Excelente
pesca de bogas y dorados
Se
armaba la caravana Pescanautas a Carmelo, y ya
que algunos de nosotros por diversos motivos no
íbamos a poder ser de la partida, decidimos
armar una salida de pesca nocturna. Uno de nuestros
amigos, Sebastián "Cubero" (Sebas),
nos comenta que tiene planeado ir para la zona
del Guazú, así que, celulares de
por medio, pudimos combinar e ir para esa zona
con algunos amigos. Fuimos de la partida Cristian
Libretti (Magui), Sebas y yo; Leonardo Cano (Reypeje)
con su hijo Nicolás (Principeje) y Gabriel
Losada (Gavilán) que se sumarían
luego, ya que saldrían de Villa La Ñata
con intenciones de probar primero en otros lugares.
De Canestrari salimos junto a Cristian en la Magui,
y se nos sumaron Leonel con su padre en la Mano
Negra. Navegamos por los ríos Lujan, Vinculación,
Urión, Honda, Chaná, Tuyu paré,
Canal 3, Largo y Naranjo que nos llevaron hasta
el recreo El Sol, de Omar Orfao, donde nos encontraríamos
con Sebas, que luego abordaría la lancha
Mano Negra para acompañarnos. Cabe destacar
la atención y los servicios de dicho recreo
que fueron muy buenos. Saludos de por medio y
con muchas expectativas generadas durante la semana,
nos dirigimos hacia el lugar de pesca.

Probamos
primero en algunos arroyos del Guazú con
mediocres respuestas. Como el río estaba
muy tranquilo, decidimos ir a probar a un banco
en la desembocadura cuya profundidad media era
de unos 1,60 m.
Una
vez que tuvimos las líneas en el agua y
mientras Cristian terminaba de armar la suya,
obtuve la primera respuesta y cobre la primera
boga, la cual necesite copearla para poder izarla
a la lancha. Acuso un poco más de 1,5 kg.
de peso. Lo más interesante fue la pelea
brindada por estas bogas acostumbradas a nadar
en río abierto, distintas a las que nosotros
estamos acostumbrados a pescar en arroyos interiores.
La
constante fue clavar, levantar la caña
y escuchar la chicharra del reel pidiendo multifilamento
para que las bogas realizaran su espectacular
corrida tratando de zafar y nadando contra la
corriente, lo que hace más difícil
su pesca.
Algunas
fueron pesadas, acusando en la balanza la más
grande un poquito más de 3 kg. En la Mano
Negra la situación era la misma, se escuchaban
gritos de algarabía a cada rato cuando
un “bogón” era copeado.
Para
nuestra sorpresa, un grito en particular de Leonel
nos emociona y nos aumenta el nivel de adrenalina:
“Dorado!”. Pudimos ver los clásicos
saltos de un joven ejemplar, que una vez capturado,
fue devuelto a su hábitat sin daño
alguno.
Lógicamente,
enseguida pedimos a nuestros compañeros
por la radio datos acerca de la carnada utilizada
y demás detalles para hacer lo que cualquier
pescador haría: cañas de dorado
al agua también en nuestra embarcación.
Mientras
charlábamos con Cristian acerca de lo lindo
que es la pesca del dorado, casi instantáneamente
siento en mi reel abu garcía sonar la chicharra
con vehemencia. Cristian me grita: “clava,
clavalo!”…y fue así que junto
con el primer cañazo, se dejo ver mediante
un acrobático salto, un doradillo, que
por un momento me cortó la respiración.
Lo copeamos, pesamos y devolvimos al río.
Resultó ser un lindo ejemplar de 2 kg apróximadamente.
El
calor ya era agobiante y a lo lejos divisamos
una playa de arena, la cual nos sirvió
de excusa para descansar de la excelente pesca
realizada hasta el momento, refrescarnos un poco,
y tomar una cervecita bien fría. Nos quedamos
un buen rato y luego volvimos al lugar de pesca
con resultados similares a los que habíamos
tenido anteriormente.
El
sol se estaba ocultando y fue la señal
de emprender el regreso al recreo. Leonel se ofreció
para hacer el asado mientras se sumaban Reypeje,
su hijo y un amigo en otra lancha. Luego de la
comilona, charlas, anécdotas y demás,
salimos a ver que pasaba con las tarariras, pero
no tuvimos suerte.

Lo
que si voy a destacar de esa noche, fue habernos
comunicado con Pescanautas que estaban pescando
por la zona y que habían sido parte de
la caravana a Carmelo, lo que me produjo una alegría
inmensa.
Al
no tener respuestas, decidimos volver al recreo
a reponer energías para el día siguiente.
Desayunamos y partimos hacia el mismo lugar. Con
un pique más esquivo y no tan franco como
el día anterior, alguna que otra boga pudimos
levantar.
De
repente, en la Bronco se escucha la chicharra
del reel de Reypeje, al tiempo que, Leo grita
tal cual como el correntino entona su sapucay.
Clava un hermoso ejemplar de dorado el cual, después
de atléticos saltos e interminables minutos,
pudo ser izado a la embarcación. Su peso
arrojó casi 4 kg. Fue conmovedor ver a
Reypeje y su hijo festejar semejante captura.
Como es nuestra práctica, también
éste fue devuelto a su medio.

Cuando
el reloj marcó las 14:30 decidimos emprender
la vuelta con rostros más que satisfechos,
viendo que había muy poco viento y ayudados
por el GPS, trazamos la derrota (camino) a río
abierto hasta la guardería.
Utilizamos
cañas Lumix, Shimano Sojourn, Lexus. Reeles
Shimano, Abu García, Banax, tanto rotativos
como frontales. Carnada: salame, chorizo colorado,
corazón y daditos de sábalo.
Nuevamente,
gracias a los que hicieron posible esta salida
y gracias a mis amigos Pescanautas por haberme
hecho pasar un fin de semana inolvidable.
Un
abrazo a todos.
Juan Pablo Funk
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