Ir a la página principalContáctese con nosotrosForo de DiscusiónSalas de Chat PescanautasFirmar el libro de visitasAñadir a FavoritosHacer Pescanautas su página de inicio
  - - Buenos Aires, Argentina.
Quiénes somos
Publicite en Pescanautas
Cursos y Seminarios de pesca y náutica
Notas y relevamientos de pesca
Notas de náutica
Notas de ictiología
Pesca con Mosca
Equipos y elementos de pesca
Pronósticos meteorológicos
Mareas y Avisos a los navegantes
Cuentos de pesca
Galería de fotos
Clasificados


 

 

1 1 1 1

Pesca embarcada en Mar Chiquita -- Rafael Uminsky y Gonzalo Chamorro


Todas las especies, toda la emoción

Mirando hacia Mar del Plata desde el piso 18 del departamento en Miramar, los rayos y relámpagos anunciaban una tormenta de aquellas sobre esa ciudad y por lo tanto sobre Mar Chiquita.

A las 5:30 hs ya estaba levantado, ansioso por la salida, ya el cielo se veía completamente estrellado. ¡Que suerte!, preparé el traje de agua, una muda de ropa por si las moscas y a desandar los 80 km que me separaban de una nueva aventura. A las 6:30 hs, el sol despuntaba en el horizonte.

Al llegar a la casa de nuestro guía Pablo Rizzo, encontré la embarcación amarinada, en el agua con los equipos, carnadas y cajones ordenados. Los cinco tripulantes nos colocamos los chalecos salvavidas y abordamos la Dos Mares, un Grand Jean 6.70 espacioso y con todos los elementos de seguridad. Navegamos la boca de la albufera y salimos al mar esquivando las rompientes para anclarnos a 800 m de la costa.

El mar estaba sucio algo revuelto, pero los piques no se hicieron esperar. Varias corvinas y algunos congrios y gatusos fueron capturados.

Como los tamaños de las capturas eran chicos, Pablo optó por otro pesquero, internándonos unos 3000 m. Aquí el agua era más clara y comenzaron a obtenerse besugos y cada tanto alguna corvina, pero nuestro capitán no se conformó y cambiamos nuevamente.

Buscando un nuevo banco en el GPS, nos dirigimos unos 10000 m mar adentro donde las condiciones del agua eran superiores, el clima seguía siendo maravilloso y solo corría una suave brisa.

Y aquí si, cambió el tamaño de los besugos y aparecieron buenas corvinas, pescadillas, palometas, pez palo y la "nota musical" la dio un pez guitarra pescado por uno de los tripulantes.

Pasado el mediodía, cuando la suave brisa se iba transformando en un viento molesto, regresamos con la pesca hecha y las ganas de volvernos a encontrar.

Pablo Rizzo realmente no escatimó esfuerzos ni combustible para dar con el pique en un día complicado debido a la tormenta caída la noche anterior.

La jornada culminó con la limpieza y el fileteado del pescado en manos de Rodrigo.

Quiero agradecer a Pablo, a su mujer Flavia y a sus hermosos hijos Violeta, Francisco y Martina por la amabilidad y hospitalidad con la que me recibieron.

 

Hasta la próxima aventura
El Rafa

 

Adrenalina pura

La familia Chamorro en pleno nos juntamos en Mar Chiquita para hacer una pesquita con nuestro amigo y guía Pablito Rizzo.

El día espectacular, casi sin viento lo que nos iba a permitir navegar sin problemas. Pasadas las 8 hs. nos encontramos con la Dos Mares lista para zarpar con la idea de realizar una pesca variada y dar con algún escualo. Nos acompañaba un cliente de Pablo que iba en busca de su tiburón, hacia un par de años que se le venía negando, pero ese día fue promesa del guía el volver con uno.

Don Gonzalo y Fede venían afilados con la variada, en días anteriores se dieron el lujo de obtener pescadillas con spinners.

Comenzamos la pesca a unos 3000 m de la costa con muy malos resultados. El mar estaba muy calmo pero el viento del NO traía agua sucia por lo que Pablo decidió adentrarse en el mar buscando aguas más claras. Poca variada nuevamente, los tiburones brillaban por su ausencia lo que incentivó al capitán a hacer la heroica, utilizando el ultimo recurso, nos llevo a un banco de piedras distante unos 7.500 m de la costa.

Por fin encontramos un lindo cardumen de besugos que nos entretuvieron un rato hasta que empezamos a ver, al levantar las piezas, como eran perseguidas por unos “bacotines”.

El pique se puso difícil, los besugos eran chicos y nuestro compañero de pesca sentía los efectos de las horas pasadas en el mar. Nos dimos los típicos "10 minutos más" y cuando no habían pasado cinco, la chicharra canta una corrida espectacular dando por comenzada la fiesta.

Era impresionante ver esa vara, de estreno, arqueada a más no poder y el reel casero (si, fabricado por su dueño) chillando sin parar. Del otro lado, a unos 300 m algo grande pedía línea y no hubo más remedio que soltar el fondeo, levantar la pata del motor y librar la lucha mano a mano entre el pescador y su presa.

En el fragor de la lucha, todos nosotros como espectadores de lujo y tan entusiasmados como nuestro compañero, sentimos un ruido metálico en el piso de la lancha, miramos y un tornillo del reel se había caído, el resto de los que sostenían la carcaza no resistían la fuerza y se aflojaban al mismo tiempo. De urgencia, con un destornillador y mientras el pez sacaba nylon, Gonzalo ajustaba los tornillos nuevamente.

Había pasado una hora y ya nadie sabia cuanto iba a resistir el equipo, era tiempo de apurar el paso. Se puso en línea con la presa y a recoger nylon. Fue algo impresionante poder verlo acercarse desde el fondo, era una pieza de esas que adornan vestíbulos con sus fotos. La adrenalina subía cada vez más y el bacota se rendía cada vez menos. Se acercaba, daba vueltas alrededor de la lancha y corría... una, dos, tres, muchas veces mostrándose pero sin arriesgar, como sabiendo hasta donde llegar..

Así nos tuvo por unos cuantos minutos más, haciendo lo imposible en pos de su libertad, pero una hora y cuarenta minutos de constante forcejeo son demasiado para cualquiera, incluso para un ejemplar de sus cualidades.

Cansado pero no rendido paso pegado a la borda y el primer bicherazo falló. Enredado en la línea, suponíamos que esta vez cortaba, toda la suerte que habíamos tenido cuando se enredó en el cáncamo de proa y en la pata del motor, sin cortar, se esfumaba... pero no, una arrimada más y un certero bicherazo de Gonzalo lo dejaron casi inmóvil junto a la banda de estribor. El bravo capitán lucio todo su coraje y al mejor estilo “Cocodrilo Dundee”, puñal en mano, se abalanzó sobre el escualo...

Volvimos a respirar todos, bueno, todos menos uno...
La pesca estaba más que hecha, el cajón con besugos era una simple anécdota. Relajados, emprendimos la búsqueda del fondeo y nos preparamos para navegar los casi 10.000 m que nos separaban de la costa, ya que sin darnos cuenta, esa maquina infernal que estaba del otro lado de la línea nos había remolcado 2.500 m mar adentro.

Fuimos testigos, y participes de una gran aventura. La satisfacción en tierra fue enorme, no todos los días uno se puede arrimar a un pescadito de 2,40 metros de longitud.

 

Un abrazo para todos
Gonza

 

Pescanautas muestra siempre la realidad, pero recomienda a los guías y pescadores, practicar la pesca de escualos con devolución. Año tras año la población de tiburones disminuye un 15%. Tomemos conciencia así todos, alguna vez, podamos disfrutar de aventuras como estas.

 

 
 
Notas Relacionadas
     
Dirección: Fernando de la Cruz - Gustavo Arduino - Martín Cháves © 2004 Pescanautas.com.ar