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Mosqueando en el sur
de Chile
Hace
un par de años pescando con Guillermo Sagui,
guía en la zona de Esquel, nos comento
sobre grandes truchas y salmones que pueblan los
ríos chilenos. El bichito nos picó,
y hacia allí nos dirigimos con Ricardo,
amigo y compañero de aventuras.

Según Guillermo el fin de abril es buena
época, ya que las abundantes lluvias de
otoño mantienen los ríos un con
caudal suficiente para permitir la entrada desde
el mar de estos peces.
Hacía 10 días que no parábamos
de hablar sobre la posibilidad de medirnos con
los salmones del Atlántico, Coho, Chinook
y Arco iris.
Para
esta pesca es menester utilizar equipos con un
poder suficiente para frenar una corrida antes
de quedarse sin reserva. Nosotros llevamos cañas
8 (Sage, Thomas & Thomas) para pescar en el
mar, lo mismo que los reeles (Lamson, Orvis) con
no menos de 150/200 m. de reserva (baking).
Utilizamos líneas
shooting 9, hundimiento 4, teeny 250/300, leader
0x.
Las moscas del tipo salmoneras, Wooly bugger con
patitas de goma lastradas en un anzuelo 4/6 reforzado
con gap bien grande imitando pancoras, un pequeño
crustáceo que abunda en la zona.
Un cómodo vuelo de Aerolíneas Argentinas
nos depositó en Esquel donde nos esperaba
Guillermo con la camioneta lista para partir a
Chile por el paso del río Futaleufú.
Empezamos el viaje atragantando al guía
con infinidad de preguntas. A medida que nos internábamos
en los caminos cordilleranos, acercándonos
a Chile, el paisaje va cambiando.
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Servicios
en la Patagonia |
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Por
la influencia del Pacifico, y la barrera de contención
que provoca la cordillera, los vientos dejan la
humedad del lado chileno, formando lo que se conoce
como bosque Valdiviano.
Mientras la camioneta se desliza rumbo a Chaiten,
donde pasaríamos nuestra primera noche,
no podía dejar de percibir el clima que
trasmite la montaña en esta época
del año.
Nunca pesqué en otoño, siempre lo
hice en primavera, cuando los colores y el clima
trasmiten una energía distinta, el amarillo
de la retama, la rosa mosqueta florecida, el largo
de los días... todo te contagia.
El
otoño se metió en la cordillera
y se nota, las cosas se perciben apagadas, los
días son cortos, la llovizna persistente,
los árboles perdiendo sus hojas, los ocres
y los grises tiñen el paisaje hasta donde
alcanza la vista.
Es el ciclo de la vida que tanto nos cuesta ver
en la gran ciudad, donde uno debe rendir siempre
como si fuera primavera. El habitante de la ciudad
no percibe estos cambios en los ritmos naturales.
El porteño por ejemplo, hace sus tareas
sin depender del clima, tanto externo como interno.
Dormimos en una sencilla cabaña y temprano
al otro día dejamos Chaiten, pequeño
puerto de casas bajas sobre el Pacífico.
Cabalgata
Nos
dirigimos a la playa Camahueto, distante 15 Km.
en donde nos aguardaba Bili con cuatro caballos,
luego de cargar el equipo y vestirnos con ropa
de agua arrancamos una cabalgata , por la orilla
del marque nos llevaría una hora y media.
Durante
la travesía tuvimos la inesperada visita
de un grupo de delfines que seguía nuestro
lento peregrinar.
En dos oportunidades tuvimos que vadear el rió,
quedando esta tarea totalmente a cargo de los
nobles equinos que saben perfectamente lo que
deben hacer, y no es momento para contradecirlos.
Alojamiento
La
casa que ocupamos consta de 3 dormitorios, living
comedor, baño con agua caliente, salamandra,
indispensable para combatir la humedad y las bajas
temperaturas.
Rápidamente acomodamos el equipo y ya cambiados
iniciamos nuestra primer experiencia en el Blanco,
distante apenas 500 m. de la casa.
A
pescar
Decidimos
bajar el río hasta su desembocadura en
el mar.
Apenas comenzada la pesca tuve tres cortes sin
explicación, luego, repasando el equipo,
comprobé que el leader 0x estaba vencido
y que por ello no soportaba el golpe seco del
pique.
Ya un poco más relajado, arme con tipped
un leader de 1,5 m. atado directamente al shooting.
En lo que duro la tarde pude sacar 3 truchas de
entre 1,5 y 3 kilos, muy gordas y vigorosas.
El
río es excelente para pescar, correderas
y pozones se suceden sin parar. Se puede vadear,
hay partes que se complica, debido a que las orillas
tienen mucha vegetación imposibilitando
los lances.
El Blanco, debe su nombre al color del agua, ya
que naciendo en el glaciar Michimahuida a veces
lo tiñe de un color blancuzco, llamado
leche del glaciar.
Durante los días que estuvimos no hizo
mucho frió pero la lluvia suave y la llovizna
nos acompañaron todo el tiempo.
Gracias a la cercanía de la casa podíamos
volver, almorzar, y salir rápidamente ya
que los días en esta época son muy
cortos.
El segundo día remontamos dándonos
el río una excelente mañana, con
3 o 4 truchas a cada uno, luego del almuerzo encaramos
la tarde con un clima cambiante.
Se
levantó un fuerte viento del norte que
dificultaba los lances, tal vez por la suma de
ambas cosas la pesca fue escasa.
Por la noche Guillermo nos explicó que
en Chile durante el otoño las lluvias suelen
ser muy abundantes y durar varios días.
Eso
hace que el río crezca hasta 50 cm. en
tres horas quedando aislados ya que los caballos
no podrían pasar el río por el lugar
donde entramos.
Teniendo en cuenta el inminente cambio de clima
decidimos pescar todo el día siguiente,
y llueva o no, retornar a Chaiten a última
hora.
El
pique
El tercer día amaneció con un cielo
plomizo y muy ventoso, acometimos nuevamente el
río, esta vez hacia la desembocadura. La
pesca fue buena pero complicada por el viento.
No
obstante tuve el mejor momento de la excursión,
ya que en un pozón, sentí una llevada
firme. Clavé con toda la potencia que entrega
una caña 8, teniendo como respuesta un
rudo cabezazo, el pez ganó la profundidad
y ahí quedó clavado como si fuera
un enganche.
Traté de serenarme, supe que estaba frente
a un “peso pesado”, caminé
hacia la costa sin perder tensión, lo forcé
un poco con la caña, obteniendo como respuesta
una corrida de 10 metros.
Si lo acercaba dos metros él me sacaba
tres, cada vez tenía más línea
afuera del reel, sentí que estaba perdiendo
la batalla.

Decidí forzarlo poniendo en riesgo el tipped.
Como respuesta subió, enseñó
medio cuerpo fuera del agua y con un brutal cabezazo
escupió la mosca.
Caí sentado en la arena tratando de serenarme
y volver a un régimen de pulsaciones más
normal, cosa que llevó varios minutos.
En ese momento, sentí que la aventura había
llegado al pico más alto, a partir de ahora
venia el descenso, poco a poco acomodar las sensaciones,
para volver a la ciudad luego de haber pasado
momentos muy intensos.
Por la tarde, cargamos los caballos y emprendimos
el lento retorno a Chaiten. Casi llegando se largó
un aguacero que no permitía ver ni al caballo
ni al jinete que iban adelante, efectivamente
el pronóstico se cumplió, y de habernos
quedado no habríamos podido salir tal vez
en varios días.
Balance
Excursión
para los que gustan del turismo aventura y/o fanáticos.
Posibilidad de medirse con salmones sin viajar
a Alaska por ende, sin osos.
Salmoneras
Casi
todas las islas del sur de Chile tienen criaderos
de truchas y salmones. Este emprendimiento comenzó
en la década del 80, transformándose
Chile en uno de los primeros exportadores mundiales.
Este proceso se realiza en jaulas flotantes en
las que los peces son engordados con alimento
balanceado.
Cada tanto la naturaleza, mediante tormentas o
fuertes vientos, destruye estas jaulas liberando
a miles de ejemplares, muchos son devorados por
los lobos marinos.Algunos
se adaptan y comienza el ciclo, pero esta vez
en estado salvaje, la vida se abre paso.Existe
una variedad llamada triploide, un híbrido
de Arco Iris sin sexo que no reproduce y engorda
rápido.
Luis
Kurz
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