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Salida
al mar con un regalo de Dios
Después
de convencer a mi hijo Fernando que me acompañe
a pescar, hablé con Romina, coordinadora
de las salidas del Mako
Team, quedando en encontrarnos en el Motonáutico
de Mar del Plata el jueves 23 de febrero. Eso
lo hablamos el martes 21 con un día hermoso,
pero el clima cambió y una fuerte sudestada
irrumpió sobre la costa haciendo imposible
la salida durante tres días y tuvimos que
postergarla para el lunes 27.
El
día amaneció nublado con “vientos
de costa”. Llegamos al Motonáutico
a las 7:45 hs luego de recorrer los 45 Km que
nos separaban de Miramar.

Nos esperaban los marineros Marcos y Santiago
en el Mako III. Al rato llegó Sebastián,
su capitán, y con el arribo del resto de
los pescadores a las 8:15 hs zarpamos del puerto.
Calculamos
una hora de navegación para llegar al 1°
banco de pesca, en el viaje nos ofrecieron ricas
facturas y café. El mar estaba algo movido
y el cielo cerrado. En el transcurso de la mañana
mejoró notablemente pudiendo disfrutar
de una hermosísima jornada.
Sebastián
acomodó el barco al comienzo del banco
y ordenó: "líneas al agua".
En el lento garete, lo primero que logramos izar
fueron besugos, salmones y meros.
Cuando el pique comenzó a declinar, cambiamos
de lugar dirigiéndonos al 2° banco
a unas 15 millas de la costa. Durante la derrota,
aparecieron, como un "regalo de Dios",
enormes delfines que nadaban junto al barco desplazándose
velozmente y demostrándonos sus hermosas
acrobacias.

Cuando
el barco se detuvo, desaparecieron dejándonos
pescar tranquilos. Anclamos y a bajar los aparejos.
Las respuestas no fueron las esperadas (muy pocos
piques y algunos enganches) obligándonos
a probar en otro sector.
De
nuevo la grata compañía de los delfines,
llegaban de todos lados, eran cientos nadando
a nuestro alrededor para ponerse a proa y realizar
fantásticos saltos con un nado sincronizado
al mejor estilo de un ballet acuático...
El
día se había puesto tan lindo, la
temperatura tan agradable, que permitió
a uno de los pescadores, un poco mareado, arrojarse
al mar acompañado de un marinero; ambos
nadaron junto a los delfines. Les cuento que ni
bien este hombre entró en contacto con
el mar, normalizó su equilibrio y el malestar
que lo aquejaba desapareció.
Seguimos
pescando meros, salmones cada vez más grandes,
besugos, algún congrio y anchoas de banco
de muy buenos tamaños.
Como
la pesca se realizaba a unos 30 metros de profundidad,
con líneas de 2 anzuelos n° 5 ó
6 y un plomo de 400 gramos encarnada con magrú
o filete de besugo, noté que mi hijo parecía
aburrirse hasta que de pronto un fuerte tirón
lo sacó del letargo.
El
reel cedía y cedía nylon a pesar
de tener la estrella regulada casi al máximo.
Como gareteábamos y no se producían
los clásicos cabezazos pensamos en un enganche.
Rápidamente Sebastián tomó
la caña y empezó a darle fuertes
tirones para tratar de desengancharla. Para sorpresa
de todos, el supuesto enganche comenzó
a desplazarse por debajo del casco.
A esta altura la caña
ya la tenía Fernando, y luchaba para controlar
al pez que se encontraba en el otro extremo. Por
dentro pensaba: “no puede hacer tanta fuerza!”.
A medida que lograba recuperar línea surgió
desde el fondo un lindo doblete con una anchoa
de banco y un tiburón martillo, que una
vez a bordo acusó 15 kilogramos en la balanza.
Luego se dieron varias capturas más, incluso
dobletes de besugos y salmones, y anchoas y meros.
Pasado
el mediodía, los marineros ofrecieron el
almuerzo habitual: sandwiches de jamón
y queso con gaseosas o agua mineral.
El
capitán nos comentó que nos acercaríamos
a la costa para tentar al pez limón. Desde
luego, los delfines nos acompañaron hasta
cierta distancia de la costa, para desaparecer
como por arte de magia.
Al
llegar al lugar elegido vimos que unos barcos
amarillos se encontraban en la zona. Pregunté
si no pasaba nada de inmiscuirnos dentro del círculo
que estaban rastrillando, la respuesta de Sebastián
fue que no nos dirían nada.
El sector estaba cebado por los pescadores comerciales,
el aceite y desechos de pescado hacían
que los cardúmenes de limones y anchoas
de banco “suban” y tomen nuestros
engaños.
La
pesca del pez limón se realiza en la modalidad
trolling con una línea de 4 anzuelos con
fiocos, una cuchara plástica para regular
la profundidad seguida de un tandem de 2 anzuelos
encarnados con un magrú entero atado tipo
“matambre”. Se tiran 2 cañas
con sus líneas arrastrándolas con
la embarcación a 3 nudos de velocidad.
Los pescadores se van turnando en la atención
de las varas y van rotando a medida que consiguen
una captura.
Fui
el primero en tener pique y sacar un estupendo
pez limón. Mas
tarde le tocó a mi hijo, obtuvo un doblete
de anchoas y un aficionado tuvo la fortuna de
lograr un increíble cuádruple de
anchoas.
Luego Santiago
armó una tercera caña con un señuelo,
era un equipo más liviano con un reel
frontal y tuve la suerte de pescar otro pez
limón que ofreció una lucha más
que interesante.
A
las 17:15 hs , de común acuerdo con todos
los pescadores decidimos regresar al puerto. La
pesca estaba hecha, la jornada fue magnífica,
el regalo de los delfines fue impagable y el capitán
Sebastián y sus 2 marineros nos brindaron
su conocimiento y su ayuda durante toda la jornada.
En
el muelle, el pescado es fileteado o preparado
para la parrilla y las sobras son saboreadas por
un gran lobo marino que es habitué del
lugar.
Hasta
la próxima aventura, "El Rafa".
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