Rápidamente
a armar el campamento, mientras los “pibes”
(Facu y Matías) se encargaban de tirar
el bote al agua. Mi vieja Pancho 5 de Cacique
(33 años, sumando y hecha una pebeta)
fue la primera que puso colorido en el agreste
paisaje.
Rápidamente
albergó a los colchones y las cuatro
bolsas de dormir de alta montaña y
obviamente abrigo y mantas. Mucho abrigo.
Luego fue el turno del comedor naranja y las
mesas. Tender las luces para el generador
y motosierra en mano, a buscar leña
para el fogón, que dicho sea de paso,
es tanta la que se encuentra tirada que no
hace falta la moto.
El campamento
lo armamos en 20 minutos. Y otros 15 nos tomó
inflar el par de belly. A las 18,30 ya estábamos
los cuatro y los dos belly arriba del bote,
rumbo a la cabecera Sur del Dos. Apenas nos
quedaban un par de horas de luz natural y
nadie quería perder ese tiempo, sin
intentar capturar algunas de las truchas de
este lago misterioso para nosotros. Con esa
premisa, el bote de aluminio se deslizaba
como una flecha en las movidas aguas lacustres.
El cielo estaba límpido, sin nubes
y una luna nos anunciaba que esa noche haría
frío, bastante frío, pero en
ese momento ninguno de los cuatro se acordaba
del clima, ni de sus inclemencias. Yo no le
sacaba los ojos a mi amigo Garmin, el sonar
que casi siempre utilizo para navegar en aguas
desconocidas.

LLegamos a una
pequeña bahía desde donde comenzarían
a pescar Matías y Facu desde los belly.
Los dejamos en la orilla con el deseo que
“los Dioses le sean propicios”
ya que los vientos les eran “favorables”
por demás.. Osvaldo y yo enfilamos
a otra bahía protegida del viento,
para cubrir mayor superficie pescable y no
molestar a los del belly. Apenas si nos queda
poco más de una hora, antes que la
luna llena ilumine con todo su esplendor esta
bella región del lago Dos.

La trucha madre !!!
Los chicos enfilaron
pataleando hacia el campamento, recorriendo
las pequeñas bahías y nosotros,
luego de los primeros intentos en bahía
ajena, los seguimos a una distancia considerable.
Mis tiros no salen muy buenos, pero hay un
motivo. Como siempre, me acompaña mi
cañita para línea 5 de cinco
tramos a quien cariñosamente la he
bautizado “la todoterreno”. Fácil
de transportar, algo tosca, pero tiene una
acción que me agrada. A la pobre le
hacia castear una Tenny 200, a la cual le
había agregado un leader corto, pero
lastrado con hilo de plomo, más un
streamer imitando a un puyén lastrado
hasta la manija. Buscaba descender 9 metros
como mínimo rápidamente. Es
decir le exigía demasiado a la cañita,
pero así y todo, se las bancaba bastante
bien.
El entorno era
atrapante, fascinante. Para mi, que conozco
la casi totalidad de los lagos del Chubut,
este, el Dos, es acaso el más lindo
en cuanto a su conformación geográfica.
Paredones de piedra que caen abruptamente
sobre las aguas, playas de arena, islas pequeñas,
rocas casi a flor de agua, innumerables bahías,
bosques de lengas, vestigios de antiguos incendios
y esa forma tan particular del contorno del
lago que se asemeja a un hipocampo, hacen
de este lugar un marco natural de indescriptible
belleza.
La luna así
de grande parecía ahí nomás
y al reparo de la bahía, el suave oleaje
no interrumpía para nada el fantástico
silencio que nos rodeaba. Silencio. Si no
hay grito, no hay pique. Si no hay pique..hay
silencio.

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El
sonar es un
antiguo elemento
tecnológico
al que usualmente
se lo asocia
con la búsqueda
de peces.
En realidad,
esto puede
ser muy efectivo
en ambientes
acuíferos
donde los
lechos son
“limpios”.
chatos y arenosos
(por ejemplo
el mar) pero
tienen escasa
efectividad
donde los
lechos –como
los de los
lagos cordilleranos-
poseen troncos
hundidos y
grandes rocas.
Básicamente
el sonar funciona
con una onda
que emite
un traductor
que se coloca
en la popa
del bote,
al ras del
piso de la
embarcación,
y que al rebotar
en el fondo,
este traductor
“lee”
lo que capta
y lo transfiere
a una pantalla
de cuarzo
para que se
haga visible
al ojo humano.
Seguro que
hay más
sofisticados,
pero mi viejo
amigo Garmin
esta bichoco
y… lee
todo peces.
Es decir identifica
tanto a la
rama de un
tronco hundido,
como a la
saliente de
una roca sumergida,
como un pez.
Entonces no
es nada confiable
como “buscador”
de peces…pero
tiene otras
virtudes,
que sí
son muy útiles,
sobre todo
a la hora
de navegar
en aguas desconocidas.
Tiene alarma
de superficie
(yo la tengo
calibrada
a cuatro metros)
es decir que
todo lo que
se encuentre
hundido a
más
de esa distancia,
y el bote
avance hacia
ello, comienza
a sonar una
alarma indicándome
el peligro
de posible
colisión.
Así,
en el lago
Dos, “descubrimos”
una punta
de montaña
que estaba
en medio del
lago, a poco
más
de un metro
y medio de
profundidad.
Y como el
alcance de
lectura es
hasta 300
metros, comprobamos
que la parte
más
honda del
Dos, tiene
24 metros,
y también
una extensa
plataforma
sumergida
de un par
de kilómetros
que se encuentra
entre 4 y
5 metros de
profundidad.
Como la pantalla
también
“dibuja”
la composición
y forma del
fondo, pudimos
ver que el
lecho del
lago presenta
numerosas
grietas profundas,
y plataformas
chatas a 18
metros de
profundidad.
Mucha arena
en el fondo
de ciertas
bahías,
fondo con
algo de plantas
acuáticas
y bastante
fondo pedregoso.
El Dos sólo
tiene dos
lugares donde
hay muy pocos
juncos y donde
vimos algunas
libélulas.
La temperatura
del agua en
superficie
es de 11 grados
por la mañana
y de 12 a
mediodía
(para esta
época,
con viento
y algo de
lluvia) .
También
marca la velocidad
de la embarcación
y otros chiches
más
que no utilizo
por ser innecesarios…Todos
estos datos,
luego lo vuelco
a mi computadora
y de esta
forma tengo
un archivo
personal de
los lechos
lacustres,
su composición
y accidentes
geográficos
de la mayoría
de los lagos
de la región.
Que, como
lo dije, a
la hora de
navegar, son
de muchísima
utilidad.
Sin duda. |
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Cerca de las
20,00 horas y recogiendo intermitentemente
imitando la natación de un puyén
siento que en el extremo de la línea
algo “paladea” al streamer. “Tengo
un pique, le comento a Osvaldo” e inmediatamente
una bajada de caña no muy pronunciada,
me anuncia que algo bueno hay en el otro extremo
de la línea. Primariamente no pelea
mucho…pero tampoco se deja ver…La
trucha tomó bien abajo y sigue abajo
buscando protección en la profundidad
y tira, pero no como una trucha grande. La
varita 5 rezonga, protesta, transpira, seguro
que me maldice, pero se la banca muy bién.
El sonido del Batenkill 5 liberando backing
se me asemeja a una música celestial.
Yo siento en la caña que es una trucha
buena, pero aún no le hemos visto “la
trucha” valga la redundancia. De repente,
la arco iris comienza a subir, cambiando su
táctica de escape y como a unos 30
metros del bote, ya con poca luz natural,
la vemos por primera vez, de cola. A lo lejos
nos parece una trucha buena y por ser la primera
cubre acabadamente nuestras expectativas…
De pronto se manda otra vez al fondo, pero
tirando menos y rápidamente emerge
nuevamente. Esta vez, más cerca del
bote y entonces si nos damos cuenta que se
trata de una trucha grande. Muy grande. Diez
minutos de combate, de ir y venir y se pone
panza arriba, entonces si la vemos en toda
su magnitud. No es una trucha grande…es
una arco iris enorme!!. Osvaldo exclama, entre
incrédulo y sorprendido: “la
p.. madre que trucha!!!” como no creyendo
lo que esta viendo y yo le digo trascartón:
“eso… es la trucha madre!!!”
Le pido a mi amigo que me ayude con la red
de mano, que siempre esta en el bote (tejida
por otro gran amigo; Jorge Hughes, bien profunda
y con un aro de hierro como para meter una
ballena) sin embargo al ver el tamaño
descomunal de la trucha le digo a Osvaldo
que no la levante, que no la saque del agua,
por temor a que por el peso de la trucha se
rompa el mango de la red. Que meta la arco
iris dentro de la red y que yo le ayudare
a levantarla, pero agarrando los dos el aro
de hierro. Naturalmente que la maniobra tiene
sus riesgos, porque no sabemos si la mosca
esta bien clavada o…”ahí
nomás”, pero no hay tiempo para
más. Es ahora o nunca. Despaciosamente
le arrimo la arco iris y Osvaldo hace su trabajo.
Medio cuerpo de la trucha queda afuera de
la red de mano e intenta un último
escape. Pero ya es tarde. Agarrando los dos
el aro de hierro de la red, la subimos al
bote de un viaje y entonces si…nos confundimos
en un abrazo interminable y en un griterío,
que el eco de las montañas lo multiplica
por mil.. Es, sin duda, la mayor arco iris
que he capturado en mi vida y eso que tengas
varias bien grandes.

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La
"Historia"
de las
truchas del Dos |
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Según
uno de los
propietarios
de los campos
que circundan
el lago, durante
los años
1996/98 se
efectuaron
siembras significativas
de arco iris,
(con alevinos
del Lago Cuatro)
pero, aparentemente,
estos peces
no lograron
reproducirse.
Digo aparentemente
porque muy
cerca de donde
acampamos,
se encuentra
uno de los
dos pequeños
cursos de
agua que alimentan
al lago. Allí,
entre las
matas, encontré
un Guachi,
artefacto
casero muy
utilizado
por lugareños
que con el
rudimentario
pero efectivo
sistema de
un palo y
en la punta
un lazo de
alambre, se
dedican a
“cazar”
truchas en
la época
del desove.
Y, precisamente
este hallazgo
confirma que
a dicho arroyito,
entran las
truchas a
desovar, claro,
cuando las
dejan vivas.
Según
Osvaldo, hace
28 años
aproximadamente,
el mismo participó
de una siembra
trabajosa
y complicada
de alevinos
de arco iris
en este lago
(con un alto
índice
de mortandad,
dado lo complicado
que era llegar
hasta las
aguas del
lago) por
lo que resulta
incierto saber
que pasó
con aquella
siembra dado
los contratiempos
comentados.
El lago, salvo
los dos pequeños
cursos de
aguas referidos
no tiene entradas
de aguas (arroyos,
vertientes,
etc.) significativas
y con posibilidades
de oxigenar
un fondo de
desove acorde,
por lo que
uno de los
motivos por
el cual las
truchas sembradas
no podrían
cumplir acabadamente
con su ciclo
reproductivo,
puede ser
este. Lo cierto
es que no
vimos truchas
chicas y tenemos
la presunción
que en este
espejo lacustre
no son muchas
las arco iris
que lo habitan
y las que
hay, pueden
ser el producto
de la ultima
siembra. El
peso promedio
de captura,
ronda los
4 kilos, pero
como quedó
probado y
comprobado,
hay truchas
descomunales…Tal
vez fuera
factible efectuar
un muestreo
profesional
para cuantificar
con rigor
científico
la población
existente
y si existe
capacidad
reproductiva,
ya que si
no fuera así,
habría
que resembrar
este particular
ambiente de
pesca rápidamente.
Lo que si
resulta visible
es la cantidad
y la calidad
de alimento
que posee
el lago Dos.
A nivel de
insectos,
fuimos testigos
de numerosas
eclosiones
de éstos
y también
encontramos
una significativa
presencia
de grandes
stone fly
(moscas de
las piedras)
en las pedregosas
orillas del
lago. Pero
lo que es
más
importante
y significativo
para la dieta
de las arco
iris allí
existentes,
es la presencia
de anfípodos,
de grandes
bancos de
almejitas,
caracoles
y “nubes”
de puyenes
y peladillas,
que la mayoría
de los pescadores,
fácilmente
confunden
con alevinos
de truchas.
Lo curioso
es que estos
cardúmenes
de pequeños
peces no se
observan cercanos
a las orillas
únicamente.
En el medio
del lago,
encontramos
nadando casi
en superficie,
varios de
estos puyenes
y peladillas.
Y también
es de nuestro
conocimiento
que algunos
de estos peces
autóctonos
alcanzan un
tamaño
considerable
(de hasta
25 cm. aproximadamente)
por lo que
es fácil
deducir el
porque de
la exhuberancia
de las magníficas
arco iris
del lago Dos.
Ahora bien,
a este lago,
no son pocos
los pescadores
de la región
que pudiendo
llegar hasta
sus aguas,
le hicieron
la cruz, dado
que estuvieron
varios días
tratando de
capturar una
trucha y no
lo lograron.
Incluso aquellos
que lo pescaron
a trolling.
Y la ecuación
es simple:
gran masa
de agua x
mucha comida
x pocas truchas
= escasas
posibilidades
de pique.
Pero siempre
hay que inisistir…el
factor suerte
juega aquí
un papel más
que importante.
Sobre todo
si se cree
en él. |
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Rápidamente
a sacar un par de fotos y prontamente tratamos
de devolverla, pero como si hubiera sufrido
un paro cardíaco, la trucha no responde
a ningún estimulo. Está como
paralizada. Sorpresivamente no tiene vida.
Definitivamente esta muerta. Como todo ser
viviente longevo, el esfuerzo de la lucha
debe haber sido demasiado. En estos casos,
el estrés producido por el combate
le solidifica el ácido láctico
e inmediatamente le sobreviene un paro cardíaco.
Ante el hecho consumado, Osvaldo saca una
balancita de las antiguas, que al pesarla
acusa….9 kilos!!!! Es un verdadero poema
a la trucha. Pese a que es un macho de unos
10-11 años de edad, es la trucha Madre!!!.
Hace muchos años, en Junín de
los Andes, en uno de esos Seminarios que daba
Mel Krieger dijo este que el acto de devolver
o matar una trucha era algo tan íntimo,
tan privativo de uno mismo, que lo comparaba
con las relaciones sexuales. Actos de los
cuales no se dan explicaciones. Quedan en
la intimidad y en la conciencia de cada uno.
Y yo creo que realmente es así. Solo
agrego que no me causa placer ver morir una
trucha del tamaño que sea, pero nobleza
obliga inferir también, que no se me
seca la garganta, ni se me enturbia la vista,
ni dramatizo cuando, como en este caso, me
toca presenciarlo y ser partícipe de
ello. Esta arco iris enorme ya tiene pasaje
para Esquel. Menos mal que el reglamento para
este espejo lacustre nos ampara y nos permite
llevarla, sino en un acto rayano a lo absurdo,
habría que haberla dejado inerme en
el fondo del lago, como he podido presenciar
que hacen algunos pescadores cuando les pasa
lo que a mí y sólo para cumplir
con un reglamento cada vez más absurdo
que les impide portar una trucha superior
a los 35 cm.
Lo que si lamento –y mucho- es no haber
llevado los elementos indispensables para
los trabajos previos a la taxidermia de la
arco iris. Porque realmente era una trucha
que se merecía la perpetuidad, que
seguramente la va a lograr a través
de una buena foto.
La llegada al
campamento era esperada con mucha ansiedad
por Facu y Matías que habían
escuchado nuestros gritos. Cuando levante
al aparato para mostrárselos, no lo
querían creer!! Y no sé muy
bien porqué, en estos casos, en esa
mezcla de admiración, sorpresa y alegría,
los otros no se acuerdan muy bien de la madre
del que alcanza el éxito... Hubo fotos
para todos los gustos… Facu me dice,
“prestamela un cachito que quiero abrazarla”
Matías la mira de arriba a bajo y la
mide: 98 cm. Y la vuelve a pesar en su balanza.
“Che, ahora pesa ocho kilos” me
dice. “Claro, ya le sacamos el streamer
que pesa un kilo” le respondo. Y si
para saber la calidad de pesca de un ambiente,
para muestra basta una trucha, presumíamos
entonces que lo que nos aguardaría
al otro día sería para alquilar
balcones.
La mesa y la
sobremesa, junto al fogón, se extendió
hasta casi la una de la madrugada, rememorando
viejas excursiones de pesca y deseando que
ya fuera mañana, cuando nos dimos cuenta
que una fina capa blanca cubría nuestras
espaldas. Estaba helando. Y como…. 7
bajo cero!!!! La luna inmensa se reflejaba
tal cual en las ahora inmóviles aguas
del Dos y, pese al frió, el paisaje
nocturno con ese cielo límpido y el
maravilloso manto de estrellas, nos hacían
sentir los seres más pequeños
del mundo…Esto es Pura Patagonia, con
mayúsculas.
Me levante a
regar los ñires a las 6,30 de la mañana
y aproveché a sacarle un par de fotos
a las brumas del amanecer, sobre el lago.

Esa tonalidad
rojiza le daba al paisaje un aspecto mágico,
difícil de describir en su exactitud.
Sería, sin duda, un día caluroso
y de aguas quietas. Demasiado quietas para
mi gusto. Todo liquido que estaba dentro del
comedor estaba congelado. La soda, el agua,
las gaseosas..Menos mal que waders y belly
fueron cubiertos por la lona cubrebote, sino
también estarían congelados.
A las 9 de la mañana y con algo de
brumas aún, luego de un flugual desayuno
como Dios manda, ya estábamos los cuatro
navegando en la búsqueda de la otra
cabecera del lago. Y tal como preveía,
lago planchado… Ideal para navegar hasta
con una palangana, pero nada bueno para pescar.
Sobre todo este tipo de truchas que no llegaron
a este tamaño por casualidad, pero
naturalmente que haríamos el intento.
La mañana
sirvió para sacar fotos del entorno;
“la piedra blanca” pintada así
por el excremento de los cormoranes, de las
bahías profundas, y del par de visones
(uno totalmente albino) que ignorándonos,
jugueteaban en las orillas.

Yo seguía
con el streamer “de los 9” como
lo bautice... y Osvaldo había puesto
algo similar, de color más oscuro.
De pronto, me dice “ahí viene
una!!”…y justo que alcanzo a mirar
el fondo rocoso, cerca del bote, veo que una
arco iris bien grande le yerra al streamer
y al volver de nuevo a atacar, nos encuentra
a nosotros en su campo visual…. la trucha
ha de haber pensado “soldado que se
retira a tiempo, sirve para otra guerra”
y se aleja rápidamente perdiéndose
en la profundidad. A las 13 horas, con calma
chicha y con un sol fuerte decidimos que ya
era hora de disfrutar de ese suculento y tradicional
pastel de papas campero, a los que nos tiene
acostumbrado Osvaldo. El retorno al campamento
coincidió con una suave brisa que de
a poco fue desdibujando las imágenes
reflejadas en el espejo lacustre. El lago
comenzaba a moverse, formando oleaje y presagiando
mejores condiciones de pesca para la tarde.
La sobremesa
se extendió más de la cuenta
y luego hubo una reparadora siesta hasta casi
las seis. Urgente a cambiarse y otra vez a
navegar. La brisa se había transformado
en viento, decidimos entonces visitar un par
de bahías del extremo sur del lago,
que estaban bien reparadas. En una orilla
dejamos a los “menores! (de 32 años)
con los belly y nosotros decidimos pescar
toda la orilla de enfrente, hasta donde las
lengas altas casi tocan las aguas. Y en donde
el lago presenta una extensa plataforma sumergida
de apenas 4 y 5 metros de profundidad. En
la mitad de esta plataforma, Osvaldo recibe
un tirón que casi le arranca la caña
de las manos. Una arco iris cabrera le saca
como 50 metros de backing, señal que
es de las buenas. Se trata de un macho de
algo más de 5 kilos que dio una prolongada
pelea antes de que posara para la foto y fuera
devuelto, con beso y fiesta de despedida.
El viento cobra
intensidad y ya no me resultaba tan fácil
castear el streamer lastrado, decidimos volver
al lugar donde habíamos dejado a los
“pibes”… Nos arrimamos con
el bote a una distancia prudencial de los
belly y allí nos enteramos que cada
uno ellos habían perdido una trucha
tamaño baño. A Facu, en el primer
“rush” la arco iris le sacó
casi la totalidad del baking y luego enfilo
hacia las grandes piedras de la profundidad,
donde cortó el leader. Casi en simultáneo
Matías tuvo su emocionante oportunidad.
Nada más que intentar pararla, pero
fue inútil. Es como querer parar un
tren… La fuerza de la trucha pudo más
que la resistencia del leader. Y eso que habíamos
hablado que el lago les daría una oportunidad
y que deberían aprovecharla al máximo!
Truchas grandes perdidas, dolores grandes
ganados. Los dos sintieron la emoción
de tener una trucha de las buenas en su línea.
Los dos quedaron con la amargura que causa
la decepción de la trucha triunfadora,
pero con la sensación incomparable
de un pique descomunal... Para colmo, en ese
momento y en ese mismo lugar, cometo el error
de decirles que me dejen hacer “un tirito”
y una arco iris comete el error de tomar mi
streamer. Nada que ver con la Trucha Madre,
pero sacó backing de lo lindo. Foto
y fiesta de despedida para esta arco iris
de cuatro y medio aproximadamente….
La noche junto
al fogón nuevamente revivió
una y otra vez esos momentos y cada uno, a
su manera, analizaba que error había
cometido como para perder semejantes truchas,
hasta que llegó la hora del truco.
“En algo le tenemos que ganar a estos
viejos” dijeron los pibes. Pero no hubo
caso. El partido se prolonga, pero termina
cuando es echada la falta y yo con 33 de mano…”estos
no saben con quienes se metieron, no aprenden
nunca” dijo Osvaldo…los del bote
les ganamos a los del belly lejos, por afano…Mejor
a dormir y soñar con la hermana de
la Trucha Madre.
Esa noche el
clima no sería tan despiadado con nosotros.
El viento fuerte, no impidió que disfrutáramos
del eclipse de luna más impactante
que observáramos en años. La
noche se hizo larga para Facu y Matías
que buscarían su revancha tan pronto
como pudieran…La mañana demoró
en llegar lo que tarda la noche en pasar y
se presentó ventosa y con chubascos.
Como Osvaldo prefirió quedarse ha asar
su conocido costillar al palo e ir desarmando
de a poco el campamento, decidimos llevar
un solo belly que utilizaría Facu.
Así los
tres nos fuimos de un viaje a la bahía
donde habían perdido sus moscas…
y las truchas, claro. Pero ya el viento arrachado,
también aquí hacia de las suyas.
Facu rápidamente clava una linda arco
iris de unos cuatro kilos largos, que lo paseo
bastante con el belly. Su grito aún
debe estar retumbando en los cañadones
del Dos.
Lo acompañamos
y lo alentamos desde el bote hasta que logra
que su trucha, de pez pase a pescado. Foto,
beso y te fuiste. Pero nada que ver con la
anterior que le llevó la mosca y lo
dejó con la sangre en el ojo…
Intentamos hacer un par de tiros más
pero el viento ya es insoportable y para colmo
comienza a lloviznar. Por primera vez, probé
el ancla de capa, obsequio de mi amigo Eduardo
Bresba, pero aún así el fuerte
viento nos arrastraba como a una hoja de papel.
Y como siempre digo, cuando la pesca deja
de ser gratificante, pasa a ser mortificante,
y es entonces cuando decidimos poner punto
final al intento de atrapar truchas y mejor
disfrutar del entorno geográfico, navegar
sin mojarnos, mientras lentamente regresamos
al campamento. El lago Dos nos había
premiado con muy pocas truchas pero de excelente
calidad y nos enviaba una tarjeta de invitación
para que lo volviéramos a visitar prontamente.
Que debido al inicio de la época de
lluvias y nevadas, seguramente será
la temporada que viene. Pero no nos podíamos
quejar. Este bello y gran espejo lacustre
nos había hecho partícipes de
momentos inolvidables y nos había regalado
unas truchas muy buenas además de la
trucha madre.. Pero ahora era momento de pensar
en otra cosa.. en ese riquísimo costillar
que allá, en nuestro campamento, se
asaba lentamente…Nos preparábamos
para otra fiesta. La que uno no quiere que
llegue nunca, pero como todo, llega…
La de la de despedida del Dos.

Puyenes
y peladillas: lo que hay que saber
Cuando
atamos una Zonker, una matuka o cualquier
otro streamer, en la mayoría de los
casos, tratamos de imitar un juvenil de pececito.
Y aunque le ponemos plumas, pelos y materiales
reflectivos de mil tipos, que rara vez coinciden
con la coloración real de los juveniles
que habitan junto a las truchas, estos señuelos
resultan ser muy eficaces a la hora de pescar.
Ahora, si en nada o poco se asemejan a los
naturales, ¿Porque habrá atacado
la trucha a un anzuelo disfrazado con semejante
carnaval? Porque tenía apetito?...
porque la trucha se puso cabrera?... por invasión
de territorio? Lo cierto es que no hay una
respuesta exacta, habida cuenta que hasta
la fecha nadie ha podido hablar con alguna
trucha, pero yo creo que hay un poco de todo
aquello planteado en los interrogantes, más
claro está, un cachito así de
conocimiento y esa dosis así de grande
del factor suerte que anteriormente comentaba.
Todos
los salmónidos son caníbales.
Se comen entre sí y principalmente
a aquellos congéneres (o no) que les
cuesta menos energía alcanzarlos. Además
de alevinos y juveniles de las distintas variedades
de truchas y salmones, de percas y de pejerreyes
(a estos últimos son los que más
les cuesta alcanzarlos, al ser mucho más
veloces en la natación que las truchas)
hay otras especies de peces que no por menos
conocidas, dejan de ser importantes en la
dieta de las truchas patagónicas y
también a la hora de “vestir”
los anzuelos. Estas son: el Bagre de los Torrentes,
pececito que tiene manchas oscuras atigradas
en el lomo y el vientre de color marrón
pálido. Se lo reconoce por sus tres
pares de bigotes y sus ojos pequeños.
(acaso una Woolly Bugger con tres pares de
patas de goma?). Luego está el Bagre
Aterciopelado. De muy bonitos colores, donde
se destaca el morado grisáceo tirando
a lila, con manchas redondas negras y panza
gris claro. En el maxilar posee una barbilla
corta comprimida al cuerpo. Luego tenemos
el conocido (conocido?) Puyén. Cuando
son juveniles son casi transparentes, pasando
esa etapa son plateados con manchas negras
y es fácil confundirlos con juveniles
de trucha, aunque se lo puede diferenciar
porque la aleta dorsal está llegando
a la cola o aleta caudal. Luego tenemos el
Puyén Grande. Tiene un color oscuro
en el lomo, negro oliváceo y laterales
cubiertos con manchas vermiculares (parecidos
a las que tienen las fontinalis en el lomo)
de color dorado mezclado con una tonalidad
verde. Y finalmente tenemos a las Peladillas.
De estas hay dos variedades. Una totalmente
plateada y la otra plateada con barras oscuras
transversales a lo largo de los flancos (también
denominada Zebra) que los asemeja bastante
a los juveniles de trucha. Bueno, ya tiene
una idea porque las truchas atacan a los streamers
y tal vez –porque nó- porque
prefieren la diferencia de coloridos.. Si
le quedan dudas, cuando logre conversar con
alguna trucha me lo cuenta…
Moscas
empleadas
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|
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GIANT
JHON COOPER |
RED
NESS SPECIAL |
PUYEN
DE LOS 9 |
 |
|
|
PELADILLA
DEL DOS |
BONO
BOM |
SPUDDLER
SPECIAL |
Cuidemos el fuego, para cuidar
el bosque
En una de las
fotos, se observa las catastróficas
consecuencias de un incendio de bosques no
muy lejano en las orillas del lago Dos. El
fogón en un campamento es algo más
que indispensable, no sólo porque sirve
para darnos calor o cocinar, sino porque junto
a el, las noches se hacen muchas más
cortas y es el testigo mudo de miles de anécdotas
de todo tipo y calibre. Muchas veces los propietarios
de los campos con costa de ríos o lagos
son remisos a otorgar permisos para acampar
o encender un fuego, debido precisamente al
temor que representa un posible incendio de
bosques, cualquiera sea su proporción.
Sabido es que, además de aquellos que
se producen ex profeso y por el cual se cae
en un hecho delictual (obra de dementes y
que desgraciadamente últimamente se
producen más asiduamente en la región
andino-patagónica) le siguen los que
se producen por descuido o negligencia. Hay
que extremar las precauciones principalmente
en dos momentos: al encender el fuego y al
apagar el mismo.

Usualmente cuando
uno llega a sitios para acampar a orillas
de un lago, ya hay viejos fogones hechos de
piedras prolijamente acomodadas de tal manera
que sirven de reparo y como una barrera entre
el fuego y el resto del paisaje. Pero al momento
de hacer un fogón nuevo, hay que poner
especial cuidado en las hojas secas que hay
bajo la tierra. Limpiar bien el lugar de hojas
y malezas y hacer un muro de piedras o lo
que fuere, para aislar totalmente el fogón
del resto del lugar. No son pocos los que
se van a pescar dejando gruesos troncos ardiendo
en el fogón (o raíces grandes)
sin que nadie lo cuide, cosa que al retornar,
se tenga brazas o aún fuego. Si el
fogón no está bien aislado ni
protegido, esto es una locura total, ya que
sólo falta un poco de viento y una
chispa como para encender una tragedia. Otra
negligencia se comete al abandonar definitivamente
el campamento. No hace mucho llegamos a acampar
a un sitio donde en el fogón, aún
había cenizas calientes… Hay
quienes le echan varios baldes de agua al
fuego y se cercioran de que realmente este
quede bien apagado. Pero hay quienes lo apagan
muy por encima o directamente dejan que se
consuma la poca leña, quedando encendido
el fogón. Otra locura. Igual que en
el caso anterior, sólo falta un poco
de viento, una chispa que vuele..y que vengan
los bomberos. La foto que muestro es más
que elocuente: un bosque de lengas que ya
no es tal…y creo que si a todos los
que nos gusta el campamento extremamos los
cuidados con el fuego, podemos ayudar a evitar
este tipo de destrucción. Mamá
natura, los propietarios y nosotros mismos,
agradecidos.
De la basura, ya me ocupe en notas anteriores.
Afortunadamente como a estos lugares debido
a las dificultades que representa el poder
acceder, son muy pocos lo que pueden llegar,
no encontramos mucha basura ajena. Pero al
traer la nuestra, aprovechamos para traer
también algo de latas quemadas y desechos
de otros nabos que siguen creyendo que el
basurero pasa a las seis de la tarde.
Cazar o pescar truchas
Desde el punto
de vista de la conservación y desde
mi exclusivo punto de vista, no resulta preocupante
si alguien se lleva una o diez truchas de
algún lugar que está expresamente
vedado para ello. Pero si resulta alarmante,
si en plena época de desove, alguien
se lleva una o diez de esas truchas con todo
su precioso cargamento de ovas, ya que no
sólo esta matando una o diez truchas,
sino también su efecto multiplicador.
Se calcula que aproximadamente unas 2.000
ovas corresponden a cada kilo vivo de trucha.
Es decir que una hembra de cuatro kilos, puede
ser la portadora de 8.000 ovas, de las cuales
un bajísimo porcentaje (10% aproximadamente)
se transformará en alevinos y sólo
un 3-4% de éstos y en el mejor de los
casos y sorteando miles de peligros, puede
llegar a ser pez adulto. Para sintetizar,
aproximadamente 25 truchas de aquellas 8.000
ovas originales pueden portar la chapa de
adultas.
Y si el mismo
cazador se lleva diez de estas truchas, estará
restando al ambiente de pesca unas 250 truchas
mayores. Quien provoca más daño?
Aquel piola, por llamarlo de alguna manera,
que se llevó una o diez truchas del
ambiente vedado, o este cazador de hembras
en el desove que en la suma, se llevó
casi 300 truchas…Obviamente que no hay
que tener muchas luces para deducir la respuesta…
Desgraciadamente, esta lamentable situación,
la de matar truchas en pleno desove –que
es cuando el pez se muestra más vulnerable
producto del estado en que se encuentra- se
repite una y otra vez, año tras año.
Inexorablemente. Y la culpa cae, obviamente,
en el lugareño. El paisano que conoce
perfectamente donde, cuando y como cazar estas
truchas. El guachi encontrado en cercanías
del curso de agua que desemboca en el lago
Dos, es sólo una prueba más
de lo que digo. Hace años, mientras
acampábamos en el bosquecito del lago
número Cinco (cuando cruzar el río
Pampas era una odisea y todavía era
posible capturar esas marrones grandes que
hoy ya no están) se nos acercó
un puestero a caballo, con el que rápidamente
entablamos una fluida conversación,
tetra brik de por medio. Este hombre nos dijo
que no valía la pena pescar en ese
entonces.. que había que venir a fin
de junio, cuando las marrones entraban en
el arroyo, donde allí las agarraban
a guachi “y sino con la horquilla”..Yo
le pregunté si sabía el daño
que causaba y me respondió que nó.
El sólo quería cambiar un poco
su dieta diaria de capón por algo de
pescado. y comprendí entonces su ignorancia.
La culpa no es tanto del que comete este tipo
de atentados, sino del que tiene la obligación
de enseñarle el daño que produce
al provocar ese atentado. Es decir, sacarlo
de su ignorancia y hacerlo partícipe
activo de la protección y la conservación
de truchas o de la vida que sea. Cómo
hacerlo? No es tan complicado y bien creo
que vale la pena intentarlo, sobre todo porque
nunca es tarde para este tipo de cosas. Creo
que en todas las escuelas rurales habría
que incorporar una materia exclusivamente
orientada a la protección y conservación
donde se le enseñe a los chicos, desde
muy chiquitos, el daño que produce
matar una trucha en la época del desove.
Llevarles profesionales en la materia (biólogos,
estudiantes universitarios, etc.) que con
palabras simples les hagan ver las consecuencias
del daño que se causa a un recurso
natural, que después ellos mismos pueden
disfrutar. Es decir, no sólo lo que
las maestras les puedan enseñar, sino
que cada tanto uno de aquellos profesionales
les haga una visita para ver que aprendieron
y para no perder esa relación “del
hombre que sabe” con los alumnos. Trabajos
prácticos, bibliografía acorde,
llevarlos a una piscicultura para que vean
ovas con y sin ojos, presenciar el nacimiento
de un alevino, hacerles sembrar alevinos en
el arroyito cercano a la escuelita y todo
aquello que coadyuve a, en el tiempo, querer
genuinamente esa protección para “sus”
truchas. Obviamente que el Estado Provincial
no se puede hacer el sota, silbar y mirar
para arriba. Debe y tiene que tener una activa
participación en todo esto. Cada vez
se preocupan por sacar reglamentos más
restrictivos a la pesca recreativa, como dije,
con algunas disposiciones rayanas en lo absurdo,
pero sinceramente creo que si no se ataca
el problema de fondo –que sin duda es
el comentado y por todos conocidos- le esta
errando el palo al gato. Podemos tener unos
reglamentos muy proteccionistas y pretender
ser así, los padres del conservacionismo
pero si no educamos al soberano en esta materia,
muy prontamente se predicará en el
desierto.
Por cierto,
no todos los lugareños son ignorantes
en la materia..y no todos los ignorantes en
la materia son lugareños. El control
de los guardapesca debe especialmente acentuarse
en la época del desove.. La única
forma de poder disfrutar de los huevos de
oro, es si realmente cuidamos a las gallinas
que lo producen.
Hasta
la próxima aventura patagónica.
Néstor