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Pesca
con mosca saltwater: Cayo Coco y Jardines del
Rey, Cuba.
El agudo sonido
del teléfono interrumpió el profundo
sueño en el que estaba inmerso, deslicé
una mano bajo las suaves sabanas y con los ojos
aún pegados por la modorra atendí:
-“ Buen día señor,
hay una persona que desea verlo en el lobby
del hotel”.
Corrí la
cortina, y un paisaje de palmeras subrayado
por una franja de agua turquesa entró
en mis ojos como un estampido de colores casi
irreal. Mientras me vestía recordé
que la noche anterior había estado haciendo
preguntas sobre las posibilidades de contactar
un guía para intentar la pesca de bonefish.

Un hombre joven
de semblante alegre me interceptó ni
bien llegue a la recepción.
- “Mi nombre es Duniesky y
soy guía de Pesca con Mosca”.
Inmediatamente
me ofreció un álbum de fotos y
al abrirlo, el sueño que se negaba a
abandonarme se esfumo automáticamente.
Tarpones, Bonefish, Permit y grandes Barracudas
desfilaron delante de mis ojos por unos segundos,
cerré el álbum y algo excitado
replique: “¡ya me convenciste!,
¿cuando podemos salir?”
Un
sueño hecho realidad
Dos
días después y con puntualidad extrema,
Duniesky y su socio Orlando Gonzáles me
esperaban en el lobby del hotel Sol Cayo Guillermo.
Cargamos los equipos en el modesto automóvil
de alquiler, y partimos hacia un hotel cercano
a buscar otro cliente que compartiría la
salida con migo.
Al
llegar, un joven inglés nos aguardaba con
el tubo de la caña en la mano y el inconfundible
rictus que adoptan por la mañana los que
han tenido una noche movida.
Nos
presentamos y partimos hacia el lugar de pesca,
durante el recorrido de unos ochenta kilómetros,
compartimos anécdotas de pesca en una conversación
que por momentos evocaba a la torre de Babel.
El rígido ingles de Mark se mezclaba con
el alegre cantito caribeño de Duniesky
y el acento inconfundible que nos caracteriza
a los porteños.
Las rutas cubanas, por lo menos las que transitamos,
son más parecidas a la superficie lunar
que a un camino para la circulación de
vehículos motorizados, de vez en cuando,
una brusca frenada evitaba que cayésemos
en los verdaderos cráteres que salpican
el asfalto.
Durante el trayecto, nos detuvimos brevemente
sobre un puente del camino, Dunieski comentó
que en ocasiones los macabies (bonefish) se agrupan
en cardúmenes muy densos a la sombra de
estas construcciones. Observar por unos segundos
el agua con los lentes polarizados me permitió
ver unos cuantos peces aislados, algunos de tamaño
considerable, y cerrados cardúmenes de
peces menores. Ante mi asombro, el guía
dijo “seguimos camino, aquí
no están”.
Un escenario casi irreal
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Se
localizan en las
costas de origen
biológico,
acumulativas,
cenagosas y con
esteros con escurrimientos
de agua dulce,
aunque también
en ambientes salinos
como los cayos
e islas de las
plataformas. En
este complejo
ecosistema, hay
que considerar
el hábitat
aéreo o
terrestre y el
sumergido, que
aunque son diferentes
están estrechamente
relacionados.
En zonas con aportes
de agua dulce
y nutrientes los
bosques de mangle
alcanzan 20-25
metros de altura
y una alta densidad,
mientras que en
aguas muy saladas
y pobres en nutrientes,
pueden ser de
pequeña
talla, achaparrados
o enanos. Asociada
al bosque de manglar
habita una rica
fauna.
Las raíces
sumergidas de
los mangles sirven
de sustrato a
numerosos invertebrados
y peces. Los manglares
aportan energía
al ecosistema
acuático,
mediante sus hojas,
ramas y raíces,
las cuales pasan
a formar parte
del detrito acumulado
en los sedimentos.
Las raíces
de los mangles
sirven de refugio
a las etapas juveniles
de langostas y
peces. Protegen
las costas de
la erosión
provocada por
el oleaje, el
viento y las corrientes
costeras y filtran
los contaminantes
evitando que lleguen
a los arrecifes
coralinos y otro
hábitat.
Los manglares
ocupan una superficie
de 5,321 km2 (el
4.8% de la superficie
terrestre total
de la Isla de
Cuba y 26% de
la superficie
total de bosques)
a lo largo de
un perímetro
costero de cerca
de 5,476 Km. Estas
importantes formaciones
están presentes
en casi el 70%
de las costas
cubanas, por lo
que se consideran
la primera formación
forestal natural.
Los manglares
juegan un papel
fundamental en
la protección
y estabilización
de las áreas
costeras, así
como en el funcionamiento
general de sus
ecosistemas. Asimismo,
constituyen importantes
zonas de reproducción
y cría
de especies marinas.
Fuente
consultada:
http://www.medioambiente.cu/ecosistemas |
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Diez
minutos más tarde el auto se detuvo en
la banquina, armamos los equipos con celeridad
y tras caminar unos trescientos metros por un
terreno de afilado perfil coralino, llegamos al
borde del “manglar”.
El perímetro de la gran laguna salada esta
salpicada de islotes de mangle formando un pequeño
delta. Entramos por un brazo ancho vadeando con
el agua apenas por encima del tobillo.
La
impresión que produce este tipo de escenarios
es ciertamente desconcertante, por lo menos para
los que no vivimos en climas tropicales.
La
vida de variadas formas prolifera en el manglar,
incontable variedad de aves con vivos colores,
cardúmenes de pequeños peces y cientos
de cangrejos por doquier, se muestran en incesable
desfile ante los extasiados ojos del pescador
foráneo.
A esta altura de la caminata, el interior de mi
calzado estaba lleno de arena y polvo de coral.
En el apuro de la partida había olvidado
las polainas, accesorio sumamente útil
a la hora de vadear fondos arenosos.
Le comenté el problema al guía quien
me tranquilizó explicándome que
en el interior se podía pescar descalzo
ya que el fondo no presenta ningún tipo
de peligro.
-“No
hay coral, sólo arena y algo de conchilla”.
Colgué las botitas en una planta de mangle
y seguí camino con la agradable sensación
que produce el sentir la arena escurriéndose
entre los dedos de los pies.

“Cazar
peces”
La
recomendación de Duniesky fue muy clara:
“Hay que caminar muy despacio
tratando de no levantar sedimentos que puedan
alertar a los peces, y sobre todo con los ojos
y oídos bien abiertos”.
Este tipo de pesca recuerda a una sesión
de caza, a los peces hay que ubicarlos, aproximarse
cautelosamente y colocar la mosca con precisión
y suavidad para no espantarlos.
Los
guías especializados son capaces de seguir
los rastros que dejan los macabies al alimentarse.
Estos rastros, se muestran como manchas más
claras en el fondo producto de la remoción
del sedimento superficial que efectúa el
pez en procura de su alimento. Otros indicios
de presencia, son manchas de sedimento en suspensión,
espantada de peces pequeños que literalmente
vuelan fuera del agua, movimiento de agua en superficie,
aletas caudales que se muestran fuera del agua
cuando se alimentan oblicuamente (tailing), o
bien, detectarlos con la ayuda de gafas polarizadas
en su continuo peregrinaje.
Observar
el lecho al caminar pone de manifiesto el exuberante
bioma de estos ecosistemas, pequeños peces
se mueven en todas direcciones, y la proliferación
de jaivas (cangrejo de agua salada, Callinectes
Sapidus) es realmente impactante.
Otro
habitante de los manglares es la manta-raya, nadan
imperturbables a escasos centímetros de
los pies poniendo de manifiesto su mansedumbre
a raíz del bajo impacto humano. Mi primer
contacto con estos seres me puso algo nervioso,
pero luego, el guía me explico que no representan
peligro alguno ya que carecen de espolones peligrosos.
Caminamos unos cientos de metros sin advertir
la presencia de macabies, de vez en cuando Duniesky
nos hacia detener mientras observaba minuciosamente
los rastros o simplemente escudriñaba con
gesto rígido el horizonte que se fundía
con la vegetación. Yo simplemente, lo seguía
extasiado disfrutando el extraño paisaje,
y de vez en cuando, tomaba alguna fotografía.
El
día se presento algo nublado, condición
no muy favorable para la pesca en los flats, menos
aun vadeando. Cuando una nube tapa los rayos de
sol la visibilidad disminuye considerablemente,
ya que la superficie del agua se torna plateada
al reflejar el color blanco de las nubes. Por
este motivo, cada vez que una nube se interponía
con el sol deteníamos la marcha hasta que
pasaba, y luego seguíamos camino.
Solo
se que no se nada...
Debido la baja profundidad y la extrema claridad
del agua supuse que seria sencillo detectar a
los peces. Pensé: "Si soy capaz
de ubicar a una trucha a un metro y medio de profundidad
sobre un fondo confuso de piedras, no me va a
ser difícil ver a los bonefish en cuarenta
centímetros de agua cristalina y sobre
un fondo de arena, más aun, si se mueven
en grupos numerosos".
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Ficha
Técnica del Macabí
Albula
vulpes (Linneo 1758) |
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Nombres
comunes: Español:
Macabí,
Quijo, sanducha,
pez señorita,
chiles; Francés:
Albule –
Banane; Inglés:
Bonefish, banana-fish,
lady-fish.
Orden:
Albuliformes /
clupeiformes.
Familia:
Albulidae.
Genero:
Albula.
Especie:
Vulpes.
Tamaño
máximo:
100 cm.
Peso
máximo:
Alcanza los 10
Kg., pero lo normal
con artes deportivas
es capturar ejemplares
de 2 Kg. a 4 Kg.
de peso
Hábitat
y alimentación:
Especie de aguas
costeras, incluyendo
bahías
y sistemas lagunares-estuarinos.
Asociada con fondos
de arena y lodo
donde escarba
para alimentarse
de vermes (parásitos),
crustáceos,
moluscos e incluso
de sus propios
alevines.
Utiliza los estuarios
como áreas
de crianza pero
también
los adultos entran
para alimentarse
Los "flats"
tropicales son
su lugar predilecto,
ya que en estos
ambientes proliferan
los crustáceos
de los cuales
se alimenta mayoritariamente.
Se desplaza en
cardúmenes
muy numerosos
(escuelas), sobre
todos en los primeros
años de
vida, luego empieza
a reducir la "compañía"
hasta llegar a
moverse solo o
al máximo
en parejas. Vive
entre 15 centímetros
y 3 metros de
agua, según
la temperatura
y las temporadas.
Distribución:
Se encuentra en
todas las aguas
someras de los
mares tropicales
y subtropicales,
bajíos
y aguas ligeramente
salobres. En el
Pacífico
Oriental habita
desde California
(USA), hasta Huacho
(Perú).
También
los encontramos
en ambientes diferentes,
como las grandes
playas del Atlántico
y del Índico.
Coloración:
El cuerpo es de
color plateado,
verdoso en el
dorso.
Fuente
consultada:
http://www.flyfishing.com.mx |
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No
en vano le dicen “el fantasma de los flats”,
su capacidad de mimetismo es asombrosa, y su astucia,
similar a una selectiva trucha de lago. La superficie
del agua algo rizada refracta los rayos produciendo
millones de reflejos por doquier, lejos de ser
sencillo, ubicar los objetivos es una maniobra
que requiere bastante practica y un ojo sumamente
entrenado. Demás está decir, que
mis suposiciones quedaron sepultadas inmediatamente
y agradecí a Dios el haber contactado a
un guía profesional para que me acompañe
en mi primera experiencia pescando flats.
“STOP!,
macabí a las doce!”,
la frase de Duniesky retumbó en mis oídos
al momento que detenía mi marcha, automáticamente
comencé a volar la línea, al tiempo
que, intentaba determinar dónde estaban
los peces, pero sólo advertí unas
manchas confusas que parecían moverse a
unos quince metros de mi posición. Ante
la duda, lancé hacia ese sector. Cuando
la mosca cayó al agua, una violenta espantada
me dejó perplejo, sólo pude ver
una nube de sedimentos y las estelas de los peces
alejándose raudamente del lugar.
-“Cojones
Adrián!, quieres matarlos de un golpe”
replicó el guía, “al
Macabí hay que presentarle la mosca unos
dos metros delante anticipando su trayectoria,
de lo contrario, sí la colocas muy cerca
sólo lograras espantarlos”.
Cien
metros más adelante y nuevamente la voz
del guía: “STOP!, Macabí
a las diez!”, esta vez sí
los veía pero estaban fuera de mi alcance,
fue la oportunidad del inglés que rápidamente
lanzó hacia el cardumen. Los peces se acercaron
pero algo no los convenció, rechazaron
la mosca y se alejaron nuevamente con la velocidad
que los caracteriza.
Diez minutos más de caminata y otra oportunidad
se me presentó a escasos quince metros,
esta vez bien localizados, coloqué mi mosca
a la distancia aconsejada con la máxima
suavidad que permite un patrón lastrado.
-
“Despacio, más despacio!”
susurraba Duniesky haciendo referencia a la velocidad
de recuperación.
Esta
vez vi perfectamente a un grupo de tres buenos
macabies siguiendo la mosca bien de cerca, uno
aceleró y tomó, mi respuesta fue
inmediata y la clavada violenta.
-“No,
No, No, Cojones!”, replicó
el guía, “de esa manera
solo lograras romperle la boca a los peces”.
Reconozco
que a esta altura me sentía un completo
inútil, primero casi les parto la cabeza
de un moscazo, y luego, desboco un buen pez que
hoy debe estar comiendo crustáceos "con
sorbete". En ese momento, a pesar de que
llevo ya más de doce años pescando
con mosca, me sentí un principiante con
todas las letras.
La
tercera es la vencida
Cruzamos
la laguna por el medio y nos dirigimos hacia la
costa donde nacía el viento, en mi cabeza
resonaban las tres premisas fundamentales: colocar
la mosca anticipando la trayectoria de los peces,
recuperar muy despacio, y sobre todo, clavar con
moderación.
-“Adrián,
Macabí a las dos...”,
susurró Duniesky mientras frenaba mi marcha
con su mano.
Sin ver aún donde estaba el objetivo realicé
un par de falsos cast en la dirección que
me señalaba.
Que
nervios!, no los podía ver, mientras casteaba
en falso le gritaba al guía: “metros!,
a cuántos metros!”, pero su
respuesta no me ayudo mucho.
-“A las dos cojones, a las dos.
Lanzá ya Adrián, vamos, vamos que
se van!”.
Los vi sólo por unos instantes, fue suficiente
para soltar la línea y depositar la mosca
dos metros delante del cardumen.
-“La
vieron Adrián, la vieron”.
Mágicamente todo se torno nítido,
vi con claridad a un grupo de unos cinco macabies
seguir mi mosca, el pique fue apenas un “besito”
y la clavada, esta vez contenida, logró
su cometido afirmando la “Crazy Charlie”
suavemente en la cartilaginosa boca. Textualmente
explotó el agua en nerviosa espantada y
el pez salió disparado como alma que lleva
el diablo, "valla que son veloces!",
en pocos segundos se encontraba a unos sesenta
metros de distancia!.
Luego
de reiteradas corridas logré arrimarlo,
lo tomé suavemente con mis manos y retiré
con facilidad la mosca de sus labios, tomamos
dos fotos para documentar el debut y luego efectué
la merecida devolución a su medio.
Ya
me sentía un poco más confiado,
es notable como la visión se va adaptando
al medio, pasada una hora, ya podía identificar
con cierta facilidad a los peces.
Muy
cerca de la orilla vi pasar un cardumen de barracudas
pequeñas, sin dudar lancé hacia
el sector y comencé a recuperar con rápidos
tirones. Inmediatamente la mosca fue atacada con
violencia y tras una breve pelea, tenía
en mis manos un ejemplar de unos cincuenta centímetros.
Las
facciones de este pez ponen de manifiesto su calidad
de depredador nato, una fuerte mandíbula
armada con filosos dientes y un cuerpo sumamente
hidrodinámico, le dan un aspecto terrorífico
y lo ubican en la cima de la pirámide alimenticia
de estos ecosistemas.
Demás está decir que cada pique
de barracuda desintegra una mosca, por tal motivo,
me abstuve de seguir lanzando sobre estos peces
durante el resto de la jornada.
“Yeahh!”,
un sapucai con acento londinense rompió
la paz del manglar, Mark había prendido
su primer macabi, y este parecía ser grande.
Me acerqué lentamente para disfrutar la
secuencia y tomar algunas fotos. El inglés
frenaba peligrosamente la violenta carrera del
pez a pesar de que el guía le gritaba exaltado:
“déjalo correr cojones,
que ese macabi es un toro!”.

Luego de una intensa pelea que demando unos cuantos
minutos y no menos de cincuenta metros de backing,
el pez fue perdiendo vigor y Mark logró
acercarlo con mucho cuidado. "Que hermoso
pez por Dios!", la cara del inglés
irradiaba felicidad, tanto para él como
para mi, era el primer contacto con la pesca de
flats. Unos segundos para plasmar fotográficamente
el momento y luego la devolución criteriosa
y obligatoria.
Los
bonefish se movían cerca de la orilla,
pero el sol que nos daba directamente sobre los
ojos complicaba determinar con exactitud su posición.
Duniesky sugirió subir a la playa y para
caminar con el sol de espaldas. Debido a la pleamar,
la franja de arena era de apenas de un metro de
ancho y la maraña de vegetación
no permitía desplazarse cómodamente
tierra adentro. Por lo tanto, caminamos cautelosamente
por la orilla con las cañas bajas para
no generar sombras que nos pongan en evidencia.
Unos
trescientos metros más adelante nos topamos
con una nutrida “escuela de bonesfish”,
la primera oportunidad fue de el inglés,
quien con un lanzamiento rápido y preciso
concretó un violento pique. Mientras observaba
la pelea, una mancha de sedimento en suspensión
a unos pocos metros atrajo mi atención.
Puse un pie en el agua y vi perfectamente como
un macabi de generoso tamaño se alejaba
nervioso del lugar, sin pensarlo dos veces, cargué
la caña con dos “falsos cast”
y disparé la mosca con un prolijo overhead
colocándola un metro delante de su camino.
Ni bien tocó el fondo imprimí un
rápido tirón para que levante algo
de sedimento, esta técnica es apropiada
para atraer la atención de peces en fuga
o cuando la mosca cae algo lejos de su objetivo.
Fue en una fracción de segundo, el pez
giró y encaró al engaño con
confianza, sentí un suave toque y levante
la caña a cuarenta y cinco grados, mientras
el pez ya clavado, comenzaba una frenética
carrera.
No
sé precisamente cuanto backing salió
en la primer corrida, pero si estoy seguro que
fue la corrida más larga y rápida
que había experimentado en toda mi vida,
por lo menos hasta ese momento... Nunca, jamás!,
ni un dorado ni una trucha de ningún tamaño
me hizo sentir semejante sensación, comprendí
instantáneamente el por qué de la
fama de estos peces, créame, son dinamita
pura!
Cuando paró, intente dar unas vueltas de
manija al reel, pero al percibir el aumento de
tensión el macabi salió nuevamente
disparado propinándome un doloroso manijazo
en los dedos. Aguanté las repetidas corridas
mientras el pez perdía potencia y poco
a poco lo fui arrimando, lo tomé con suavidad
por debajo de su abdomen y retiré la mosca
con una pinza adecuada.
Una
breve observación me permitió apreciar
su cuerpo, firme como roca y casi cilíndrico.
Su furcada aleta caudal de grandes proporciones,
pone de manifiesto su capacidad de nado, y su
boca pequeña orientada hacia abajo su calidad
de pez chupador.
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Moscas
utilizadas
Imágenes
tomadas de: http://www.saltwaterflies.com |
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Crazy Charlie

Gotcha Del Brown's

Permit Crab / Del's
Merki
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Las
pequeñas escamas plateadas le dan un aspecto
casi metálico, su lomo algo más
oscuro y surcado por algunas barras más
intensas, le dan el camuflaje ideal para no ser
detectado por sus predadores naturales, las aves
en ejemplares pequeños, y las barracudas
o tarpones cuando ya poseen un tamaño considerable.
Lo
reanimé por completo antes de devolverlo
a su medio, Duniesky me comentó que soltarlo
cansado en un sector donde abundan las barracudas,
seria casi un homicidio. Recuerden que las únicas
armas que tiene este pez para zafar de ser comido,
son justamente la velocidad, la astucia, y su
capacidad de mimetismo.
Se fue con la misma velocidad de la corrida inicial,
enganché la mosca en el reel, prendí
un habano que tenia reservado para la ocasión
y seguí caminando por la playa con el dulce
sabor de haber cumplido un sueño.
Pensé que ya no había mucho más
en el lugar que me pudiese asombrar, que equivocado
estaba, lo mejor aún no había empezado....
“Sábalo,
sábalo!” exclamó
nuestro guía con excitación evidente
mientras señalaba con el dedo índice:
-“Allí, allí,
justo a las dos”.
Logre ver dos manchas enormes que se movían
a unos cuarenta metros de distancia. Rápidamente
Duniesky tomó la caña de Mark ya
que era la más potente y en un santiamén
cambió la pequeña “Gotcha”
en número #4 por una “Tarpón
Fly” en anzuelo #3/0. Lamentablemente los
tarpones siguieron su camino y no permitieron
que nos aproximásemos lo suficiente como
para intentar pescarlos. Según nuestro
guía, eran dos buenos ejemplares que no
bajaban de las veinte libras de peso.
La furia plateada
Continuamos
avanzando por la angosta playa unos doscientos
metros, la marea había comenzado su descenso
y mientras el agua se retiraba, una multitud de
Jaivas salían de sus escondrijos obligándonos
a caminar con sumo cuidado para no pisarlas.
-“Silencio”
susurró Duniesky en tono casi imperativo
Un sonido extraño y no muy lejano se oía
en forma intermitente, la cara de nuestro guía
adoptó una expresión muy seria mientras
escudriñaba intensamente la superficie
del agua.
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Ficha
Técnica del Permit
Trachinotus
falcatus |
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Nombres
comunes: Español:
Palometa, Pámpano;
Inglés:
Permit; Francés:
Pompaneau plume.
Orden:
Percoidei
Familia:
Carangidae
Genero:
Trachinotus
Especie:
Falcatus
Talla
máxima:
Su peso máximo
es de alrededor
de 25 Kg.
Distribución:
Se le encuentra
en las costas
de Florida, las
Bahamas y prácticamente
todo el Mar Caribe.
Fisonomía:
Su cuerpo es de
forma oblonga,
su boca pequeña
y ostenta una
frente alta y
curvada. Es de
color plateado
con prominentes
aletas más
obscuras, en la
parte baja del
vientre presenta
un color amarillento.
Hábitat
y alimentación:
El
Permit gusta de
aguas poco profundas
y a menudo viaja
en bancos, sobre
todo cuando se
trata de ejemplares
no muy grandes.
Se alimenta de
pequeños
crustáceos,
camarones, cangrejos
y erizos de mar.
Es una de las
especies más
codiciadas y difíciles
de pescar con
mosca en agua
salada. Requiere
de muy buena técnica
de lanzamiento
ya que es un pez
sumamente astuto
y bastante desconfiado.
La potencia y
velocidad de sus
corridas, lo posicionan,
como uno de los
máximos
trofeos que se
pueden capturar
en los flats.
Fuente
consultada:
http://www.flyfishing.com.mx |
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-“Que
pasa?”
-“Palometas Adrián, es
el sonido de palometas comiendo".
Sus
ojos se abrieron desorbitadamente mientras que
una amplia sonrisa se dibujaba en su rostro.
-“Allí,
miren la aleta, palometa a las once!”
Una aleta afilada como un cuchillo cortaba el
agua a no más de cuarenta metros dibujando
círculos erráticos. Le pidió
la #9 a Mark y en un santiamén ató
al tippet una perfecta imitación de cangrejo.
Nos sugirió lo dejásemos intentar
a él ya que nuestra impericia podría
espantar a los peces definitivamente.
-“Quédense
en la playa, y tu Adrián deja tu caña
y ten preparada la mía por si hay más
de una”.
No entendí bien lo qué quiso decir
con “más de una”,
era sólo una aleta dorsal ....
Entró
al agua cautelosamente y agazapado se fue aproximando
al pez mientras sacaba línea del reel.
Se detuvo a unos veinticinco metros del objetivo
y con tres falsos cast escupió la mosca
certeramente a un metro de donde se veía
la aleta. Lo
vi recuperar lentamente un par de metros sin respuesta
alguna, luego, con un “levante y tendido”
lanzó nuevamente casi encima del pez. Esta
vez la palometa vio la mosca y la tomo sin dudar,
la clavada con la caña baja y de costado,
fue enérgica y en dos tiempos. Vi la aleta
salir disparada como un torpedo dejando una estela
en forma de V mientras el reel gritaba emitiendo
un sonido similar a una amoladora eléctrica.
Mark
tomó la caña y comenzó la
pelea mientras el pez seguía sacando backing
sin parar.
-“Son
tres” (me gritó al
oído Duniesky), “mirá
las aletas”. Efectivamente,
dos Permit acompañaban en círculos
al que estaba clavado.
La
pelea se prolongó por más de cuarenta
y cinco minutos hasta que pudo recuperar todo
el backing que había salido. Con solo treinta
metros de línea afuera y los peces a la
vista, el guía me dijo que estuviese atento
para lanzar cuando los acompañantes “se
abrieran”.
Demás está decir que la caña
me quemaba las manos, no veía el momento
de lanzar sobre las aletas que cada vez estaban
más cerca.
-“Paciencia Adrián, si
lanzás ahora y clavás una, lo más
probable es que se crucen y perdamos las dos”.
Cuando la palometa estuvo a sólo diez metros,
las compañeras se abrieron y pregunté:
-“Lanzo ya?”
-“No,
aún no, ten paciencia!”
Ante mi desconcierto, vi como las dos aletas se
alejaban hasta que las perdí de vista.
Confieso que en ese momento quise asesinar al
guía, mi posibilidad se esfumaba mientras
el inglés no paraba de gritar con alegría
frases que jamás pude comprender.
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Básicamente
utilizamos dos equipos:
Para linea #8, caña
Orvis Trident PM10+
890/2 y reel Okuma Integrity
large arbor, linea WF
Scientific Anglers y
cien metros de backing
de veinte libras.
Para
linea #9, caña
Redington Red Fly 990/4
y reel Scientific Anglers
Sistem 2 – 8/9,
linea Scientific Anglers
Bonefish Tapper y trescientos
treinta yardas de backing
de veinte libras.
Los
leaderes utilizados
fueron de nueve pies
0X y tippet Climax 0X
de fluorocarbono.
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-“Tranquilo
Adrián, están por aquí, es
una conducta habitual de estos peces”
Una vez arrimado, me pidieron que les tome unas
fotos, algo molesto accedí y mientras hacía
foco, con el rabillo del ojo izquierdo espiaba
el agua en el afán de ver algún
rastro de las compañeras.
Mientras
reanimaban el Permit para la devolución,
Duniesky señaló un borbollón
a escasos cuarenta metros.
-“Allí,
allí!, prepará la caña cojones”
Una aleta emergió como si se tratase de
un periscopio, y se dirigía hacia mi!...
-“Abajo
Adrián, agáchate que te ve!”
En cuclillas vi como se aproximaba hasta que se
detuvo a unos veinte metros. No dude ni un instante,
volé tres o cuatro veces la línea
y la solté, al tiempo que cruzaba mis dedos
y elevaba una plegaria al Dios de la pesca. Dejé
profundizar la mosca hasta que tocó el
fondo, imprimí un rápido tirón
y la dejé estática. La aleta giro
y se dirigió hacia el lugar...
Un
sudor frió me recorrió por completo,
comencé una muy lenta recuperación
intentando que la imitación no se despegue
mucho del fondo. La aleta desapareció y
con ella todas mis esperanzas, pensé que
se había asustado pero no fue así.
Simplemente se sumergió para tomar violentamente
el engaño y comenzar una diabólica
carrera que parecía no tener fin y casi
me arranca la caña de la mano.

Me
limité a mirar con asombro como salía
el backing sin hacer ningún tipo de movimientos
por miedo a cortar, la mosca estaba atada a un
tippet de tan solo diez libras, y el pez que estaba
en el extremo transmitía una violencia
inusitada, algo así como si hubiese enganchado
un scooter!.
Al cabo de algunos minutos de pelea que sólo
me dieron la posibilidad de girar cuatro o cinco
vueltas de manija, Duniesky me preguntó
con algo de preocupación:-“Cuánto
backing queda en el reel?"
En ese momento me percaté de que sólo
se veía menos de la mitad de una carga,
que según el dueño del equipo, eran
aproximadamente cuatrocientas yardas. Obviamente
si el pez seguía corriendo como loco esto
terminaría en corte.
Comencé
a caminar lo más rápido que pude
hacia el centro de la laguna, al tiempo que, intentaba
recuperar algo de línea, el Permit de vez
en cuando, hacia una pausa y luego corría
como un loco sacando diez o veinte metros de backing.
La pelea se extendió por cincuenta y ocho
minutos de reloj hasta que lo tuve rendido a tres
metros de mis pies.
Cuando
el guía lo soltó de la mosca y me
lo pasó para que lo tuviese en mis manos,
una alegría indescriptible me invadió
por completo. Era la primera vez pescando un flat
caribeño y la naturaleza me ofrecía
uno de sus más preciados trofeos de agua
salada.
Evidentemente la suerte estuvo de mi lado, ya
que el Permit es uno de los peces más codiciados
y difíciles de capturar con mosca, y en
cima, este era uno de muy buen tamaño.
Lógicamente
lo reanimé durante varios minutos ya que
el gran pez se encontraba bastante agotado, una
vez que comenzó a agitarse y respirar con
normalidad, sencillamente abrí mis manos
y lo liberé para que se reúna nuevamente
con sus compañeros.
¿Cuánto
pesó?, no lo sé, no llevaba balanza
y de haberla tenido ni se me hubiese ocurrido
pesarlo. La felicidad no se mide en kilos, de
ser así, habría pesado una tonelada!.
De lo que sí estoy seguro, es que hasta
el momento es la captura más poderosa de
mi carrera de pescador con mosca, estos peces
no tienen punto de comparación con ningún
pez de agua dulce.
Regresamos
caminando lentamente mientras la marea bajaba
y dejaba al descubierto algunos bancos de arena,
nos habíamos pasado dos horas del tiempo
estipulado para la guiada por lo que a pesar de
ver algunos bonefish más no intentamos
pescarlos.
Recomendaciones

Playas
paradisíacas y pesca con mosca, una combinación
exitante
Corolario

El
guía, el guiado y el trofeo, un
lujo!
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El
balance de esta experiencia pescando los flats
cubanos es muy bueno, realmente descubrí
una pesca fantástica en un entorno que
raya lo paradisíaco. La tranquilidad y
seguridad que se respira en la isla es absoluta,
la hoteleria estupenda y los pobladores muy amables
y educados.
Debo
agradecer efusivamente el servicio prestado por
Duniesky, realmente es un guía estupendo
y una persona sumamente amable y divertida. Cabe
aclarar que tanto él, como los demás
guías oficiales de Cuba, hicieron el curso
de guía profesional durante dos años
en los Jardines de la Reina, sumado a esto, su
título de biólogo lo posiciona como
un verdadero conocedor de estos ambientes y sus
habitantes.
Adrián
Tito Fontana
Guía de Pesca Deportiva
– Instructor de Pesca con Mosca
Viajes a medida –
adritifon@fibertel.com.ar - 11.155.131.1178

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