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Tarariras: auspicioso comienzo de temporada en "La Sofía" -- Arq. Martín Chaves


Ansiedad, loca ansiedad

-"Mirá Martín que llovieron esta semana casi 70 mm y desde el lunes hasta hoy, jueves, la temperatura mínima fue de 5º, con heladas matinales…"

Colgué el teléfono y me puse a pensar si estábamos haciendo lo correcto.

Quince días antes, habíamos hecho el primer relevamiento de la temporada en La Sofía y los resultados habían sido más bien magros. El panorama no parecía haber mejorado, pero la excitación por arrojar nuestras moscas y señuelos en esa laguna que nos diera tantas satisfacciones en marzo fue mayor.

Convinimos en que el día viernes, previo a una primera salida grupal planeada para el día domingo del fin de semana largo de octubre, era el momento indicado. Nos pusimos de acuerdo con Diego Flores, Alejandro, Eduardo Moncalvo y señora, Fernando de la Cruz y Adrián Tito Fontana para concurrir en dos autos y encontrarnos cerca del mediodía en la estancia, ya que la lógica indicaba que las tarariras recién se volverían activas al aumentar el calor.

Luego de recorrer los 260 Km. desde Buenos Aires por Acceso Oeste y la ruta Nac. Nº5, llegamos a pocos kilómetros de 25 de Mayo, donde José nos esperaba con su amplia sonrisa y un mate amargo recién cebado.

Por suerte Eduardo llevó consigo un pequeño gomón, sin motor, para poder colocar nuestros equipos y algunos refrigerios y llevarlos al medio del espejo. El paisaje se mostraba espléndido, con algunos grupos de flamencos en la laguna chica y enormes bandadas de mirlos jugueteando entre las flores de los cardos. El campo estaba ralo, a la espera de la siembra de soja que se realiza comenzado el mes de noviembre. Inflamos el bote, cargamos los bártulos, nos calzamos nuestros waders y chalecos y salimos a probar suerte.

La laguna La Sofía

Esta laguna tiene entre 350 y 400 hectáreas de agua, dependiendo de la cantidad de lluvias estacionales. Si bien una gran parte de su masa acuífera se debe a numerosas vertientes subterráneas, al estar localizada en una hondonada, hace las veces de gran palangana de las tierras vecinas. El agua estaba bastante clara para lo que recordábamos, tal vez producto de las lluvias de los días pasados y las heladas.

Se puede vadear prácticamente en toda su extensión y tiene un promedio de profundidad que arranca en los 40 centímetros y llega en algunos sectores al metro y medio.
El lugar es muy agreste y nunca se destinó para la pesca.

Una pequeña “posta” ofrece el único refugio techado, junto con un baño y tres ambientes modestos.

Afuera, debajo de una gran arboleda, se preparan los asados, se estacionan los autos y se comparten anécdotas de pescadores, junto al ñic-ñac de la bomba manual del pozo y el graznido de los chajaes. Un par de caballos “ruanos” nos miran con cara indiferente mientras tratamos de hacer entrar los pies en las botas de vadeo.

Diego, fiel a su espíritu inquieto, salió corriendo a subirse a un tanque de agua para poder otear más allá de los profusos juncos que encierran y esconden este maravilloso y fértil espejo.

A las doce y media, estábamos parados al borde del primer abra preguntándonos qué era lo más conveniente: si comenzar por las zonas bajas en los desbordes y sorprender a las tarariras tomando sol o buscar aguas más profundas donde el frío no llega a afectar las capas inferiores.

Todos, salvo Tito Fontana, recurrimos a nuestros equipos de spinning y bait-cast ultraliviano. Mosquero de alma, prefirió correr el riesgo y tentar a la suerte a pesar de que las chances estaban todas en su contra.

Optamos por la segunda alternativa y nos dirigimos a un lugar que ya conocíamos por sus bondades. Luego de caminar con el agua a la cintura y esquivando matas de juncales por unos 200 metros, llegamos al lugar deseado. Durante el trayecto pude ver algunos indicios de actividad de las “taruchas”: perfectas estelas en forma de “v” sobre la superficie del agua, borbollones entre los juncales, pero nada comparado a las explosiones típicas de los meses de verano.
De a poco nos iba embargando el escepticismo.

Sorpresivas respuestas

Mediodía. Cielo totalmente despejado. Poco o casi nada de viento. Un paredón de juncales nos rodea como un alud de pasto que quiere engullirnos. Imposible ver más allá de él. Primeros lances…

La experiencia nos mueve a que primero debemos barrer en abanico la zona pegada a los juncos. A la derecha, al centro, a la izquierda y nuevamente a empezar. En cada lance, y dependiendo del diseño de nuestro señuelo, es conveniente ir variando la velocidad de recolección del mismo, imprimirle pequeños tirones, parar y seguir.

Sabíamos de antemano que para la época, había que buscar las tarariras a media agua y a fondo. Al no existir gambarrusa, la tarea es más llevadera y sólo tenemos que preocuparnos por no “colgar” los señuelos en los juncos, ya que al engancharse y tener que ir a buscarlos, arruinamos con nuestra presencia el sector escogido.

Yo opté por un Subwart, de Storm, que trabaja entre la superficie y los 30 cm. de profundidad. El secreto del mismo está en lo que se denomina “rattling” o sonajero: una bolilla interior que produce un tintineo muy atractivo para los peces predadores.

Diego eligió otro Subwart de Storm pero de superficie neto, el Nº6, un poco más grande. Ferchu y Eduardo trataron con mojarras tipo Miniglobe.

A los pocos minutos tuvimos las primeras respuestas. Los ejemplares no eran grandes, unos 600 a 700 grs. pesados con el boga-grip. Tomaban en forma tímida y sin saltos acrobáticos, pero al sentirse enganchados ofrecían bastante resistencia. A partir de ese instante, el pique fue continuo hasta las 15hs en que parte del grupo optó por acercarse a la orilla a almorzar. Experimentamos dobletes y tripletes, es decir, varias cañas con piques simultáneos.

Una vez satisfechos con la acción y eficacia de un señuelo, cambiábamos por otro para probar. Si no surtía efecto, volvíamos a uno de acción similar. Así, pasaron las horas de forma muy entretenida. Ninguno de nosotros cedió a la tentación de recurrir a una boya plop, ya que las respuestas eran muchas y la diversión estaba asegurada. No hay nada que se compare con la sensación del pique de una tararira mientras arrastramos el señuelo con el agua a la cintura. El pez posee muy afilados dientes y es sumamente agresivo, territorial; y lo vemos rodeándonos con su nado furibundo. No apto para cardíacos.

Hicimos un alto en la pesca y nos acercamos al gomón para aprovechar unas “nada deportivas” cervezas heladas que teníamos en la conservadora. Allí intercambiamos opiniones y nuevas estrategias, siempre con la sonrisa a flor de piel. Hasta Alejandro que se estaba dedicando exclusivamente a la fotografía, no pudo resistir a la tentación y, usando mi caña, pinchó cinco taruchas en forma consecutiva.

En busca del trofeo

Pero… (siempre hay un pero), estábamos deseando la aparición de las grandes.

Teníamos la certeza que nos estaban esquivando, pero que tarde o temprano aparecerían. Diego insistía en que seguramente al atardecer entrarían en escena los adultos. Su vasta experiencia nos contagiaba la fe que necesitábamos.

Al volver el resto de los pescadores, nos repartimos en distintas zonas con el sólo objetivo de lograr el premio mayor. Fernando y Eduardo siguieron cobrando piezas esporádicamente. Yo me dediqué a investigar otros callejones, mientras la tarde se despedía y los colores se transformaban en sombras.

Con los últimos haces de luz, Edu decidió dar por terminada la jornada. No estaba mal para ser su primera visita a La Sofía. Pero una corazonada de Ferchu lo convenció de efectuar los tres últimos lances antes de retirarse.

Frente a un juncal dorado por el sol que se escapaba a sus espaldas, lanzó su señuelo bien pegado a la zona donde los pastos se sumergían en el agua. Dos, tres, cuatro vueltas de manivela y la clavada rápida, el golpe seco que sube y no baja para evitar perder tensión en la línea. Yo estaba justo a su lado derecho y sentí el júbilo de su expresión. No tiraba como las otras; era una locomotora que arremetió contra los laterales buscando refugio. Fer estaba eufórico y feliz de su acertado consejo. ¡Eduardo no lo podía creer!

La última tararira del día pesó 2,5 Kg., corta y gruesa, muy saludable, de hermosos colores tornasolados con destellos azul metálico; impresionante.

Ahora sí, decidimos en conjunto dar por terminado el día de pesca y olvidarnos de los dos últimos tiros pendientes. Nos apuramos a llegar a la costa ya que la noche bajaba muy rápido y no deseábamos perdernos.

Datos técnicos y consejos útiles

Es muy importante llevar waders o pantalones de secado rápido, calzar botas de vadeo o zapatillas por el barro del fondo. Otra herramienta indispensable es una pinza, de las especiales o de pico largo tipo electricista y si se puede un boga grip o tenaza para capturas. No olvidar el repelente.

  • Spinning: caña Shimano Integrated de 1.98 m en un solo tramo de acción 6 – 15 libras. Reel Abu-García Cardinal 501 cargado con nylon Steel Line o Climax Premium del 0.25, caña Winner WR 1000 de DAM y Lexus de 1,95 m., ABU GARCIA Gold Max de 1,98m con reel Eagle 301F y Bannax Raiders.
  • Baitcast: cañas Daiwa Triforce o Lexus Lures de 1.95 mts; reel Abu-García Tournament 3000 con monofilamento Steel Line o Climax Premium del 0.32mm.
  • Señuelos: El señuelo más rendidor de la jornada, el Subwart de Storm 0-30 cm., el Spin-fish de Alfer’s, el JL-074 y 75 S.P. WIGGLE-PRO DE STRIKE PRO (se llevo la más grande), el Subwart Nº 6 de Storm. No tuvimos suerte con los de superficie tipo Crazy-Crawler o Hulla Popper. A la mayoría de los triples les aplastamos la “muerte” con una pinza para hacer más rápida la devolución de las presas.
  • Importante: debido a la posibilidad de sufrir picaduras, raspones o clavarse algún triple, les aconsejo aplicarse la antitetánica para cualquier tipo de pesca, especialmente en verano, y llevar en el auto un botiquín de primeros auxilios.

 

He obviado en forma expresa lo que se refiere a la pesca con mosca, ya que ello serÁ motivo de una nota por gente que sabe mucho más de este arte, como Adrián “Tito” Fontana.

Gracias como siempre a todos los asistentes por el maravilloso día compartido.

Arq. Martin G. Chaves – (Piscuí)

 

Estancia La Sofía

Para reservas e informes
Tel: 011.155.400.9207
estancialasofia@yahoo.com.ar

 
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