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El Monstruo del lago Dos -- Néstor Brizuela


Arco Iris del Lago Dos y la trucha madre !!!

Hacía varias temporadas que veníamos amagando hacerle una visita al lago número Dos, en la zona de Río Pico. Pero por una u otra cuestión siempre relegábamos esa posibilidad, tal vez escapándole a la dificultad geográfica narrada por otros amigos, para poder llegar sin contratiempos hasta las orillas de sus aguas.

Visitar este lago, desconocido para mí y mis amigos, representaba más que el desafío de pescarlo en sí, el encanto que conlleva precisamente ese desconocimiento, la ilusión, la esperanza, la seducción a lo desconocido. Por cierto, no seria fácil llegar hasta allí por diversos motivos que antes que termine esta nota se darán cuenta…Pero esta temporada todo se dio como para que en los primeros días de Marzo decidiéramos concretar aquella vieja aspiración.
Junto a Osvaldo Williams, Matías Parisi y mi hijo Facundo, efectuamos todos los preparativos previos para poner proa al Lago Dos.

Primero conseguir la autorización por escrito de uno de los propietarios de los campos que rodean al lago, para poder ingresar por las numerosas tranqueras, algunas de ellas con llave. Luego conseguir datos de quienes ya habían tenido la factibilidad de pescar en el Dos, no tanto de las truchas, que sabíamos eran buenas, sino de los accesos al lago, ya que existe una maraña de huellas, tranqueras, caminos y senderos, que si no se le acierta con el que efectivamente conduce al lago, le puede ocurrir lo que a nosotros, que anduvimos como turco en la neblina por espacio de más de tres horas.
Para hacer 234 kilómetros desde Esquel al lago, tardamos algo más de siete horas!!! Es cierto que para transitar los últimos 30 km, se tarda algo así como dos horas, pero nosotros le agregamos tres más, porque con el bote a la rastra, transitamos por huellas que la última vez que vieron un vehiculo fue, seguramente, hace más de 30 años y por huellas que nos condujeron a la cima de las montañas, mientras veíamos que las aguas del lago en lugar de acercarse, se alejaban. Pero “atenti”, que cuando hablo de huella, no me refiero a una vía medianamente transitable, me refiero a una especie de camino con pronunciados desniveles, malllines semicubiertos con palos y troncos (prueba evidente que ya alguien había andado peludeando) y con piedras grandes que la noble Toyota SW4 piloteada por Facu, pisó y sorteo de maravillas y claro, con el trailer y bote a cuestas!!!

Una geografía especial y encantadora para hacer 4 x 4 recargado, pero bastante incómoda para andar con semejante carga a la rastra. Y lo triste de todo esto que pese a que no le mezquinamos camioneta ni entusiasmo, seguíamos “perdidos” y con el lago frente a nuestras narices. Volvimos sobre nuestros pasos –después de hacer como 15 km- como tres veces, hasta que finalmente, dimos con la huella bendita que, definitivamente, nos conduciría al lugar del que nos habían hablado: un viejo puesto a la orilla del lago, en el fondo de una pequeña y reparada bahía. Y pensar que en el primer intento habíamos estado a menos de 200 metros de ese lugar!!!! Que le vamos hacer... el que no sabe es como el que no vé…Y el que no vé… seguro que se pierde.!!

Rápidamente a armar el campamento, mientras los “pibes” (Facu y Matías) se encargaban de tirar el bote al agua. Mi vieja Pancho 5 de Cacique (33 años, sumando y hecha una pebeta) fue la primera que puso colorido en el agreste paisaje.

Rápidamente albergó a los colchones y las cuatro bolsas de dormir de alta montaña y obviamente abrigo y mantas. Mucho abrigo. Luego fue el turno del comedor naranja y las mesas. Tender las luces para el generador y motosierra en mano, a buscar leña para el fogón, que dicho sea de paso, es tanta la que se encuentra tirada que no hace falta la moto.

El campamento lo armamos en 20 minutos. Y otros 15 nos tomó inflar el par de belly. A las 18,30 ya estábamos los cuatro y los dos belly arriba del bote, rumbo a la cabecera Sur del Dos. Apenas nos quedaban un par de horas de luz natural y nadie quería perder ese tiempo, sin intentar capturar algunas de las truchas de este lago misterioso para nosotros. Con esa premisa, el bote de aluminio se deslizaba como una flecha en las movidas aguas lacustres. El cielo estaba límpido, sin nubes y una luna nos anunciaba que esa noche haría frío, bastante frío, pero en ese momento ninguno de los cuatro se acordaba del clima, ni de sus inclemencias. Yo no le sacaba los ojos a mi amigo Garmin, el sonar que casi siempre utilizo para navegar en aguas desconocidas.

LLegamos a una pequeña bahía desde donde comenzarían a pescar Matías y Facu desde los belly. Los dejamos en la orilla con el deseo que “los Dioses le sean propicios” ya que los vientos les eran “favorables” por demás.. Osvaldo y yo enfilamos a otra bahía protegida del viento, para cubrir mayor superficie pescable y no molestar a los del belly. Apenas si nos queda poco más de una hora, antes que la luna llena ilumine con todo su esplendor esta bella región del lago Dos.

 

La trucha madre !!!

Los chicos enfilaron pataleando hacia el campamento, recorriendo las pequeñas bahías y nosotros, luego de los primeros intentos en bahía ajena, los seguimos a una distancia considerable. Mis tiros no salen muy buenos, pero hay un motivo. Como siempre, me acompaña mi cañita para línea 5 de cinco tramos a quien cariñosamente la he bautizado “la todoterreno”. Fácil de transportar, algo tosca, pero tiene una acción que me agrada. A la pobre le hacia castear una Tenny 200, a la cual le había agregado un leader corto, pero lastrado con hilo de plomo, más un streamer imitando a un puyén lastrado hasta la manija. Buscaba descender 9 metros como mínimo rápidamente. Es decir le exigía demasiado a la cañita, pero así y todo, se las bancaba bastante bien.

El entorno era atrapante, fascinante. Para mi, que conozco la casi totalidad de los lagos del Chubut, este, el Dos, es acaso el más lindo en cuanto a su conformación geográfica. Paredones de piedra que caen abruptamente sobre las aguas, playas de arena, islas pequeñas, rocas casi a flor de agua, innumerables bahías, bosques de lengas, vestigios de antiguos incendios y esa forma tan particular del contorno del lago que se asemeja a un hipocampo, hacen de este lugar un marco natural de indescriptible belleza.

La luna así de grande parecía ahí nomás y al reparo de la bahía, el suave oleaje no interrumpía para nada el fantástico silencio que nos rodeaba. Silencio. Si no hay grito, no hay pique. Si no hay pique..hay silencio.

Mi amigo Garmin

El sonar es un antiguo elemento tecnológico al que usualmente se lo asocia con la búsqueda de peces. En realidad, esto puede ser muy efectivo en ambientes acuíferos donde los lechos son “limpios”. chatos y arenosos (por ejemplo el mar) pero tienen escasa efectividad donde los lechos –como los de los lagos cordilleranos- poseen troncos hundidos y grandes rocas. Básicamente el sonar funciona con una onda que emite un traductor que se coloca en la popa del bote, al ras del piso de la embarcación, y que al rebotar en el fondo, este traductor “lee” lo que capta y lo transfiere a una pantalla de cuarzo para que se haga visible al ojo humano. Seguro que hay más sofisticados, pero mi viejo amigo Garmin esta bichoco y… lee todo peces. Es decir identifica tanto a la rama de un tronco hundido, como a la saliente de una roca sumergida, como un pez. Entonces no es nada confiable como “buscador” de peces…pero tiene otras virtudes, que sí son muy útiles, sobre todo a la hora de navegar en aguas desconocidas. Tiene alarma de superficie (yo la tengo calibrada a cuatro metros) es decir que todo lo que se encuentre hundido a más de esa distancia, y el bote avance hacia ello, comienza a sonar una alarma indicándome el peligro de posible colisión. Así, en el lago Dos, “descubrimos” una punta de montaña que estaba en medio del lago, a poco más de un metro y medio de profundidad. Y como el alcance de lectura es hasta 300 metros, comprobamos que la parte más honda del Dos, tiene 24 metros, y también una extensa plataforma sumergida de un par de kilómetros que se encuentra entre 4 y 5 metros de profundidad. Como la pantalla también “dibuja” la composición y forma del fondo, pudimos ver que el lecho del lago presenta numerosas grietas profundas, y plataformas chatas a 18 metros de profundidad. Mucha arena en el fondo de ciertas bahías, fondo con algo de plantas acuáticas y bastante fondo pedregoso. El Dos sólo tiene dos lugares donde hay muy pocos juncos y donde vimos algunas libélulas. La temperatura del agua en superficie es de 11 grados por la mañana y de 12 a mediodía (para esta época, con viento y algo de lluvia) . También marca la velocidad de la embarcación y otros chiches más que no utilizo por ser innecesarios…Todos estos datos, luego lo vuelco a mi computadora y de esta forma tengo un archivo personal de los lechos lacustres, su composición y accidentes geográficos de la mayoría de los lagos de la región. Que, como lo dije, a la hora de navegar, son de muchísima utilidad. Sin duda.

Cerca de las 20,00 horas y recogiendo intermitentemente imitando la natación de un puyén siento que en el extremo de la línea algo “paladea” al streamer. “Tengo un pique, le comento a Osvaldo” e inmediatamente una bajada de caña no muy pronunciada, me anuncia que algo bueno hay en el otro extremo de la línea. Primariamente no pelea mucho…pero tampoco se deja ver…La trucha tomó bien abajo y sigue abajo buscando protección en la profundidad y tira, pero no como una trucha grande. La varita 5 rezonga, protesta, transpira, seguro que me maldice, pero se la banca muy bién. El sonido del Batenkill 5 liberando backing se me asemeja a una música celestial. Yo siento en la caña que es una trucha buena, pero aún no le hemos visto “la trucha” valga la redundancia. De repente, la arco iris comienza a subir, cambiando su táctica de escape y como a unos 30 metros del bote, ya con poca luz natural, la vemos por primera vez, de cola. A lo lejos nos parece una trucha buena y por ser la primera cubre acabadamente nuestras expectativas… De pronto se manda otra vez al fondo, pero tirando menos y rápidamente emerge nuevamente. Esta vez, más cerca del bote y entonces si nos damos cuenta que se trata de una trucha grande. Muy grande. Diez minutos de combate, de ir y venir y se pone panza arriba, entonces si la vemos en toda su magnitud. No es una trucha grande…es una arco iris enorme!!. Osvaldo exclama, entre incrédulo y sorprendido: “la p.. madre que trucha!!!” como no creyendo lo que esta viendo y yo le digo trascartón: “eso… es la trucha madre!!!” Le pido a mi amigo que me ayude con la red de mano, que siempre esta en el bote (tejida por otro gran amigo; Jorge Hughes, bien profunda y con un aro de hierro como para meter una ballena) sin embargo al ver el tamaño descomunal de la trucha le digo a Osvaldo que no la levante, que no la saque del agua, por temor a que por el peso de la trucha se rompa el mango de la red. Que meta la arco iris dentro de la red y que yo le ayudare a levantarla, pero agarrando los dos el aro de hierro. Naturalmente que la maniobra tiene sus riesgos, porque no sabemos si la mosca esta bien clavada o…”ahí nomás”, pero no hay tiempo para más. Es ahora o nunca. Despaciosamente le arrimo la arco iris y Osvaldo hace su trabajo. Medio cuerpo de la trucha queda afuera de la red de mano e intenta un último escape. Pero ya es tarde. Agarrando los dos el aro de hierro de la red, la subimos al bote de un viaje y entonces si…nos confundimos en un abrazo interminable y en un griterío, que el eco de las montañas lo multiplica por mil.. Es, sin duda, la mayor arco iris que he capturado en mi vida y eso que tengas varias bien grandes.

La "Historia" de las
truchas del Dos

Según uno de los propietarios de los campos que circundan el lago, durante los años 1996/98 se efectuaron siembras significativas de arco iris, (con alevinos del Lago Cuatro) pero, aparentemente, estos peces no lograron reproducirse. Digo aparentemente porque muy cerca de donde acampamos, se encuentra uno de los dos pequeños cursos de agua que alimentan al lago. Allí, entre las matas, encontré un Guachi, artefacto casero muy utilizado por lugareños que con el rudimentario pero efectivo sistema de un palo y en la punta un lazo de alambre, se dedican a “cazar” truchas en la época del desove. Y, precisamente este hallazgo confirma que a dicho arroyito, entran las truchas a desovar, claro, cuando las dejan vivas. Según Osvaldo, hace 28 años aproximadamente, el mismo participó de una siembra trabajosa y complicada de alevinos de arco iris en este lago (con un alto índice de mortandad, dado lo complicado que era llegar hasta las aguas del lago) por lo que resulta incierto saber que pasó con aquella siembra dado los contratiempos comentados. El lago, salvo los dos pequeños cursos de aguas referidos no tiene entradas de aguas (arroyos, vertientes, etc.) significativas y con posibilidades de oxigenar un fondo de desove acorde, por lo que uno de los motivos por el cual las truchas sembradas no podrían cumplir acabadamente con su ciclo reproductivo, puede ser este. Lo cierto es que no vimos truchas chicas y tenemos la presunción que en este espejo lacustre no son muchas las arco iris que lo habitan y las que hay, pueden ser el producto de la ultima siembra. El peso promedio de captura, ronda los 4 kilos, pero como quedó probado y comprobado, hay truchas descomunales…Tal vez fuera factible efectuar un muestreo profesional para cuantificar con rigor científico la población existente y si existe capacidad reproductiva, ya que si no fuera así, habría que resembrar este particular ambiente de pesca rápidamente. Lo que si resulta visible es la cantidad y la calidad de alimento que posee el lago Dos. A nivel de insectos, fuimos testigos de numerosas eclosiones de éstos y también encontramos una significativa presencia de grandes stone fly (moscas de las piedras) en las pedregosas orillas del lago. Pero lo que es más importante y significativo para la dieta de las arco iris allí existentes, es la presencia de anfípodos, de grandes bancos de almejitas, caracoles y “nubes” de puyenes y peladillas, que la mayoría de los pescadores, fácilmente confunden con alevinos de truchas. Lo curioso es que estos cardúmenes de pequeños peces no se observan cercanos a las orillas únicamente. En el medio del lago, encontramos nadando casi en superficie, varios de estos puyenes y peladillas. Y también es de nuestro conocimiento que algunos de estos peces autóctonos alcanzan un tamaño considerable (de hasta 25 cm. aproximadamente) por lo que es fácil deducir el porque de la exhuberancia de las magníficas arco iris del lago Dos. Ahora bien, a este lago, no son pocos los pescadores de la región que pudiendo llegar hasta sus aguas, le hicieron la cruz, dado que estuvieron varios días tratando de capturar una trucha y no lo lograron. Incluso aquellos que lo pescaron a trolling. Y la ecuación es simple: gran masa de agua x mucha comida x pocas truchas = escasas posibilidades de pique. Pero siempre hay que inisistir…el factor suerte juega aquí un papel más que importante. Sobre todo si se cree en él.

Rápidamente a sacar un par de fotos y prontamente tratamos de devolverla, pero como si hubiera sufrido un paro cardíaco, la trucha no responde a ningún estimulo. Está como paralizada. Sorpresivamente no tiene vida. Definitivamente esta muerta. Como todo ser viviente longevo, el esfuerzo de la lucha debe haber sido demasiado. En estos casos, el estrés producido por el combate le solidifica el ácido láctico e inmediatamente le sobreviene un paro cardíaco. Ante el hecho consumado, Osvaldo saca una balancita de las antiguas, que al pesarla acusa….9 kilos!!!! Es un verdadero poema a la trucha. Pese a que es un macho de unos 10-11 años de edad, es la trucha Madre!!!. Hace muchos años, en Junín de los Andes, en uno de esos Seminarios que daba Mel Krieger dijo este que el acto de devolver o matar una trucha era algo tan íntimo, tan privativo de uno mismo, que lo comparaba con las relaciones sexuales. Actos de los cuales no se dan explicaciones. Quedan en la intimidad y en la conciencia de cada uno. Y yo creo que realmente es así. Solo agrego que no me causa placer ver morir una trucha del tamaño que sea, pero nobleza obliga inferir también, que no se me seca la garganta, ni se me enturbia la vista, ni dramatizo cuando, como en este caso, me toca presenciarlo y ser partícipe de ello. Esta arco iris enorme ya tiene pasaje para Esquel. Menos mal que el reglamento para este espejo lacustre nos ampara y nos permite llevarla, sino en un acto rayano a lo absurdo, habría que haberla dejado inerme en el fondo del lago, como he podido presenciar que hacen algunos pescadores cuando les pasa lo que a mí y sólo para cumplir con un reglamento cada vez más absurdo que les impide portar una trucha superior a los 35 cm.
Lo que si lamento –y mucho- es no haber llevado los elementos indispensables para los trabajos previos a la taxidermia de la arco iris. Porque realmente era una trucha que se merecía la perpetuidad, que seguramente la va a lograr a través de una buena foto.

La llegada al campamento era esperada con mucha ansiedad por Facu y Matías que habían escuchado nuestros gritos. Cuando levante al aparato para mostrárselos, no lo querían creer!! Y no sé muy bien porqué, en estos casos, en esa mezcla de admiración, sorpresa y alegría, los otros no se acuerdan muy bien de la madre del que alcanza el éxito... Hubo fotos para todos los gustos… Facu me dice, “prestamela un cachito que quiero abrazarla” Matías la mira de arriba a bajo y la mide: 98 cm. Y la vuelve a pesar en su balanza. “Che, ahora pesa ocho kilos” me dice. “Claro, ya le sacamos el streamer que pesa un kilo” le respondo. Y si para saber la calidad de pesca de un ambiente, para muestra basta una trucha, presumíamos entonces que lo que nos aguardaría al otro día sería para alquilar balcones.

La mesa y la sobremesa, junto al fogón, se extendió hasta casi la una de la madrugada, rememorando viejas excursiones de pesca y deseando que ya fuera mañana, cuando nos dimos cuenta que una fina capa blanca cubría nuestras espaldas. Estaba helando. Y como…. 7 bajo cero!!!! La luna inmensa se reflejaba tal cual en las ahora inmóviles aguas del Dos y, pese al frió, el paisaje nocturno con ese cielo límpido y el maravilloso manto de estrellas, nos hacían sentir los seres más pequeños del mundo…Esto es Pura Patagonia, con mayúsculas.

Me levante a regar los ñires a las 6,30 de la mañana y aproveché a sacarle un par de fotos a las brumas del amanecer, sobre el lago.

Esa tonalidad rojiza le daba al paisaje un aspecto mágico, difícil de describir en su exactitud. Sería, sin duda, un día caluroso y de aguas quietas. Demasiado quietas para mi gusto. Todo liquido que estaba dentro del comedor estaba congelado. La soda, el agua, las gaseosas..Menos mal que waders y belly fueron cubiertos por la lona cubrebote, sino también estarían congelados. A las 9 de la mañana y con algo de brumas aún, luego de un flugual desayuno como Dios manda, ya estábamos los cuatro navegando en la búsqueda de la otra cabecera del lago. Y tal como preveía, lago planchado… Ideal para navegar hasta con una palangana, pero nada bueno para pescar. Sobre todo este tipo de truchas que no llegaron a este tamaño por casualidad, pero naturalmente que haríamos el intento.

La mañana sirvió para sacar fotos del entorno; “la piedra blanca” pintada así por el excremento de los cormoranes, de las bahías profundas, y del par de visones (uno totalmente albino) que ignorándonos, jugueteaban en las orillas.

Yo seguía con el streamer “de los 9” como lo bautice... y Osvaldo había puesto algo similar, de color más oscuro. De pronto, me dice “ahí viene una!!”…y justo que alcanzo a mirar el fondo rocoso, cerca del bote, veo que una arco iris bien grande le yerra al streamer y al volver de nuevo a atacar, nos encuentra a nosotros en su campo visual…. la trucha ha de haber pensado “soldado que se retira a tiempo, sirve para otra guerra” y se aleja rápidamente perdiéndose en la profundidad. A las 13 horas, con calma chicha y con un sol fuerte decidimos que ya era hora de disfrutar de ese suculento y tradicional pastel de papas campero, a los que nos tiene acostumbrado Osvaldo. El retorno al campamento coincidió con una suave brisa que de a poco fue desdibujando las imágenes reflejadas en el espejo lacustre. El lago comenzaba a moverse, formando oleaje y presagiando mejores condiciones de pesca para la tarde.

La sobremesa se extendió más de la cuenta y luego hubo una reparadora siesta hasta casi las seis. Urgente a cambiarse y otra vez a navegar. La brisa se había transformado en viento, decidimos entonces visitar un par de bahías del extremo sur del lago, que estaban bien reparadas. En una orilla dejamos a los “menores! (de 32 años) con los belly y nosotros decidimos pescar toda la orilla de enfrente, hasta donde las lengas altas casi tocan las aguas. Y en donde el lago presenta una extensa plataforma sumergida de apenas 4 y 5 metros de profundidad. En la mitad de esta plataforma, Osvaldo recibe un tirón que casi le arranca la caña de las manos. Una arco iris cabrera le saca como 50 metros de backing, señal que es de las buenas. Se trata de un macho de algo más de 5 kilos que dio una prolongada pelea antes de que posara para la foto y fuera devuelto, con beso y fiesta de despedida.

El viento cobra intensidad y ya no me resultaba tan fácil castear el streamer lastrado, decidimos volver al lugar donde habíamos dejado a los “pibes”… Nos arrimamos con el bote a una distancia prudencial de los belly y allí nos enteramos que cada uno ellos habían perdido una trucha tamaño baño. A Facu, en el primer “rush” la arco iris le sacó casi la totalidad del baking y luego enfilo hacia las grandes piedras de la profundidad, donde cortó el leader. Casi en simultáneo Matías tuvo su emocionante oportunidad. Nada más que intentar pararla, pero fue inútil. Es como querer parar un tren… La fuerza de la trucha pudo más que la resistencia del leader. Y eso que habíamos hablado que el lago les daría una oportunidad y que deberían aprovecharla al máximo! Truchas grandes perdidas, dolores grandes ganados. Los dos sintieron la emoción de tener una trucha de las buenas en su línea. Los dos quedaron con la amargura que causa la decepción de la trucha triunfadora, pero con la sensación incomparable de un pique descomunal... Para colmo, en ese momento y en ese mismo lugar, cometo el error de decirles que me dejen hacer “un tirito” y una arco iris comete el error de tomar mi streamer. Nada que ver con la Trucha Madre, pero sacó backing de lo lindo. Foto y fiesta de despedida para esta arco iris de cuatro y medio aproximadamente….

La noche junto al fogón nuevamente revivió una y otra vez esos momentos y cada uno, a su manera, analizaba que error había cometido como para perder semejantes truchas, hasta que llegó la hora del truco. “En algo le tenemos que ganar a estos viejos” dijeron los pibes. Pero no hubo caso. El partido se prolonga, pero termina cuando es echada la falta y yo con 33 de mano…”estos no saben con quienes se metieron, no aprenden nunca” dijo Osvaldo…los del bote les ganamos a los del belly lejos, por afano…Mejor a dormir y soñar con la hermana de la Trucha Madre.

Esa noche el clima no sería tan despiadado con nosotros. El viento fuerte, no impidió que disfrutáramos del eclipse de luna más impactante que observáramos en años. La noche se hizo larga para Facu y Matías que buscarían su revancha tan pronto como pudieran…La mañana demoró en llegar lo que tarda la noche en pasar y se presentó ventosa y con chubascos. Como Osvaldo prefirió quedarse ha asar su conocido costillar al palo e ir desarmando de a poco el campamento, decidimos llevar un solo belly que utilizaría Facu.

Así los tres nos fuimos de un viaje a la bahía donde habían perdido sus moscas… y las truchas, claro. Pero ya el viento arrachado, también aquí hacia de las suyas. Facu rápidamente clava una linda arco iris de unos cuatro kilos largos, que lo paseo bastante con el belly. Su grito aún debe estar retumbando en los cañadones del Dos.

Lo acompañamos y lo alentamos desde el bote hasta que logra que su trucha, de pez pase a pescado. Foto, beso y te fuiste. Pero nada que ver con la anterior que le llevó la mosca y lo dejó con la sangre en el ojo… Intentamos hacer un par de tiros más pero el viento ya es insoportable y para colmo comienza a lloviznar. Por primera vez, probé el ancla de capa, obsequio de mi amigo Eduardo Bresba, pero aún así el fuerte viento nos arrastraba como a una hoja de papel. Y como siempre digo, cuando la pesca deja de ser gratificante, pasa a ser mortificante, y es entonces cuando decidimos poner punto final al intento de atrapar truchas y mejor disfrutar del entorno geográfico, navegar sin mojarnos, mientras lentamente regresamos al campamento. El lago Dos nos había premiado con muy pocas truchas pero de excelente calidad y nos enviaba una tarjeta de invitación para que lo volviéramos a visitar prontamente. Que debido al inicio de la época de lluvias y nevadas, seguramente será la temporada que viene. Pero no nos podíamos quejar. Este bello y gran espejo lacustre nos había hecho partícipes de momentos inolvidables y nos había regalado unas truchas muy buenas además de la trucha madre.. Pero ahora era momento de pensar en otra cosa.. en ese riquísimo costillar que allá, en nuestro campamento, se asaba lentamente…Nos preparábamos para otra fiesta. La que uno no quiere que llegue nunca, pero como todo, llega… La de la de despedida del Dos.

 

Puyenes y peladillas: lo que hay que saber

Cuando atamos una Zonker, una matuka o cualquier otro streamer, en la mayoría de los casos, tratamos de imitar un juvenil de pececito. Y aunque le ponemos plumas, pelos y materiales reflectivos de mil tipos, que rara vez coinciden con la coloración real de los juveniles que habitan junto a las truchas, estos señuelos resultan ser muy eficaces a la hora de pescar. Ahora, si en nada o poco se asemejan a los naturales, ¿Porque habrá atacado la trucha a un anzuelo disfrazado con semejante carnaval? Porque tenía apetito?... porque la trucha se puso cabrera?... por invasión de territorio? Lo cierto es que no hay una respuesta exacta, habida cuenta que hasta la fecha nadie ha podido hablar con alguna trucha, pero yo creo que hay un poco de todo aquello planteado en los interrogantes, más claro está, un cachito así de conocimiento y esa dosis así de grande del factor suerte que anteriormente comentaba.

Todos los salmónidos son caníbales. Se comen entre sí y principalmente a aquellos congéneres (o no) que les cuesta menos energía alcanzarlos. Además de alevinos y juveniles de las distintas variedades de truchas y salmones, de percas y de pejerreyes (a estos últimos son los que más les cuesta alcanzarlos, al ser mucho más veloces en la natación que las truchas) hay otras especies de peces que no por menos conocidas, dejan de ser importantes en la dieta de las truchas patagónicas y también a la hora de “vestir” los anzuelos. Estas son: el Bagre de los Torrentes, pececito que tiene manchas oscuras atigradas en el lomo y el vientre de color marrón pálido. Se lo reconoce por sus tres pares de bigotes y sus ojos pequeños. (acaso una Woolly Bugger con tres pares de patas de goma?). Luego está el Bagre Aterciopelado. De muy bonitos colores, donde se destaca el morado grisáceo tirando a lila, con manchas redondas negras y panza gris claro. En el maxilar posee una barbilla corta comprimida al cuerpo. Luego tenemos el conocido (conocido?) Puyén. Cuando son juveniles son casi transparentes, pasando esa etapa son plateados con manchas negras y es fácil confundirlos con juveniles de trucha, aunque se lo puede diferenciar porque la aleta dorsal está llegando a la cola o aleta caudal. Luego tenemos el Puyén Grande. Tiene un color oscuro en el lomo, negro oliváceo y laterales cubiertos con manchas vermiculares (parecidos a las que tienen las fontinalis en el lomo) de color dorado mezclado con una tonalidad verde. Y finalmente tenemos a las Peladillas. De estas hay dos variedades. Una totalmente plateada y la otra plateada con barras oscuras transversales a lo largo de los flancos (también denominada Zebra) que los asemeja bastante a los juveniles de trucha. Bueno, ya tiene una idea porque las truchas atacan a los streamers y tal vez –porque nó- porque prefieren la diferencia de coloridos.. Si le quedan dudas, cuando logre conversar con alguna trucha me lo cuenta…

 

Moscas empleadas

GIANT JHON COOPER
RED NESS SPECIAL
PUYEN DE LOS 9

PELADILLA DEL DOS
BONO BOM
SPUDDLER SPECIAL

Cuidemos el fuego, para cuidar el bosque

En una de las fotos, se observa las catastróficas consecuencias de un incendio de bosques no muy lejano en las orillas del lago Dos. El fogón en un campamento es algo más que indispensable, no sólo porque sirve para darnos calor o cocinar, sino porque junto a el, las noches se hacen muchas más cortas y es el testigo mudo de miles de anécdotas de todo tipo y calibre. Muchas veces los propietarios de los campos con costa de ríos o lagos son remisos a otorgar permisos para acampar o encender un fuego, debido precisamente al temor que representa un posible incendio de bosques, cualquiera sea su proporción. Sabido es que, además de aquellos que se producen ex profeso y por el cual se cae en un hecho delictual (obra de dementes y que desgraciadamente últimamente se producen más asiduamente en la región andino-patagónica) le siguen los que se producen por descuido o negligencia. Hay que extremar las precauciones principalmente en dos momentos: al encender el fuego y al apagar el mismo.

Usualmente cuando uno llega a sitios para acampar a orillas de un lago, ya hay viejos fogones hechos de piedras prolijamente acomodadas de tal manera que sirven de reparo y como una barrera entre el fuego y el resto del paisaje. Pero al momento de hacer un fogón nuevo, hay que poner especial cuidado en las hojas secas que hay bajo la tierra. Limpiar bien el lugar de hojas y malezas y hacer un muro de piedras o lo que fuere, para aislar totalmente el fogón del resto del lugar. No son pocos los que se van a pescar dejando gruesos troncos ardiendo en el fogón (o raíces grandes) sin que nadie lo cuide, cosa que al retornar, se tenga brazas o aún fuego. Si el fogón no está bien aislado ni protegido, esto es una locura total, ya que sólo falta un poco de viento y una chispa como para encender una tragedia. Otra negligencia se comete al abandonar definitivamente el campamento. No hace mucho llegamos a acampar a un sitio donde en el fogón, aún había cenizas calientes… Hay quienes le echan varios baldes de agua al fuego y se cercioran de que realmente este quede bien apagado. Pero hay quienes lo apagan muy por encima o directamente dejan que se consuma la poca leña, quedando encendido el fogón. Otra locura. Igual que en el caso anterior, sólo falta un poco de viento, una chispa que vuele..y que vengan los bomberos. La foto que muestro es más que elocuente: un bosque de lengas que ya no es tal…y creo que si a todos los que nos gusta el campamento extremamos los cuidados con el fuego, podemos ayudar a evitar este tipo de destrucción. Mamá natura, los propietarios y nosotros mismos, agradecidos.
De la basura, ya me ocupe en notas anteriores. Afortunadamente como a estos lugares debido a las dificultades que representa el poder acceder, son muy pocos lo que pueden llegar, no encontramos mucha basura ajena. Pero al traer la nuestra, aprovechamos para traer también algo de latas quemadas y desechos de otros nabos que siguen creyendo que el basurero pasa a las seis de la tarde.

 

Cazar o pescar truchas

Desde el punto de vista de la conservación y desde mi exclusivo punto de vista, no resulta preocupante si alguien se lleva una o diez truchas de algún lugar que está expresamente vedado para ello. Pero si resulta alarmante, si en plena época de desove, alguien se lleva una o diez de esas truchas con todo su precioso cargamento de ovas, ya que no sólo esta matando una o diez truchas, sino también su efecto multiplicador. Se calcula que aproximadamente unas 2.000 ovas corresponden a cada kilo vivo de trucha. Es decir que una hembra de cuatro kilos, puede ser la portadora de 8.000 ovas, de las cuales un bajísimo porcentaje (10% aproximadamente) se transformará en alevinos y sólo un 3-4% de éstos y en el mejor de los casos y sorteando miles de peligros, puede llegar a ser pez adulto. Para sintetizar, aproximadamente 25 truchas de aquellas 8.000 ovas originales pueden portar la chapa de adultas.

Y si el mismo cazador se lleva diez de estas truchas, estará restando al ambiente de pesca unas 250 truchas mayores. Quien provoca más daño? Aquel piola, por llamarlo de alguna manera, que se llevó una o diez truchas del ambiente vedado, o este cazador de hembras en el desove que en la suma, se llevó casi 300 truchas…Obviamente que no hay que tener muchas luces para deducir la respuesta… Desgraciadamente, esta lamentable situación, la de matar truchas en pleno desove –que es cuando el pez se muestra más vulnerable producto del estado en que se encuentra- se repite una y otra vez, año tras año. Inexorablemente. Y la culpa cae, obviamente, en el lugareño. El paisano que conoce perfectamente donde, cuando y como cazar estas truchas. El guachi encontrado en cercanías del curso de agua que desemboca en el lago Dos, es sólo una prueba más de lo que digo. Hace años, mientras acampábamos en el bosquecito del lago número Cinco (cuando cruzar el río Pampas era una odisea y todavía era posible capturar esas marrones grandes que hoy ya no están) se nos acercó un puestero a caballo, con el que rápidamente entablamos una fluida conversación, tetra brik de por medio. Este hombre nos dijo que no valía la pena pescar en ese entonces.. que había que venir a fin de junio, cuando las marrones entraban en el arroyo, donde allí las agarraban a guachi “y sino con la horquilla”..Yo le pregunté si sabía el daño que causaba y me respondió que nó. El sólo quería cambiar un poco su dieta diaria de capón por algo de pescado. y comprendí entonces su ignorancia. La culpa no es tanto del que comete este tipo de atentados, sino del que tiene la obligación de enseñarle el daño que produce al provocar ese atentado. Es decir, sacarlo de su ignorancia y hacerlo partícipe activo de la protección y la conservación de truchas o de la vida que sea. Cómo hacerlo? No es tan complicado y bien creo que vale la pena intentarlo, sobre todo porque nunca es tarde para este tipo de cosas. Creo que en todas las escuelas rurales habría que incorporar una materia exclusivamente orientada a la protección y conservación donde se le enseñe a los chicos, desde muy chiquitos, el daño que produce matar una trucha en la época del desove. Llevarles profesionales en la materia (biólogos, estudiantes universitarios, etc.) que con palabras simples les hagan ver las consecuencias del daño que se causa a un recurso natural, que después ellos mismos pueden disfrutar. Es decir, no sólo lo que las maestras les puedan enseñar, sino que cada tanto uno de aquellos profesionales les haga una visita para ver que aprendieron y para no perder esa relación “del hombre que sabe” con los alumnos. Trabajos prácticos, bibliografía acorde, llevarlos a una piscicultura para que vean ovas con y sin ojos, presenciar el nacimiento de un alevino, hacerles sembrar alevinos en el arroyito cercano a la escuelita y todo aquello que coadyuve a, en el tiempo, querer genuinamente esa protección para “sus” truchas. Obviamente que el Estado Provincial no se puede hacer el sota, silbar y mirar para arriba. Debe y tiene que tener una activa participación en todo esto. Cada vez se preocupan por sacar reglamentos más restrictivos a la pesca recreativa, como dije, con algunas disposiciones rayanas en lo absurdo, pero sinceramente creo que si no se ataca el problema de fondo –que sin duda es el comentado y por todos conocidos- le esta errando el palo al gato. Podemos tener unos reglamentos muy proteccionistas y pretender ser así, los padres del conservacionismo pero si no educamos al soberano en esta materia, muy prontamente se predicará en el desierto.

Por cierto, no todos los lugareños son ignorantes en la materia..y no todos los ignorantes en la materia son lugareños. El control de los guardapesca debe especialmente acentuarse en la época del desove.. La única forma de poder disfrutar de los huevos de oro, es si realmente cuidamos a las gallinas que lo producen.

Hasta la próxima aventura patagónica.
Néstor

 
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