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Pesca
con Mosca en agua salada
En
el año 2000 llego a mis manos un ejemplar
de la revista norteamericana Saltwater Flyfishing,
en ella encontré una serie de artículos
muy interesantes sobre pesca con mosca en agua
salada que despertaron en mi un gran interés.
A partir de ese momento comencé a recopilar
información sobre este tipo de pesca y
al mismo tiempo a fantasear con las posibilidades
que ofrece nuestra Plataforma Continental para
la captura de varias especies de alto valor deportivo.
La
pesca con mosca en agua salada en nuestro país
prácticamente no tiene adeptos, circunstancia
atribuible básicamente a los escasísimos
o más bien nulos antecedentes y la carencia
de información que existe en este campo.
Sin embargo, tanto en Europa como en otros países
de América, como los Estados Unidos, México,
Venezuela, Panamá y algunas islas del Caribe
entre otros, es una práctica común
que constituye una importante fuente de ingresos
para la industria del turismo, contando para ello
con una buena infraestructura representada por
lodges, guías, medios especializados y
operadores específicos para tal fin.
Pescar
con mosca en la Argentina es sinónimo de
truchas y desde hace unos pocos años dorados
y tarariras, todos peces de agua dulce con amplios
antecedentes en lo que a pesca deportiva se refiere.
El mar sin embargo, a pesar de tener un amplio
potencial para la captura de varias especies ultra-deportivas,
sigue siendo un campo inexplorado salvo contadas
experiencias aisladas.
Empecé
a experimentar hace ya unos quince años
con palometas y pejerrey en spinning, especialmente
desde las escolleras Marplatenses con resultados
aceptables, pero mi primer contacto con especies
marinas a mosca fue con el Pejerrey en las tranquilas
playas del Golfo San Matías y luego de
un buen tiempo experimenté, con resultados
sorprendentes, la pesca del Pez Sable y en menor
medida con el Róbalo en la costa sud-este
de Brasil.
Las primeras experiencias de embarcado fueron
con señuelos, utilizando equipo de baitcast
liviano tanto para pesca “vertical”
con jigs (jigging), como en forma tradicional
utilizando cucharas ondulantes, giratorias y diving
plugs. De esta forma logré palometas, pescadillas,
gatusos e incluso corvinas.
Solo
una cuestión de decisión
Hace
poco, un llamado telefónico de mi amigo
Pablo Rizzo me puso al tanto sobre la presencia
de nutridos cardúmenes de caballa que arrimaron
a la costa en la zona de Mar Chiquita, fue la
llama que encendió la mecha. A
partir de ese momento mi mesa de atado se transformó
en una caótica factoría de imitaciones
de sardinas, crustáceos y hasta cefalópodos.
Comencé a recopilar información
sobre hábitos de alimentación y
conducta de estas especies con la intención
de hacer algunas pruebas.
Sin perder tiempo organice un viaje piloto y partí
hacia Mar Chiquita.
Aires
marinos
Cuatrocientos
y pico de kilómetros de una impecable autovía
dos me depositaron en la boca de la albúfera
donde Pablo tiene su base de operaciones.
Al otro día muy temprano, bajamos la lancha
frente a su casa y partimos rumbo al mar, superada
la rompiente nos internamos unos tres mil metros
buscando aguas con óptimo nivel de claridad.
Una
vez fondeados, mis compañeros bajaron rápidamente
sus líneas de variada encarnadas con anchoita
mientras yo armaba con celeridad mis tres equipos
seleccionados para el test: uno de baitcast para
la pesca en vertical con jigs, otro de baitcast
más liviano para trabajar a media agua
con cucharas y señuelos, y un equipo de
mosca línea #8 para agua salada con línea
mixta de hundimiento rápido.
Empecé
con el jigging intentando capturar algunas pescadillas
ya que por los resultados de mis compañeros
con carnada natural, era evidente la actividad
de estos peces muy cerca del fondo, sin embargo
las pescadillas esta vez me dijeron no, pero logre
capturar dos pequeñas corvinas que picaron
seducidas por un jig blanco de treinta gramos.
Pase a las pruebas a media agua trabajando con
señuelos rattling y al rato tuve las primera
respuesta, una velocísima palometa ataco
el engaño y regaló una pelea asombrosa
para un equipo de 10lb. Los piques son violentos
y las carreras frenéticas, un equipo liviano
en el mar, se transforma en una máquina
de dar satisfacciones, se lo garantizo!
Luego
de una hora de pruebas nos movimos unos trescientos
metros mar adentro, ni bien las líneas
de variada tocaron el fondo comenzó un
pique rabioso de peces Palo. Como estábamos
en una zona de más de diez metros de profundidad
opte por los jigs para actuar cómodamente
cerca del fondo, sin embargo los peces se mostraron
remisos a la pesca en vertical ofreciendo sólo
algunos tímidos piques aislados que no
terminaron en captura.
Cambié
de equipo para trabajar a media agua con cucharas
ondulantes pero al no obtener respuestas, coloque
un rattling de veinte gramos que al cuarto lanzamiento
me regalo un pequeño e insolente pez palo
que apenas superaba en tres veces el largo del
señuelo, sumando una especie más
a mi nómina de capturas con artificiales
en el mar.
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Cotton
Cordel Shad Rattling |
Cuchara
Abu Toby |
Jigs
para pesca vertical |
Las
líneas con carnada seguían dando
ejemplares buenos de estos peces, mis señuelos
fueron ignorados mientras permanecimos en ese
lugar. Pasado un rato el Capitán Rizzo
decidió otro cambio de zona y nos internamos
unos 1000 metros más adentro donde el agua
mostraba un color azul marino y la claridad alcanzaba
aproximadamente unos tres metros de perfecta visibilidad.
Cinco o seis lanzamientos con el Shad Rattilng
y un pique distinto fue nítidamente transmitido
por el multifilamento, la primer corrida y los
cambios constantes de dirección me hicieron
pensar en una palometa, pero no fue así,
al arrimarlo comprobé con júbilo
que se trataba de una bellísima caballa
de unos 40cm que desplegó un poderío
muchas veces superior a lo que sugiere su tamaño.
Seguí
lanzando con diversos señuelos buscando
más consistencia en las respuestas hasta
dar con una cuchara plateada de veinte gramos
con colita roja que fue perseguida insistentemente
pero indefectiblemente rechazada a último
momento.
Evidentemente
había llegado el momento de pescar con
el equipo de mosca, las caballas estaban debajo
del "bote" y a no más de tres
metros de profundidad. La hora de la verdad había
llegado...
Ante
la potencial presencia peces grandes, y para mi
desconocidos, arme un equipo para línea
#8 de 9’ de largo (Caña Orvis Trident
PM10+ 890/2 /// Reel: Okuma Integrity largue arbor).
Una anchoa de banco de tres kilos es un misil
fuera de control, soy arriesgado pero no tonto...
Opté por una línea mixta (floating
/sinking - Cortland Quick Decent 225 grains),
ya que proporciona hundimientos rápidos
en rangos de dos o tres metros en caso de ser
preciso con un buen control de la pieza y una
clavada eficaz. Otra ventaja de estas líneas
pescando desde embarcaciones, es su facilidad
de casteo ya que permiten cómodos lanzamientos
a media distancia con solo un “levante y
tendido”, y eficaces “roll cast”
para trabajar sobre los peces muy cerca de la
embarcación, algo que comprobé es
muy común.
Como leader, utilicé un torsionado “Pina”
de tres pies rematado con cuarenta centímetros
de tippet de 0X y un snap para facilitar un rápido
cambio de mosca. Coloque una imitación
de anchoita de unos diez centímetros de
largo, montada íntegramente con tubo de
mylar plateado sobre un anzuelo 3/0.
Con
mosca es otra cosa...
Cuatro
o cinco lanzamientos recuperando con rápidos
tirones lograron algunos seguimientos, hasta que
en un momento, mientras cargaba la caña
para un roll cast con la mosca en el agua, una
caballa la tomo casi en superficie al momento
que despedía la línea hacia delante.
En la primera corrida se llevó en un santiamén
los diez metros que tenia de running en el piso
y empezó a trabajar el reel generando una
verdadera sinfonía de chicharra. Créame,
estos peces son pura potencia y velocidad, nunca
pensé que un pescadito de cuarenta centímetros
pudiese arquear por completo mi caña #8
y seguir sacando línea en carreras de cinco
a ocho metros con el freno del reel ajustado para
no regalar mucho.
Luego
de esta captura los peces desaparecieron como
por arte de magia, un par de piques violentos
seguidos de corte en las líneas de variada
evidenciaron la presencia de tiburones, motivo
por el cual, Pablo decidió movernos hasta
los 9000 metros de la costa, justo sobre un pequeño
sector con fondo de tosca donde suelen comer meros
y besugos.
Nuevamente los aparejos de variada llegaron al
fondo encarnados con anchoita y magrú salado,
las respuestas fueron inmediatas pero esta vez
de buenos meros y besugos que salían incluso
de a dobletes.
Cuando subían una pieza a la superficie
era velozmente perseguida ya no por una o dos
caballas, sino por grupos de hasta diez ejemplares
que gracias a la extrema transparencia del agua
se veían venir desde los tres metros de
profundidad.
En
el mar todo sucede muy rápido, por lo que
hay que tener los equipos preparados y bien a
mano para no desaprovechar oportunidades. Recuerde
que tanto la caballa, como la palometa y la anchoa
son peces gregarios, por lo tanto si obtiene un
pique, es muy probable que pueda capitalizar unos
cuantos más si piensa y actúa con
celeridad.
Si la zona esta cebada mucho mejor!, cuanto más
tiempo pueda retener a los peces a tiro de caña
más posibilidades tendrá de pescarlos.
El hecho de estar pescando a la par de las líneas
de variada fue sumamente beneficioso ya que en
general me limite a esperar a los peces hasta
tenerlos a la vista para hacer uno o varios lanzamientos
rápidos aprovechando las subidas masivas
detrás de las piezas clavadas con carnada.
Noté
que se sentían más atraídas
por moscas color rosado pálido tipo bunker,
lo cierto es que las seguían pero a último
momento las rechazaban o eran tomadas cautelosamente
por la cola produciendo piques erróneos.
Comencé a achicar las moscas hasta dar
con un pequeño bunker atado en anzuelo
1/0, la timidez desapareció y se trnsformó
en furia. Si bien tomaban con más decisión,
la cantidad de peces comparada con la cantidad
de piques dejó de manifiesto que no es
tan fácil engañar caballas, son
bastante desconfiadas, que pueden ponerle los
pelos de punta al mosquero más paciente.
Realmente
me divertí a lo grande, vi muchas, pero
muchas caballas, y en un par de horas capture
unos cuantos ejemplares con medidas entre treinta
y cuarenta centímetros. Ojo!, no se deje
llevar por el tamaño, una caballa de cuarenta
centímetros resulta un cóctel sumamente
explosivo en un equipo de mosca, tenga en cuenta
que la medida máxima de un adulto apenas
esta por encima de los cincuenta centímetros
y algo así como un kilo y medio de peso.
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Los
peces que nos
interesan se mueven
acardumados, en
general a media
agua o muy cerca
de la superficie;
siempre en movimiento
detrás
de su alimento,
mayormente peces
pequeños
como la anchoita,
el pejerrey y
los crustáceos.
La
mejor manera de
testear si hay
objetivos en la
zona es con un
equipo de spinning
o baitcast, ya
que permite acceder
a casi cualquier
profundidad muy
rápidamente,
utilizando preferentemente
señuelos
con sonido (rattling)
o con alto poder
de vibración
para atraer a
los peces desde
grandes distancias.
Si
están,
uno se entera
rápidamente,
ya sea por que
pican o por que
vemos su persecución
y posterior rechazo,
esto sucede con
frecuencia. Una
vez que detectamos
su presencia y
a qué profundidad
se mueven, ya
podemos tomar
la caña
de mosca e ir
directo al grano
con cierto tino.
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Según
esta experiencia creo que el equipo más
adecuado para sacar el máximo provecho
a esta pesca, es una caña de acción
media para línea #6, un reel cargado con
cien metros de backing y una línea full
sinking o floating sinking. Lo ideal es llevar
dos equipos, uno liviano para caballas y palometas,
y el otro más potente como un #8 por si
se hacen presentes las anchoas de banco.
Las
moscas que utilicé imitan pequeños
peces, atadas íntegramente con materiales
sintéticos hunden rápido y se lanzan
fácilmente.
Para las caballas lo mejor es usar moscas pequeñas,
de no más de seis u ocho centímetros
de longitud, por encima de estas medidas si bien
son igualmente perseguidas, son menos eficaces
a la hora de clavar.
El anzuelo más adecuado es número
1/0 para agua salada como el Mustad Saltwater
o el Gamakasu Octopus. En el caso de la “Titus
Scomber Special” (foto), de lejos el patrón
que más rindió, están atadas
sobre anzuelos Mustad Big Red número uno.
Para anchoas y palometas se recomiendo utilizar
moscas más largas, algunos diseños
se atan en tandem incorporando un anzuelo en el
extremo de la cola para atenuar piques errados.
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La
selección que mejor rindió |
Detalle
de la “Titus Scomber Special” |
Corolario
La
posibilidad de pescar con mosca a menos de cuatro
horas de la Ciudad Autónboma de Buenos
Aires, en un entorno agradable y a pasos de un
centro turístico como Mar del Plata, representa
una opción sumamente válida para
una escapada veraniega y una alternativa interesantísima
a las lejanas truchas cordilleranas.
Podrá
medirse con peces ultra deportivos a quince minutos
de navegación y al mediodía estar
en la playa, en familia y saboreando unos ricos
sandwich bajo la sombrilla.
No me diga que no es tentador...,¡anímese!,
es una experiencia sublime y el escenario, la
inmensidad del océano.
Adrián
Tito Fontana
Guía de Pesca Deportiva
– Instructor de Pesca con Mosca
Viajes a medida –
adritifon@fibertel.com.ar

FICHA
TÉCNICA DE LA CABALLA
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Familia:
Scombridae
Nombre
científico: Scomber japónicus
Nombre
vernáculo: caballa, magru
Nombre
inglés: Chub mackerel
Es
una especie cosmopolita de aguas semi
templadas de costumbres pelágico-costeras.
Habita sobre el talud continental,
distribuyéndose desde la superficie
hasta los 300 metros de profundidad.
Caracteres
externos: Cuerpo alargado, fusiforme,
robusto, ligeramente comprimido, cubierto
de escamas diminutas. La línea
lateral es bien evidente. Cabeza pequeña,
boca desprovista de dientes, terminal,
cuyos extremos posteriores no alcanzan
el nivel del borde posterior de los
ojos. Estos son laterales, grandes,
protegidos por una membrana adiposa
transparente que tiene una abertura
central del contorno oval. Narinas
pares, próximas a los ojos.
Dos aletas dorsales, la primera espinosa
y la segunda formada por radios blandos.
Caudal
furcada. Anal semejante a la segunda
dorsal, ambas seguidas por una serie
de 5 pínulas. Pectorales cortas.
Ventrales también pequeñas,
se originan por detrás de la
base de las pectorales.
El dorso presenta una coloración
azul verdoso con un dibujo marmolado
en tonos mas oscuros, parte inferior
de los flancos y vientre blanco iridiscente.
Aletas transparentes, amarillo claro.
La talla máxima observada es
de 57 cm. de largo total. Las más
frecuentes en la captura comercial
son de 20 a 45 cm.
Datos
biológicos: La reproducción
tiene lugar en Primavera tardía
y principios de Verano (fines de Noviembre-Diciembre),
sólo de noche, con una temperatura
en superficie de alrededor 16°-17°
C. Cada ejemplar efectúa unas
4 a 5 puestas parciales hasta completar
el proceso. Se reproducen a partir
de los 24-27 cm. de longitud total
(1-2 años de edad). Se alimenta
de organismos del plancton, peces
y calamaretes. Las Caballas más
grandes pueden capturar presas de
hasta 14 cm. de longitud total.
Distribución
geográfica: Los adultos
aparecen en el área costera
de Mar del Plata entre los meses de
Septiembre-Febrero cuando migran para
reproducirse y alimentarse intensamente.
Se ha observado, en Agosto, la presencia
de grandes cardúmenes al Sur
de la Provincia de Buenos Aires (El
Rincón) y en el Norte Patagónico.
Los desplazamientos de los adultos
en esta área costera están
condicionados por la temperatura del
agua: cuando ésta sobrepasa
en superficie los 20° C no se
acercan a la costa lo suficiente como
para ser accesibles a las flotas pesqueras.
En
Invierno se la encuentra en plataforma,
a una profundidad de entre 100 y 200
m., desplazándose en verano
hacia la costa.
Fuente
consultada:
"Peces marinos de Argentina”
Editado por el Instituto
Nacional de Investigación y
Desarrollo Pesquero (INIDEP)
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