Muchas
especies todas las modalidades
Atiendo el teléfono
y para mi sorpresa era Hernán (Tarucher),
despidiéndose de mí para irse
una vez más a Paso de la Patria, Corrientes,
tras la frustrada salida que hicimos con Sebas
hacía un tiempo, y que nos dejó
con el sabor amargo de hacer sapo pese a haberla
pasado de primera como de costumbre.
-“¿Cuándo
salís Taru?”
- “Hoy, a las 6 de la tarde.”
-“¿Venís?”
-“¿Tenés lugar?”
-“Si!” (Tengo el sí fácil
para esas cosas…)
-“Estoy armando el bolso!”
Después
de un viaje sin contratiempos y habiendo parado
en Esquina a reponer energías, llegamos
al “Paso” a las 5 AM.
Previamente compramos
unas docenas de morenas en la morenera de
la entrada, doblando a la izquierda 200 metrospor
el camino que nace inmediatamente después
de la Shell a unos 2 km. antes de la entrada
al pueblo.
Roberto (Poppers)
que estaba vacacionando allá con su
familia, esperaba nuestro arribo con gorro
y chaleco puestos y la caña armada.
Ansiosos, preparamos nuestros equipos al tiempo
que comíamos algo mientras nos dirigíamos
al muelle de las cabañas “Don
Julián”.
Una morena fue
enhebrada en cada anzuelo y arrojada al agua
con la velocidad de un rayo. Dándole
línea, dejábamos correr el aparejo
unos 50 metros, recogíamos y volvíamos
a tirar aguas arriba. Segunda pasada, corrida
en mi caña, palazo y saltito, corta
lucha y el primero arriba, un pequeñín
de no más de 2 kilos abrió el
marcador, como dándonos la bienvenida.
Mientras reanimaba
al doradito, Hernán prende al hermanito
que regala incontables saltos hasta ser reducido
y devuelto igual que el primero. Una sacada
de nylon al reel de Roberto, clavada y se
desprende. Otro tiro, misma corrida, palo
y otro más.
-“Ahora
si, vamos a desarmar los bolsos tranquilos”,
dijo Hernán.
Ese mañana
continuamos sacando doradillos desde el mismo
lugar, en rachas de tres o cuatro piques separados
por 30 minutos de inactividad.
Luego de
un ataque a discreción sobre un par
de docenas de empanadas de surubí,
nos embarcamos en un trucker de 6,70 m, timoneado
por Sixto, uno de los guías más
baqueanos de la cabaña.
“Pindaceando”
en los veriles que se extienden desde un banco
de arena enfrente de las cabañas y
tras haber rechazado la alternativa de hacer
trolling, pasamos el día atentos a
las cañas, pero sin ningún resultado,
a pesar de ver como todas las lanchas que
operaban en esa cancha levantaban pescado.
La jornada pasó
volando, así que a la noche nos pusimos
a pescar unas boguitas con equipo ultralight
desde la costa y debido al pobre pique, nos
desplomamos sobre las almohadas.
A la mañana
siguiente, embarcamos en el mismo trucker
a intentar pescar en spinning contra las piedras
de la costa, derivando con el motor apagado.
Segundo tiro de la bananita cardenal contra
una piedra que se elevaba del agua y generaba
una linda corredera, y un latigazo de mi caña
es seguido por un grito de alegría.
Salto, pelea, un par más de saltos,
y arriba el primer chicuelo, lo que nos hizo
ilusionar pensando en un día de intenso
pique. Como siempre sucede, por casi media
hora nadie más registró un toque.

No movimos y
fondeamos en la entrada de un arroyo, en donde
el agua se arremolinaba y se formaban una
sucesión de correderas prometedoras.
Los coloridos engaños volaron como
misiles hacia la entrada del aguaje y a mitad
del recorrido, otro cimbronazo a mi caña,
clavada y ahí quedó la caña
arqueada. Unos segundos de tironeo violento,
un cuarto de vuelta menos al freno, y salta
un doradillo de unos 4 kilos, unos minutos
de lucha y captura al fin, lo izamos, fotografiamos
y devolvimos con inmensa alegría.
Roberto recibe
un ataque a su banana negra con franjas naranjas
y con maestría clava, pelea y logra
otro doradillo hermoso de unos 3,5 kilos.

Hernán
cambia el señuelo por un Cotton Cordell
shad, edición Jimmy Houston color mojarra
que yo le había regalado en su cumpleaños
y con un perfecto y preciso casteo, el señuelo
cae en la boca del arroyo. Bastaron dos vueltas
de manivela de su reel para que un tirón
de una violencia inusitada hiciera estallar
el multifilamento del… 0,24!!!. Segundos
después, la catarata de improperios
liberada por mi amigo se detuvo ante el salto
de un dorado de unos 6 kilos, o tal vez más,
con su señuelo en la boca. Inmediatamente
mi señuelo voló hacia el lugar
y fue atacado en el acto, supongo que fue
el mismo dorado, pero se soltó, tal
vez por haber cañado muy rápido
por la emoción de saber que era un
ejemplar de los buenos. Improperios a dúo
fueron recitados por mi y por Hernán,
mientras me mostraba la perfecta regulación
del freno de su reel, y yo observaba las terribles
dentelladas sobre el lomo de mi señuelo,
el único lugar donde que podía
atacar si quedar prendido del triple.
Una de las técnicas
más efectivas consistía en ubicar
el tiro pasando la corredera, para inmediatamente
“rippear” (recoger a exagerada
velocidad) un crankbait alargado de paleta
larga. Gracias a su forma, el señuelo
adquiere un ángulo de 45 grados con
respecto al fondo, y en su recuperación
golpea y levanta arenilla y piedras con la
paleta, salvando los enganches y llamando
la atención de los peces por el ruido
que producen los golpes.
En otra pasada
sobre unos juncales de la costa y tras haber
visto movimiento de forraje, Roberto y Hernán
prendieron sendos doradillos más, y
yo perdí uno que luego se desprendió
en un salto y el señuelo salió
proyectado e impactó... adivinen dónde,
sin consecuencias más graves que una
breve pausa de pesca. Cerró el marcador
Roberto con otro pequeño y nos volvimos
fumando un habano y contemplando las fotos.
Llegados a la
orilla y atracada la lancha, Hernán
realiza un tiro y clava el ultimo con un pescadito
con cuchara. Hermosa pesca.
Por la tarde
nos dedicamos a las “mochitas”
que habitan los lagunones que se encuentran
antes de la entrada del pueblo, y atacan violentamente
señuelos de superficie. Luego de divertirnos
un rato, nos fuimos a otra laguna en donde
fuimos cruelmente escamados por Roberto. Se
despachó con unas Malabaricus hermosas,
de oscuros colores, las cuales pudimos observar
persiguiendo y atacando los engaños.
El resto de la
tarde pescamos boguitas, pequeños pirá
pitás y sanpedritos, junto a unos aguerridos
mojarrones que no vacilan en atacar una Black
Fury 00. Lo que conmovió fue la cantidad
de doradillos de 15 a 25 cm. que se veían
y atacaban cualquier cosa, inclusive los granos
de maíz para la boga. Joaquín,
el hijo de Roberto, que está haciendo
sus primeras armas en la pesca capturó
el solito, 8 doradillos que lo llenaron a
él de emoción y de “baba”
al papá.
La mañana
siguiente nos embarcamos con la ilusión
de prender algún gigantón. La
madre de Hernán y su hermano lograron
capturas de 12, 10 y 7 kilos un par de días
atrás. La falta de piques nos hizo
escuchar los consejos del guía y hacer
aunque sea unas pocas pasadas a trolling.
Un pequeño doradillo y un par de sábalos
robados fue todo lo que obtuvimos. Como curiosidad,
justo antes del regreso tiré con la
caña de bait y una bananita mediana
y prendí una enorme lacha que me hizo
asustar.

Al regreso, pescamos
desde costa unos cuantos doradillos más
de hasta dos kilos, y obtuvimos varios dobletes
con el primo de Hernán.
Al ser tan intensa
la actividad, Hernán se decidió
a ensamblar su flamante Sage #5 de 9 pies,
acompañada de un Shooting de hundimiento
IV, y usando un streamer amarillo y rojo.
Con impecables casteos, dignos de mosqueros
con muchos años de experiencia y sumergido
hasta las rodillas, literalmente le puso la
mosca en la boca a un doradillo exaltado por
la actividad reinante.
Un alarido de
alegría y las vibraciones de su recientemente
estrenada caña fueron seguidas de una
lucha sin cuartel durante la cual ninguno
de los dos regaló nada, pero lentamente
el freno de su Reel STH y la sorprendente
acción de su subpotenciada caña
fue cansando al doradillo hasta que se dejó
tomar por Hernán. Foto obligada y una
alegría desbordante por la captura
y el debut del equipo. Un broche dorado para
fantásticas jornadas compartidas.

Equipos
utilizados
Hernán
empleó un equipo de bait casting compuesto
por una Shimano Jimmy Houston de 10 a 17 lbs.
con un reel Banax Zest y multifilamento Sufix
Gyro del 0,24.
Para trolling o pesca con carnada una Shimano
Convergence 15 a 30 libras con un Abu Ambassadeur
6000 con Raiglon del 0,40 y para spinning
una Shimano Scimitar con un Abu Cardinal 101.
Roberto usó una Banax huracán
con un Abu 102 cargado con Spiderwire de 14
libras para spinning y una Okuma Celilo con
un Abu Cardinal 101 para especies menores.
Yo usé una St.Croix Premier SCIII 10-20
libras con un Daiwa Procaster PT-33 cargado
con Whiplash Pro de Berkley de 30 libras para
bait cast y para spinning una Kennedy de 6
a 12 libras con un Shakespeare Wonderreel
2002 con Spiderwire de 12 libras.

Columna
izquierda (media agua)
1 y 2: Saltwater Thunderstick de Storm
(Rattling)
3: Jointed Saltwater Thunderstick (Rattling)
4: Tucán Flex de Del
5: Long “A” de Bomber (Rattling) |
Columna
derecha (profundidad)
1: Rattlin´ Fat Rap de Rapala
2: Killer de Alfer´s
3: Deep Thunderstick de Storm (Rattling)
4, 5 y 6: Banana mediana de Alfer |
Esta salida
no hubiera sido posible sin la invitación
y la buena onda de Hernán, la hospitalidad
y generosidad de su familia y la compañía
de Roberto, del cual siempre me queda algo
por aprender.
Un
abrazo grande, Needle.