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Rincón de Nogoyá inundado de tarariras -- Fernando Nadeo


Tenía el dato, Lucas Piedrabuena de Dolphin, me comentó sobre una excelente pesca de tarariras, que había realizado el fin de semana anterior, en la zona de Rincón de Nogoyá en Entre Ríos. Inmediatamente, arreglamos con Pablo Zambelli, Fabián Hamu y Guillermo Corizo (todos fanáticos como yo de los muñecos). Reservamos dos cabañas para el fin de semana del 16 y 17 de septiembre, e ir con la familia. A último momento “el Guille” desertó, pero nos encontramos con la sorpresa de que Bruno Saccone, estaría probando suerte con unos amigos.

Salimos a las 7 de la mañana de la casa de Fabián, en Primera Junta, y viajando tranquilos, a las 9:30 estábamos comprando el asado en un frigorífico en Gualeguay.

Llegamos a las cabañas Acuarela a las 11:00 aproximadamente. Como el lugar de pesca queda a 10 km por camino de tierra, decidimos disfrutar del asado primero y pescar por la tarde. Las chicas acomodaron los bolsos en las cabañas, mientras nosotros prendíamos el fuego y comenzábamos a armar los equipos.

Las cabañas son sencillas: una cama matrimonial y dos cuchetas, se pueden acomodar hasta 6 personas, hay agua caliente (termo tanque), heladera y un anafe de 2 hornallas con la vajilla correspondiente (la ropa blanca hay que llevarla). También dispone de un amplio parque con pileta de natación y juegos para los chicos. Conviene llevar provisiones, en el lugar hay una pequeña proveeduría, pero sólo venden bebidas y galletitas

Recientemente, se ha habilitado un zanjón artificial sembrado con tarariras, donde el domingo, Valentina (la hija de Fabi) y Lucía (mi hija), sacaron sus primeras piezas en spinning, se imaginan la satisfacción de los papis.

Entrada la tarde fuimos en busca de las queridas tarariras, dando inicio a nuestra temporada de spinning y bait cast.

La pesca la desarrollamos en un canal artificial de unos 20 metros de ancho (canal de desagüe de los campos que vierte sus aguas en el río Victoria). Hay que dejar el auto sobre en la ruta y caminar.

En los primeros 500 metros nos encontramos con mucha gente pescando o mejor dicho depredando, empleando aparejos de flote y llenando heladeras con tarariras de todos los tamaños, en fin siempre lo mismo...

Nos cruzamos con Bruno, que estaba pescando muy bien y seguimos avanzando en pos de más tranquilidad. El canal no es muy profundo, apróximadamente un metro promedio.

La estrategia era alejarnos varios kilómetros y volver pescando los tres juntos un sector hasta no tener respuestas, movernos unos metros, pescar y así sucesivamente.

Como el agua aún estaba fría, pusimos cucharas o spinners con latex, para tentar a las hoplias bien a fondo, a la postre, lo más rendidor; pero…, todo tiene un pero, hay que tomarle el punto justo al señuelo, ya que en esta época la tararira esta muy lenta y como a las cucharas hay que darle una cierta velocidad para que sea efectiva, es común errar los primeros piques.


Fabián y yo optamos por la técnica de bait cast: cañas Fenwick y Shimano Clarus de 6” con reeles Shimano Calcuta 50 y Calisto, Pablo prefirió estrenar una Shimano Convergence para spinning 6-12 lbs, también de 6”, con un Shimano Sedona 2000.

Al caer la cuchara al agua, las respuestas eran inmediatas, inclusive en varias oportunidades, clavamos los tres al unísono.

La pesca de pejerreyes nos apasiona hacerla a flote, con las tarariras sentimos lo mismo, tiene otro gusto verla tomar señuelos de superficie. A pesar de que veníamos pescando muy bien en cantidad, cambiamos las cucharas por Sub-wart, Jitterbug y no tuvimos ni un toque; recién con un Spinfish de Alfer y un Oreno grande color verde, pudimos clavar algunas más, pero de todas maneras la relación era 6 a 1. El señuelo que se llevó todos los laureles fue el pulpito de Alfers con cuchara, color fucsia con blanco, que funciona muy bien en aguas semi-turbias y una cuchara Mepps Comet N° 4 plateada con puntos rojos con un fioco de látex rojo, que duraba 3 o 4 ataques y había que cambiarlo.

Pescamos muy parejo y en 3 horas capturamos 30 taruchas cada uno, con tamaños desde 800 gramos hasta 1.8 kg la más grande, con un promedio de 1.2 kg.


Cansados, regresamos a las cabañas, nos dimos un buen baño y prendimos nuevamente el fuego para comer unos bifecitos de lomo y unos sándwiches de chorizo. Mientras se cocinaban, Bruno trataba de construir y reconstruir los señuelos de goma, él había logrado unos 50 ejemplares en toda la jornada.

A la noche la temperatura descendió considerablemente, por lo que no tenía sentido madrugar, había que esperar que el sol calentara el agua. Nosotros aprovechamos para desayunar y tomar unos mates con la familia, mientras el impaciente Bruno y sus amigos partieron bien temprano a despertar a las tarus.

A las 10 comenzamos con los intentos, acordando que a las 15 volveríamos para comer. La primera media hora fue pobre en respuestas, pero a medida que el sol se elevaba, el pique fue aumentando paralelamente, con una intensidad mayor que la tarde anterior. Hasta las 14:30 contabilizamos 50 capturas cada uno, que sumadas a las 30 del sábado, da un total de 240 para los tres en menos de 8 horas de pesca, todo un número ¿no?.

Lamentablemente, con la presión de pesca que está soportando el canal, dudo que la buena pesca dure más allá de octubre/ noviembre y sumado al pronóstico de pocas precipitaciones, prácticamente se secará. La única salvación sería que una creciente milagrosa haga elevar el nivel del río Victoria e ingrese agua y con ella nuevamente pescado.

Almorzamos unas milanesas con papas fritas, que nos preparó la señora del encargado y nos fuimos a hacer unos tiritos al zanjón con las nenas chiquitas y una de las grandes que también quiso probar, esperando que se hiciera la hora para volver y calculando no llegar a la Panamericana a la hora pico. Previa parada en local de comidas al paso de Campana, alrededor de las 22:30 estábamos todos en casa.

En resumen, la pesca en cantidad, excelente, muy difícil de superar en cualquier laguna o río, pero faltó la emoción de verlas tomar a flor de agua, que es cuando demuestran porqué se llaman Hoplias Malabaricus; por eso ya estamos planificando nuestra próxima salida a alguna laguna de la zona de Bragado.

Un agradecimiento especial a Pablo y Gabriela, a Fabián, Cecilia y Valentina y en especial a Emilia, mi señora y Lucía, mi hija, por los momentos vividos este fin de semana de “Pesca en Nogoya”.

“El Tibu”

 
 
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