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Caballa con Mosca en Mar Chiquita -- Adrián "Tito" Fontana


Pesca con Mosca en agua salada

En el año 2000 llego a mis manos un ejemplar de la revista norteamericana Saltwater Flyfishing, en ella encontré una serie de artículos muy interesantes sobre pesca con mosca en agua salada que despertaron en mi un gran interés. A partir de ese momento comencé a recopilar información sobre este tipo de pesca y al mismo tiempo a fantasear con las posibilidades que ofrece nuestra Plataforma Continental para la captura de varias especies de alto valor deportivo.

La pesca con mosca en agua salada en nuestro país prácticamente no tiene adeptos, circunstancia atribuible básicamente a los escasísimos o más bien nulos antecedentes y la carencia de información que existe en este campo. Sin embargo, tanto en Europa como en otros países de América, como los Estados Unidos, México, Venezuela, Panamá y algunas islas del Caribe entre otros, es una práctica común que constituye una importante fuente de ingresos para la industria del turismo, contando para ello con una buena infraestructura representada por lodges, guías, medios especializados y operadores específicos para tal fin.

Pescar con mosca en la Argentina es sinónimo de truchas y desde hace unos pocos años dorados y tarariras, todos peces de agua dulce con amplios antecedentes en lo que a pesca deportiva se refiere. El mar sin embargo, a pesar de tener un amplio potencial para la captura de varias especies ultra-deportivas, sigue siendo un campo inexplorado salvo contadas experiencias aisladas.

Empecé a experimentar hace ya unos quince años con palometas y pejerrey en spinning, especialmente desde las escolleras Marplatenses con resultados aceptables, pero mi primer contacto con especies marinas a mosca fue con el Pejerrey en las tranquilas playas del Golfo San Matías y luego de un buen tiempo experimenté, con resultados sorprendentes, la pesca del Pez Sable y en menor medida con el Róbalo en la costa sud-este de Brasil.
Las primeras experiencias de embarcado fueron con señuelos, utilizando equipo de baitcast liviano tanto para pesca “vertical” con jigs (jigging), como en forma tradicional utilizando cucharas ondulantes, giratorias y diving plugs. De esta forma logré palometas, pescadillas, gatusos e incluso corvinas.

 

Solo una cuestión de decisión

Hace poco, un llamado telefónico de mi amigo Pablo Rizzo me puso al tanto sobre la presencia de nutridos cardúmenes de caballa que arrimaron a la costa en la zona de Mar Chiquita, fue la llama que encendió la mecha. A partir de ese momento mi mesa de atado se transformó en una caótica factoría de imitaciones de sardinas, crustáceos y hasta cefalópodos. Comencé a recopilar información sobre hábitos de alimentación y conducta de estas especies con la intención de hacer algunas pruebas.
Sin perder tiempo organice un viaje piloto y partí hacia Mar Chiquita.

 

Aires marinos

Cuatrocientos y pico de kilómetros de una impecable autovía dos me depositaron en la boca de la albúfera donde Pablo tiene su base de operaciones.

Al otro día muy temprano, bajamos la lancha frente a su casa y partimos rumbo al mar, superada la rompiente nos internamos unos tres mil metros buscando aguas con óptimo nivel de claridad.

Una vez fondeados, mis compañeros bajaron rápidamente sus líneas de variada encarnadas con anchoita mientras yo armaba con celeridad mis tres equipos seleccionados para el test: uno de baitcast para la pesca en vertical con jigs, otro de baitcast más liviano para trabajar a media agua con cucharas y señuelos, y un equipo de mosca línea #8 para agua salada con línea mixta de hundimiento rápido.

Empecé con el jigging intentando capturar algunas pescadillas ya que por los resultados de mis compañeros con carnada natural, era evidente la actividad de estos peces muy cerca del fondo, sin embargo las pescadillas esta vez me dijeron no, pero logre capturar dos pequeñas corvinas que picaron seducidas por un jig blanco de treinta gramos.

Pase a las pruebas a media agua trabajando con señuelos rattling y al rato tuve las primera respuesta, una velocísima palometa ataco el engaño y regaló una pelea asombrosa para un equipo de 10lb. Los piques son violentos y las carreras frenéticas, un equipo liviano en el mar, se transforma en una máquina de dar satisfacciones, se lo garantizo!

Luego de una hora de pruebas nos movimos unos trescientos metros mar adentro, ni bien las líneas de variada tocaron el fondo comenzó un pique rabioso de peces Palo. Como estábamos en una zona de más de diez metros de profundidad opte por los jigs para actuar cómodamente cerca del fondo, sin embargo los peces se mostraron remisos a la pesca en vertical ofreciendo sólo algunos tímidos piques aislados que no terminaron en captura.

Cambié de equipo para trabajar a media agua con cucharas ondulantes pero al no obtener respuestas, coloque un rattling de veinte gramos que al cuarto lanzamiento me regalo un pequeño e insolente pez palo que apenas superaba en tres veces el largo del señuelo, sumando una especie más a mi nómina de capturas con artificiales en el mar.

Cotton Cordel Shad Rattling
Cuchara Abu Toby
Jigs para pesca vertical

Las líneas con carnada seguían dando ejemplares buenos de estos peces, mis señuelos fueron ignorados mientras permanecimos en ese lugar. Pasado un rato el Capitán Rizzo decidió otro cambio de zona y nos internamos unos 1000 metros más adentro donde el agua mostraba un color azul marino y la claridad alcanzaba aproximadamente unos tres metros de perfecta visibilidad.

Cinco o seis lanzamientos con el Shad Rattilng y un pique distinto fue nítidamente transmitido por el multifilamento, la primer corrida y los cambios constantes de dirección me hicieron pensar en una palometa, pero no fue así, al arrimarlo comprobé con júbilo que se trataba de una bellísima caballa de unos 40cm que desplegó un poderío muchas veces superior a lo que sugiere su tamaño.

Seguí lanzando con diversos señuelos buscando más consistencia en las respuestas hasta dar con una cuchara plateada de veinte gramos con colita roja que fue perseguida insistentemente pero indefectiblemente rechazada a último momento.

Evidentemente había llegado el momento de pescar con el equipo de mosca, las caballas estaban debajo del "bote" y a no más de tres metros de profundidad. La hora de la verdad había llegado...

Ante la potencial presencia peces grandes, y para mi desconocidos, arme un equipo para línea #8 de 9’ de largo (Caña Orvis Trident PM10+ 890/2 /// Reel: Okuma Integrity largue arbor). Una anchoa de banco de tres kilos es un misil fuera de control, soy arriesgado pero no tonto...

Opté por una línea mixta (floating /sinking - Cortland Quick Decent 225 grains), ya que proporciona hundimientos rápidos en rangos de dos o tres metros en caso de ser preciso con un buen control de la pieza y una clavada eficaz. Otra ventaja de estas líneas pescando desde embarcaciones, es su facilidad de casteo ya que permiten cómodos lanzamientos a media distancia con solo un “levante y tendido”, y eficaces “roll cast” para trabajar sobre los peces muy cerca de la embarcación, algo que comprobé es muy común.

Como leader, utilicé un torsionado “Pina” de tres pies rematado con cuarenta centímetros de tippet de 0X y un snap para facilitar un rápido cambio de mosca. Coloque una imitación de anchoita de unos diez centímetros de largo, montada íntegramente con tubo de mylar plateado sobre un anzuelo 3/0.

 

Con mosca es otra cosa...

Cuatro o cinco lanzamientos recuperando con rápidos tirones lograron algunos seguimientos, hasta que en un momento, mientras cargaba la caña para un roll cast con la mosca en el agua, una caballa la tomo casi en superficie al momento que despedía la línea hacia delante. En la primera corrida se llevó en un santiamén los diez metros que tenia de running en el piso y empezó a trabajar el reel generando una verdadera sinfonía de chicharra. Créame, estos peces son pura potencia y velocidad, nunca pensé que un pescadito de cuarenta centímetros pudiese arquear por completo mi caña #8 y seguir sacando línea en carreras de cinco a ocho metros con el freno del reel ajustado para no regalar mucho.

Luego de esta captura los peces desaparecieron como por arte de magia, un par de piques violentos seguidos de corte en las líneas de variada evidenciaron la presencia de tiburones, motivo por el cual, Pablo decidió movernos hasta los 9000 metros de la costa, justo sobre un pequeño sector con fondo de tosca donde suelen comer meros y besugos.
Nuevamente los aparejos de variada llegaron al fondo encarnados con anchoita y magrú salado, las respuestas fueron inmediatas pero esta vez de buenos meros y besugos que salían incluso de a dobletes.

Cuando subían una pieza a la superficie era velozmente perseguida ya no por una o dos caballas, sino por grupos de hasta diez ejemplares que gracias a la extrema transparencia del agua se veían venir desde los tres metros de profundidad.

En el mar todo sucede muy rápido, por lo que hay que tener los equipos preparados y bien a mano para no desaprovechar oportunidades. Recuerde que tanto la caballa, como la palometa y la anchoa son peces gregarios, por lo tanto si obtiene un pique, es muy probable que pueda capitalizar unos cuantos más si piensa y actúa con celeridad.

Si la zona esta cebada mucho mejor!, cuanto más tiempo pueda retener a los peces a tiro de caña más posibilidades tendrá de pescarlos.
El hecho de estar pescando a la par de las líneas de variada fue sumamente beneficioso ya que en general me limite a esperar a los peces hasta tenerlos a la vista para hacer uno o varios lanzamientos rápidos aprovechando las subidas masivas detrás de las piezas clavadas con carnada.

Noté que se sentían más atraídas por moscas color rosado pálido tipo bunker, lo cierto es que las seguían pero a último momento las rechazaban o eran tomadas cautelosamente por la cola produciendo piques erróneos. Comencé a achicar las moscas hasta dar con un pequeño bunker atado en anzuelo 1/0, la timidez desapareció y se trnsformó en furia. Si bien tomaban con más decisión, la cantidad de peces comparada con la cantidad de piques dejó de manifiesto que no es tan fácil engañar caballas, son bastante desconfiadas, que pueden ponerle los pelos de punta al mosquero más paciente.

Realmente me divertí a lo grande, vi muchas, pero muchas caballas, y en un par de horas capture unos cuantos ejemplares con medidas entre treinta y cuarenta centímetros. Ojo!, no se deje llevar por el tamaño, una caballa de cuarenta centímetros resulta un cóctel sumamente explosivo en un equipo de mosca, tenga en cuenta que la medida máxima de un adulto apenas esta por encima de los cincuenta centímetros y algo así como un kilo y medio de peso.

TIPS

Los peces que nos interesan se mueven acardumados, en general a media agua o muy cerca de la superficie; siempre en movimiento detrás de su alimento, mayormente peces pequeños como la anchoita, el pejerrey y los crustáceos.

La mejor manera de testear si hay objetivos en la zona es con un equipo de spinning o baitcast, ya que permite acceder a casi cualquier profundidad muy rápidamente, utilizando preferentemente señuelos con sonido (rattling) o con alto poder de vibración para atraer a los peces desde grandes distancias.

Si están, uno se entera rápidamente, ya sea por que pican o por que vemos su persecución y posterior rechazo, esto sucede con frecuencia. Una vez que detectamos su presencia y a qué profundidad se mueven, ya podemos tomar la caña de mosca e ir directo al grano con cierto tino.

Según esta experiencia creo que el equipo más adecuado para sacar el máximo provecho a esta pesca, es una caña de acción media para línea #6, un reel cargado con cien metros de backing y una línea full sinking o floating sinking. Lo ideal es llevar dos equipos, uno liviano para caballas y palometas, y el otro más potente como un #8 por si se hacen presentes las anchoas de banco.

Las moscas que utilicé imitan pequeños peces, atadas íntegramente con materiales sintéticos hunden rápido y se lanzan fácilmente.
Para las caballas lo mejor es usar moscas pequeñas, de no más de seis u ocho centímetros de longitud, por encima de estas medidas si bien son igualmente perseguidas, son menos eficaces a la hora de clavar.

El anzuelo más adecuado es número 1/0 para agua salada como el Mustad Saltwater o el Gamakasu Octopus. En el caso de la “Titus Scomber Special” (foto), de lejos el patrón que más rindió, están atadas sobre anzuelos Mustad Big Red número uno.

Para anchoas y palometas se recomiendo utilizar moscas más largas, algunos diseños se atan en tandem incorporando un anzuelo en el extremo de la cola para atenuar piques errados.

La selección que mejor rindió
Detalle de la “Titus Scomber Special”

 

Corolario

La posibilidad de pescar con mosca a menos de cuatro horas de la Ciudad Autónboma de Buenos Aires, en un entorno agradable y a pasos de un centro turístico como Mar del Plata, representa una opción sumamente válida para una escapada veraniega y una alternativa interesantísima a las lejanas truchas cordilleranas.

Podrá medirse con peces ultra deportivos a quince minutos de navegación y al mediodía estar en la playa, en familia y saboreando unos ricos sandwich bajo la sombrilla.

No me diga que no es tentador...,¡anímese!, es una experiencia sublime y el escenario, la inmensidad del océano.

Adrián Tito Fontana
Guía de Pesca Deportiva – Instructor de Pesca con Mosca
Viajes a medida
adritifon@fibertel.com.ar

Adrián Fontana. Guía e Intructor de pesca con mosca

 

FICHA TÉCNICA DE LA CABALLA

Familia: Scombridae

Nombre científico: Scomber japónicus

Nombre vernáculo: caballa, magru

Nombre inglés: Chub mackerel

Es una especie cosmopolita de aguas semi templadas de costumbres pelágico-costeras. Habita sobre el talud continental, distribuyéndose desde la superficie hasta los 300 metros de profundidad.

Caracteres externos: Cuerpo alargado, fusiforme, robusto, ligeramente comprimido, cubierto de escamas diminutas. La línea lateral es bien evidente. Cabeza pequeña, boca desprovista de dientes, terminal, cuyos extremos posteriores no alcanzan el nivel del borde posterior de los ojos. Estos son laterales, grandes, protegidos por una membrana adiposa transparente que tiene una abertura central del contorno oval. Narinas pares, próximas a los ojos. Dos aletas dorsales, la primera espinosa y la segunda formada por radios blandos.
Caudal furcada. Anal semejante a la segunda dorsal, ambas seguidas por una serie de 5 pínulas. Pectorales cortas. Ventrales también pequeñas, se originan por detrás de la base de las pectorales.
El dorso presenta una coloración azul verdoso con un dibujo marmolado en tonos mas oscuros, parte inferior de los flancos y vientre blanco iridiscente. Aletas transparentes, amarillo claro. La talla máxima observada es de 57 cm. de largo total. Las más frecuentes en la captura comercial son de 20 a 45 cm.

Datos biológicos: La reproducción tiene lugar en Primavera tardía y principios de Verano (fines de Noviembre-Diciembre), sólo de noche, con una temperatura en superficie de alrededor 16°-17° C. Cada ejemplar efectúa unas 4 a 5 puestas parciales hasta completar el proceso. Se reproducen a partir de los 24-27 cm. de longitud total (1-2 años de edad). Se alimenta de organismos del plancton, peces y calamaretes. Las Caballas más grandes pueden capturar presas de hasta 14 cm. de longitud total.

Distribución geográfica: Los adultos aparecen en el área costera de Mar del Plata entre los meses de Septiembre-Febrero cuando migran para reproducirse y alimentarse intensamente. Se ha observado, en Agosto, la presencia de grandes cardúmenes al Sur de la Provincia de Buenos Aires (El Rincón) y en el Norte Patagónico. Los desplazamientos de los adultos en esta área costera están condicionados por la temperatura del agua: cuando ésta sobrepasa en superficie los 20° C no se acercan a la costa lo suficiente como para ser accesibles a las flotas pesqueras.

En Invierno se la encuentra en plataforma, a una profundidad de entre 100 y 200 m., desplazándose en verano hacia la costa.

Fuente consultada:
"Peces marinos de Argentina”
Editado por el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP)

 
 
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