Después
de consultar varios pronósticos meteorológicos,
dos que anunciaban lluvia y uno buen tiempo,
pesó más nuestro vicio por la
pesca que la cordura, por lo decidimos realizar
la excursión programada a Esquina.
Partimos de la
ciudad Autónoma de Buenos Aires en dos
coches a las 15:30 hs cubriendo los 610 Km.
que nos separaban de la localidad Correntina
en 6 horas. A las 21:30 ya estábamos
en las Cabañas del Pescador, nuestro
“bunker” en los días subsiguientes.
Nos esperaba Lucio
con la cena preparada: empanadas y exquisitas
milanesas de surubí, gaseosas, buen vino
y postre seguido de un cafecito.
Finalizada la
cena, quedamos en encontrarnos a la mañana
siguiente a desayunar tempranito e iniciar así
la primera jornada de pesca.

Ese jueves amaneció
fresco y con cielo diáfano. En el muelle
nos presentaron a nuestros guías: Juan
y Miguel.
A las 8:30 hs pusimos
proa al río Aguará. Nos separamos
cuando el guía Miguel quedó varado
con su lancha en un banco de arena del que consiguió
salir mas tarde.
La primera emoción
no tardó en llegar. Tuve el primer pique
justo en el momento que Miguel y sus tripulantes
pasaban frente a nosotros a gran velocidad.
Lamentablemente la presa se escapó. Seguimos
remontando el río y la revancha no tardó
en llegar: otro lindo doradillo tomó
con avidez la morena y fue izado en la embarcación.
Mi equipo estaba compuesto por una caña
Kunnan modelo Cona de un tramo de 2,10 m 10-25
lbs., reel Abu García 6500 C3 cargado
con multifilamento 0.18 mm y anzuelos 8/0 y
9/0 atados a un líder de acero de 50
cm de largo.
Después
de cada captura, el pique se cortaba. Levantábamos
los equipos y buscábamos zonas con mayor
actividad. Relevamos el arroyo Surubicito donde
Gabriel y quien escribe logramos dos ejemplares
de doradillos.
Regresamos al Aguará
y a las 12 hs nos encontramos todos en las Cuatro
Bocas, donde almorzamos una picada con los famosos
salamines de Gabriel y la clásica fritanga
de dorado acompañado con gaseosas y vino.
Intercambiando
datos con los amigos de la otra embarcación,
nos enteramos que Hugo y Ernesto habían
hecho una pesca similar a la nuestra, con el
agregado de dos rayas grandes y un doradillo
capturado por Guille.
Por la tarde probamos
suerte en El Timón y terminamos pescando
en el curso del Paraná, con suerte esquiva
y una variada pobre.
A las 18 hs emprendimos
el regreso con la ilusión intacta de
obtener algún ejemplar para el recuerdo
en la jornada venidera. Antes de cenar se jugó
el habitual truco y luego un asado coronó
el dia. Resumiendo: capturamos 6 dorados entre
2 y 3 Kg., 2 rayas, 1 palometa y 2 bagres.
El viernes amaneció
muy frío y una densa niebla camuflaba
el río Paraná. Nos dirigimos al
pesquero llamado Isla Partida, circundado por
lindas correderas entre troncos semi-sumergidos
en sus costas.
Amarramos la lancha
a uno de los árboles emergentes, armamos
los aparejos,… y a pescar. El estilo de
pesca elegido fue al golpe. Apenas Adrián
depositó su carnada en el agua, un hambriento
doradillo picó; nos regaló los
saltos y cabriolas características de
esta combativa especie, vendiendo cara su derrota.
Inmediatamente Gaby tuvo dos piques más
que no consiguió clavar.
Quiero aquí
resaltar el empeño de los guías
cambiando continuamente de zona buscando dar
con cardúmenes de dorados cazando.
Mas tarde probamos
en la otra isla pero el fuerte olor del guano
depositado por los pájaros que pernoctan
en las copas de los árboles nos hizo
dejar rápidamente el sector.
Navegamos hacia
Boca Ancha. Aquí los piques eran continuos
pero de especies menores. Adrián reemplazó
los anzuelos 8/0 y 9/0 por unos más chicos
y obtuvo una enorme morena de unos 80 cm de
largo. Minutos más tarde disfruté
de una llevada muy pareja; el pez sacaba línea
del reel pero soltó cerca de la embarcación,
por lo que supusimos era un patí de buen
tamaño.
Al mediodía
nos dirigimos al río Uaicurú donde
almorzamos mientras Gabriel y El Polaco probaron
suerte de costa, cosechando palometas y pirañas.
Tras el reparador
descanso salimos a practicar pesca al golpe
bordeando una barranca sobre el mismo río,
sin éxito, y el crepúsculo nos
sorprendió pescando sobre el Paraná.
La captura de un doradillo más me ofreció
la despedida.
El resumen de
esta jornada fue: 11 dorados, 2 palometas, 1
patí, 1 bagre blanco y una morena.
A la mañana siguiente, luego del desayuno,
emprendimos el regreso a Buenos Aires después
de haber disfrutado dos días de una salida
entre amigos, en un lugar paradisíaco,
donde nos atendieron como a reyes.

Un párrafo
especial para Lucio, dueño del complejo
Cabaña del Pescador: siempre nos atendió
de primera, tratando de que nada nos falte.
Las cabañas muy cómodas, con calefacción,
aire acondicionado y agua caliente. El salón
comedor muy agradable y los guías rastrillaron
todos los pesqueros sin tener en cuenta el consumo
de combustible ni la cantidad de morenas utilizadas
como carnada. Recomendable 100 %, además
a un precio por demás accesible.
Seguro
volveremos cuando la pesca mejore.
Un fuerte abrazo a todos
El Rafa