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Doradillos al Paso -- Bruno Saccone


Muchas especies todas las modalidades

Atiendo el teléfono y para mi sorpresa era Hernán (Tarucher), despidiéndose de mí para irse una vez más a Paso de la Patria, Corrientes, tras la frustrada salida que hicimos con Sebas hacía un tiempo, y que nos dejó con el sabor amargo de hacer sapo pese a haberla pasado de primera como de costumbre.
-“¿Cuándo salís Taru?”
- “Hoy, a las 6 de la tarde.”
-“¿Venís?”
-“¿Tenés lugar?”
-“Si!” (Tengo el sí fácil para esas cosas…)
-“Estoy armando el bolso!”

Después de un viaje sin contratiempos y habiendo parado en Esquina a reponer energías, llegamos al “Paso” a las 5 AM.

Previamente compramos unas docenas de morenas en la morenera de la entrada, doblando a la izquierda 200 metrospor el camino que nace inmediatamente después de la Shell a unos 2 km. antes de la entrada al pueblo.

Roberto (Poppers) que estaba vacacionando allá con su familia, esperaba nuestro arribo con gorro y chaleco puestos y la caña armada. Ansiosos, preparamos nuestros equipos al tiempo que comíamos algo mientras nos dirigíamos al muelle de las cabañas “Don Julián”.

Una morena fue enhebrada en cada anzuelo y arrojada al agua con la velocidad de un rayo. Dándole línea, dejábamos correr el aparejo unos 50 metros, recogíamos y volvíamos a tirar aguas arriba. Segunda pasada, corrida en mi caña, palazo y saltito, corta lucha y el primero arriba, un pequeñín de no más de 2 kilos abrió el marcador, como dándonos la bienvenida.

Mientras reanimaba al doradito, Hernán prende al hermanito que regala incontables saltos hasta ser reducido y devuelto igual que el primero. Una sacada de nylon al reel de Roberto, clavada y se desprende. Otro tiro, misma corrida, palo y otro más.

-“Ahora si, vamos a desarmar los bolsos tranquilos”, dijo Hernán.

Ese mañana continuamos sacando doradillos desde el mismo lugar, en rachas de tres o cuatro piques separados por 30 minutos de inactividad.
Luego de un ataque a discreción sobre un par de docenas de empanadas de surubí, nos embarcamos en un trucker de 6,70 m, timoneado por Sixto, uno de los guías más baqueanos de la cabaña.

“Pindaceando” en los veriles que se extienden desde un banco de arena enfrente de las cabañas y tras haber rechazado la alternativa de hacer trolling, pasamos el día atentos a las cañas, pero sin ningún resultado, a pesar de ver como todas las lanchas que operaban en esa cancha levantaban pescado.

La jornada pasó volando, así que a la noche nos pusimos a pescar unas boguitas con equipo ultralight desde la costa y debido al pobre pique, nos desplomamos sobre las almohadas.

A la mañana siguiente, embarcamos en el mismo trucker a intentar pescar en spinning contra las piedras de la costa, derivando con el motor apagado. Segundo tiro de la bananita cardenal contra una piedra que se elevaba del agua y generaba una linda corredera, y un latigazo de mi caña es seguido por un grito de alegría. Salto, pelea, un par más de saltos, y arriba el primer chicuelo, lo que nos hizo ilusionar pensando en un día de intenso pique. Como siempre sucede, por casi media hora nadie más registró un toque.

No movimos y fondeamos en la entrada de un arroyo, en donde el agua se arremolinaba y se formaban una sucesión de correderas prometedoras. Los coloridos engaños volaron como misiles hacia la entrada del aguaje y a mitad del recorrido, otro cimbronazo a mi caña, clavada y ahí quedó la caña arqueada. Unos segundos de tironeo violento, un cuarto de vuelta menos al freno, y salta un doradillo de unos 4 kilos, unos minutos de lucha y captura al fin, lo izamos, fotografiamos y devolvimos con inmensa alegría.

Roberto recibe un ataque a su banana negra con franjas naranjas y con maestría clava, pelea y logra otro doradillo hermoso de unos 3,5 kilos.

Hernán cambia el señuelo por un Cotton Cordell shad, edición Jimmy Houston color mojarra que yo le había regalado en su cumpleaños y con un perfecto y preciso casteo, el señuelo cae en la boca del arroyo. Bastaron dos vueltas de manivela de su reel para que un tirón de una violencia inusitada hiciera estallar el multifilamento del… 0,24!!!. Segundos después, la catarata de improperios liberada por mi amigo se detuvo ante el salto de un dorado de unos 6 kilos, o tal vez más, con su señuelo en la boca. Inmediatamente mi señuelo voló hacia el lugar y fue atacado en el acto, supongo que fue el mismo dorado, pero se soltó, tal vez por haber cañado muy rápido por la emoción de saber que era un ejemplar de los buenos. Improperios a dúo fueron recitados por mi y por Hernán, mientras me mostraba la perfecta regulación del freno de su reel, y yo observaba las terribles dentelladas sobre el lomo de mi señuelo, el único lugar donde que podía atacar si quedar prendido del triple.

Una de las técnicas más efectivas consistía en ubicar el tiro pasando la corredera, para inmediatamente “rippear” (recoger a exagerada velocidad) un crankbait alargado de paleta larga. Gracias a su forma, el señuelo adquiere un ángulo de 45 grados con respecto al fondo, y en su recuperación golpea y levanta arenilla y piedras con la paleta, salvando los enganches y llamando la atención de los peces por el ruido que producen los golpes.

En otra pasada sobre unos juncales de la costa y tras haber visto movimiento de forraje, Roberto y Hernán prendieron sendos doradillos más, y yo perdí uno que luego se desprendió en un salto y el señuelo salió proyectado e impactó... adivinen dónde, sin consecuencias más graves que una breve pausa de pesca. Cerró el marcador Roberto con otro pequeño y nos volvimos fumando un habano y contemplando las fotos.

Llegados a la orilla y atracada la lancha, Hernán realiza un tiro y clava el ultimo con un pescadito con cuchara. Hermosa pesca.

Por la tarde nos dedicamos a las “mochitas” que habitan los lagunones que se encuentran antes de la entrada del pueblo, y atacan violentamente señuelos de superficie. Luego de divertirnos un rato, nos fuimos a otra laguna en donde fuimos cruelmente escamados por Roberto. Se despachó con unas Malabaricus hermosas, de oscuros colores, las cuales pudimos observar persiguiendo y atacando los engaños.

El resto de la tarde pescamos boguitas, pequeños pirá pitás y sanpedritos, junto a unos aguerridos mojarrones que no vacilan en atacar una Black Fury 00. Lo que conmovió fue la cantidad de doradillos de 15 a 25 cm. que se veían y atacaban cualquier cosa, inclusive los granos de maíz para la boga. Joaquín, el hijo de Roberto, que está haciendo sus primeras armas en la pesca capturó el solito, 8 doradillos que lo llenaron a él de emoción y de “baba” al papá.

La mañana siguiente nos embarcamos con la ilusión de prender algún gigantón. La madre de Hernán y su hermano lograron capturas de 12, 10 y 7 kilos un par de días atrás. La falta de piques nos hizo escuchar los consejos del guía y hacer aunque sea unas pocas pasadas a trolling. Un pequeño doradillo y un par de sábalos robados fue todo lo que obtuvimos. Como curiosidad, justo antes del regreso tiré con la caña de bait y una bananita mediana y prendí una enorme lacha que me hizo asustar.

Al regreso, pescamos desde costa unos cuantos doradillos más de hasta dos kilos, y obtuvimos varios dobletes con el primo de Hernán.

Al ser tan intensa la actividad, Hernán se decidió a ensamblar su flamante Sage #5 de 9 pies, acompañada de un Shooting de hundimiento IV, y usando un streamer amarillo y rojo. Con impecables casteos, dignos de mosqueros con muchos años de experiencia y sumergido hasta las rodillas, literalmente le puso la mosca en la boca a un doradillo exaltado por la actividad reinante.

Un alarido de alegría y las vibraciones de su recientemente estrenada caña fueron seguidas de una lucha sin cuartel durante la cual ninguno de los dos regaló nada, pero lentamente el freno de su Reel STH y la sorprendente acción de su subpotenciada caña fue cansando al doradillo hasta que se dejó tomar por Hernán. Foto obligada y una alegría desbordante por la captura y el debut del equipo. Un broche dorado para fantásticas jornadas compartidas.

 

Equipos utilizados

Hernán empleó un equipo de bait casting compuesto por una Shimano Jimmy Houston de 10 a 17 lbs. con un reel Banax Zest y multifilamento Sufix Gyro del 0,24.
Para trolling o pesca con carnada una Shimano Convergence 15 a 30 libras con un Abu Ambassadeur 6000 con Raiglon del 0,40 y para spinning una Shimano Scimitar con un Abu Cardinal 101.
Roberto usó una Banax huracán con un Abu 102 cargado con Spiderwire de 14 libras para spinning y una Okuma Celilo con un Abu Cardinal 101 para especies menores.
Yo usé una St.Croix Premier SCIII 10-20 libras con un Daiwa Procaster PT-33 cargado con Whiplash Pro de Berkley de 30 libras para bait cast y para spinning una Kennedy de 6 a 12 libras con un Shakespeare Wonderreel 2002 con Spiderwire de 12 libras.

Columna izquierda (media agua)
1 y 2: Saltwater Thunderstick de Storm (Rattling)
3: Jointed Saltwater Thunderstick (Rattling)
4: Tucán Flex de Del
5: Long “A” de Bomber (Rattling)
Columna derecha (profundidad)
1: Rattlin´ Fat Rap de Rapala
2: Killer de Alfer´s
3: Deep Thunderstick de Storm (Rattling)
4, 5 y 6: Banana mediana de Alfer

 

Esta salida no hubiera sido posible sin la invitación y la buena onda de Hernán, la hospitalidad y generosidad de su familia y la compañía de Roberto, del cual siempre me queda algo por aprender.

Un abrazo grande, Needle.

 
 
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