Coincidiendo
con la apertura de la temporada de pesca 2004-2005
en la Provincia de Santa Cruz llegamos a El
Calafate. Programamos este viaje con mi esposa
durante meses y luego de superar escollos
que lo hicieron peligrar hasta último
momento, el sueño se nos hizo realidad.
Estas vacaciones
estuvieron signadas por diferentes propósitos:
conocer uno de los lugares más lindos
e impresionantes del mundo (el Glaciar Perito
Moreno y sus alrededores); reencontrarnos
con nuestros amigos Nadia y Javier, que hace
casi un año optaron por radicarse en
esta ciudad; y en cuanto a la pesca, poder
sentir lo que muchos me definieron como algo
casi indescriptible, la captura de truchas
en los lagos de nuestra Patagonia.
Después
de breves intentos por encontrar las tan preciadas
truchas en el río La Leona, Lago del
Desierto y Lago Argentino, decidimos programar
con Analía una jornada de pesca. El
“mejor pesquero de la zona” indicado
por los lugareños es el Lago Roca.
Dejando atrás
el pueblo con sus calles empolvadas recorrimos
por la Ruta 11 aproximadamente 45km de asfalto
en excelentes condiciones y unos 30km sobre
camino de ripio. Este tramo da acceso a varias
estancias; permitiéndonos observar
a cientos de ovejas con sus corderos, liebres
corriendo por el campo y la imponente imagen,
muy pocas veces vista, de cóndores
sobrevolando la estepa a baja altura.
Siguiendo por la misma
senda, repentinamente el paisaje se tornó
casi mágico: el Glaciar Perito Moreno
hizo su aparición entre las montañas
de nieves eternas para transformarse en una
postal que quedará grabada en nuestras
retinas por muchos años.
Ni bien llegamos a la
zona del Roca, pasamos por el puesto de Guardaparques.
A los pocos metros se hace visible una huella,
que luego de atravesar una hermosa arboleda,
termina en la costa del lago. Esa franja era
el sitio indicado para hacer los primeros
intentos.
Sin dejar pasar un sólo minuto más,
preparé el equipo compuesto por mi
flamante caña telescópica Banax
Huemul de 2,40 m. y reel frontal, también
Banax Raider cargado con monofilamento del
0,285 mm.
Era pasado el
mediodía cuando la primer cuchara giratoria
cayó al agua, continué intentando
por un tiempo y al no tener respuesta decidí
cambiar de lugar. La recorrida consistió
tanto en la búsqueda de lugares abiertos
como de pequeñas bahías. Hasta
ese momento no había novedad alguna
de las tan esperadas truchas.
El día
estaba despejado y sin viento, poco frecuente
en esta época. El sol ya se posaba
alto y el silencio, interrumpido por el diálogo
de las aves, acompañaba mis lances.
Ante tanta paz hicimos una pausa para almorzar
a la orilla del lago y disfrutar del paisaje.
Ya con las energías
recargadas retomé la pesca en una pequeña
bahía. De pronto, en un lanzamiento
veo a una trucha de lago perseguir el señuelo
hasta la orilla. Esto me motivó y continué
probando en el mismo lugar. Al poco tiempo,
sentí un pequeño tirón
y una arcoiris saltó del agua escupiendo
el engaño. Había comenzado a
soplar una leve brisa que parecía haber
activado a los peces, sentía que las
esperadas emociones estaban por venir.
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La brisa se había
tornado en un viento bastante fuerte y molesto
a la hora de lanzar. Nos ubicamos a unos 1000
m. del lugar anterior, refugiados tras una
barranca en la costa. El oleaje agitaba el
agua hasta enturbiarla, augurando un cierre
poco feliz para la jornada. Sin darme por
vencido, aposté a las cucharas más
pesadas, de entre 24 y 28 gr. para ganar distancia.
Al poco tiempo, sentí un pique, clavé
y la línea venía pesada pero
se alivianó enseguida... otro pique
malogrado. Mi desesperación se incrementaba
tanto como el viento. Pero no quería
irme sin pescar, así es que volví
a la carga y nuevamente un pique... este venía
seguro, la escasa lucha que proponía
me hacía pensar que el porte no era
demasiado bueno. Así fue, una pequeña
arcoiris se convirtió en la primer
trucha que pescaba en mi vida. Rápidamente
fue devuelta a su medio y por problemas con
las baterías de la cámara fotográfica,
no quedaron registros de su paso por mis manos.
Sin embargo, aun hoy cuando cierro los ojos,
puedo verla nadando por la orilla buscando
refugio.
Ya no quedaba mucho tiempo,
debíamos retornar a la ciudad, el viento
se había aplacado un poco y sentía
que aún me quedaba otra oportunidad.
Mate por medio, cambié el spinner por
uno giratorio más liviano. En el primer
lanzamiento, no hizo mas que caer al agua
cuando, de un fuerte tirón la caña
se arqueó en su totalidad. Esta vez,
la lucha se tornó más intensa
y al cabo de pocos minutos un lindo ejemplar
de trucha de lago estaba posando para las
fotos.
De esta manera
finalizó la jornada, con una alegría
enorme por el debut con las truchas habiendo
pasado un día increíble en un
ámbito sencillamente esplendoroso...
Seguramente la inexperiencia y la falta de
conocimiento de los mejores lugares y técnicas,
hicieron que las 6 horas de pesca no hayan
sido más fructíferas. De todas
maneras, sigo agradecido por las vivencias
de ese día junto a la inmejorable compañía
de mi esposa.
Quiero agradecer
a los Pescanautas que tantos consejos y sugerencias
me dieron antes del viaje, y en especial a
Ferchu por alentarme a participar con la nota.
Aprovecho también
para agradecer a la gente de Calafate
Fishing por el asesoramiento y el buen
trato dispensado ante cada consulta. Y particularmente
a nuestros amigos Nadia, Javier y Lautaro
que sin ellos, este viaje no hubiera sido
posible.
Hasta la
próxima, Gonza.