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Pesca embarcada en Mar del Plata -- Rafael Uminsky

 

Salida al mar con un regalo de Dios

Después de convencer a mi hijo Fernando que me acompañe a pescar, hablé con Romina, coordinadora de las salidas del Mako Team, quedando en encontrarnos en el Motonáutico de Mar del Plata el jueves 23 de febrero. Eso lo hablamos el martes 21 con un día hermoso, pero el clima cambió y una fuerte sudestada irrumpió sobre la costa haciendo imposible la salida durante tres días y tuvimos que postergarla para el lunes 27.

El día amaneció nublado con “vientos de costa”. Llegamos al Motonáutico a las 7:45 hs luego de recorrer los 45 Km que nos separaban de Miramar.

Nos esperaban los marineros Marcos y Santiago en el Mako III. Al rato llegó Sebastián, su capitán, y con el arribo del resto de los pescadores a las 8:15 hs zarpamos del puerto.

Calculamos una hora de navegación para llegar al 1° banco de pesca, en el viaje nos ofrecieron ricas facturas y café. El mar estaba algo movido y el cielo cerrado. En el transcurso de la mañana mejoró notablemente pudiendo disfrutar de una hermosísima jornada.

Sebastián acomodó el barco al comienzo del banco y ordenó: "líneas al agua". En el lento garete, lo primero que logramos izar fueron besugos, salmones y meros.

Cuando el pique comenzó a declinar, cambiamos de lugar dirigiéndonos al 2° banco a unas 15 millas de la costa. Durante la derrota, aparecieron, como un "regalo de Dios", enormes delfines que nadaban junto al barco desplazándose velozmente y demostrándonos sus hermosas acrobacias.

Cuando el barco se detuvo, desaparecieron dejándonos pescar tranquilos. Anclamos y a bajar los aparejos. Las respuestas no fueron las esperadas (muy pocos piques y algunos enganches) obligándonos a probar en otro sector.

De nuevo la grata compañía de los delfines, llegaban de todos lados, eran cientos nadando a nuestro alrededor para ponerse a proa y realizar fantásticos saltos con un nado sincronizado al mejor estilo de un ballet acuático...

El día se había puesto tan lindo, la temperatura tan agradable, que permitió a uno de los pescadores, un poco mareado, arrojarse al mar acompañado de un marinero; ambos nadaron junto a los delfines. Les cuento que ni bien este hombre entró en contacto con el mar, normalizó su equilibrio y el malestar que lo aquejaba desapareció.

Seguimos pescando meros, salmones cada vez más grandes, besugos, algún congrio y anchoas de banco de muy buenos tamaños.


Como la pesca se realizaba a unos 30 metros de profundidad, con líneas de 2 anzuelos n° 5 ó 6 y un plomo de 400 gramos encarnada con magrú o filete de besugo, noté que mi hijo parecía aburrirse hasta que de pronto un fuerte tirón lo sacó del letargo.

El reel cedía y cedía nylon a pesar de tener la estrella regulada casi al máximo. Como gareteábamos y no se producían los clásicos cabezazos pensamos en un enganche. Rápidamente Sebastián tomó la caña y empezó a darle fuertes tirones para tratar de desengancharla. Para sorpresa de todos, el supuesto enganche comenzó a desplazarse por debajo del casco.
A esta altura la caña ya la tenía Fernando, y luchaba para controlar al pez que se encontraba en el otro extremo. Por dentro pensaba: “no puede hacer tanta fuerza!”. A medida que lograba recuperar línea surgió desde el fondo un lindo doblete con una anchoa de banco y un tiburón martillo, que una vez a bordo acusó 15 kilogramos en la balanza.

Luego se dieron varias capturas más, incluso dobletes de besugos y salmones, y anchoas y meros.

Pasado el mediodía, los marineros ofrecieron el almuerzo habitual: sandwiches de jamón y queso con gaseosas o agua mineral.

El capitán nos comentó que nos acercaríamos a la costa para tentar al pez limón. Desde luego, los delfines nos acompañaron hasta cierta distancia de la costa, para desaparecer como por arte de magia.

Al llegar al lugar elegido vimos que unos barcos amarillos se encontraban en la zona. Pregunté si no pasaba nada de inmiscuirnos dentro del círculo que estaban rastrillando, la respuesta de Sebastián fue que no nos dirían nada.

El sector estaba cebado por los pescadores comerciales, el aceite y desechos de pescado hacían que los cardúmenes de limones y anchoas de banco “suban” y tomen nuestros engaños.

La pesca del pez limón se realiza en la modalidad trolling con una línea de 4 anzuelos con fiocos, una cuchara plástica para regular la profundidad seguida de un tandem de 2 anzuelos encarnados con un magrú entero atado tipo “matambre”. Se tiran 2 cañas con sus líneas arrastrándolas con la embarcación a 3 nudos de velocidad. Los pescadores se van turnando en la atención de las varas y van rotando a medida que consiguen una captura.

Fui el primero en tener pique y sacar un estupendo pez limón. Mas tarde le tocó a mi hijo, obtuvo un doblete de anchoas y un aficionado tuvo la fortuna de lograr un increíble cuádruple de anchoas.

Luego Santiago armó una tercera caña con un señuelo, era un equipo más liviano con un reel frontal y tuve la suerte de pescar otro pez limón que ofreció una lucha más que interesante.

A las 17:15 hs , de común acuerdo con todos los pescadores decidimos regresar al puerto. La pesca estaba hecha, la jornada fue magnífica, el regalo de los delfines fue impagable y el capitán Sebastián y sus 2 marineros nos brindaron su conocimiento y su ayuda durante toda la jornada.

En el muelle, el pescado es fileteado o preparado para la parrilla y las sobras son saboreadas por un gran lobo marino que es habitué del lugar.

Hasta la próxima aventura, "El Rafa".

 
 
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