Fuimos
a Playa Honda y a medida que avanza la temporada
aparecen las grandes "flechas" del
Río de la Plata
Para
muchos de nosotros, salir a pescar se transformó
de un simple hobby, en un vicio. Esta adicción
se potencia cuando la salida es con amigos.
La mañana
se presentaba fría; una vez en la guardería
nos encontramos con la embarcación
“Perla Negra” ya en el agua. En
ésta navegaríamos: Osvaldo (OG),
Norberto (Norber) y quien les escribe, Fabián
(FAFA).
El río estaba muy alto. Cargamos las
cosas a bordo y nos fuimos al encuentro de
la “Ghost”: otra embarcación
donde nos esperaban Ariel (Extreme) Martín
(Piscui) y Gabriel (Lito)
Durante el transcurso
de la semana, hablamos con Lito para ver a
qué lado íbamos a poner rumbo
para realizar la pesca. La zona del Di Tomasso
la habíamos testeado la semana anterior
con algunos buenos resultados, pero también
con muchos “pescados” chicos entremezclados.
Suponemos que se podría atribuir a
que en una salida anterior, habíamos
visto un barco pesquero de los amarillos que
salen en la semana, pasando la red por todos
lados. También puede ser que para la
zona sea un poco temprano, pero la temparada
pasada a esta altura nos rindió mejores
tamaños. Tomamos la decisión
de tirarnos un poco más al Este, cerca
de la Barra del Globo. El río hasta
ese momento se encontraba algo rizado. A medida
que nos arrimábamos al lugar elegido,
el agua se iba “planchando”; esto
no nos gustó nada, pero de todas maneras
decidimos probar un primer garete: las dos
lanchas en la misma zona y a escasa distancia
una de otra, de no más de 100 metros.

El poco viento
en el lugar hacía que tuviéramos
que ir corrigiendo el garete a cada rato para
poder llevar lo más derecho posible
la embarcación y así tener la
posibilidad de pescar todos parejo. A los
5 minutos de comenzar a pescar empezamos a
tener respuestas. Pero los peces eran de un
tamaño más bien chico, pero
le teníamos fe al lugar y preferimos
esperar un rato antes de movernos. Levantamos
en el Perla Negra una docena de juveniles
pejerreyes en menos de media hora. Era tirar
y sacar… pero no era lo que estábamos
buscando.

De golpe, la
línea de Norber acusó un pique
interesante. El reel que no dejaba de sonar
y la caña muy arqueada a punto de explotar
nos delataba que no era un precisamente un
pejerrey lo que traía. Venia con “bigotes”
la cosa: un patí de gran tamaño
se había prendido de la línea.
La alegría del primer momento se fue
perdiendo a medida que, metro a metro, lo
acercaba a la embarcación. A pesar
de esto, no perdimos las esperanzas. A mi
me gustaba la zona y les comenté a
mis compañeros que prefería
quedarme en ese lugar media hora más.
Ellos dando un voto de confianza a mi pálpito,
asintieron con la cabeza.
Fue un buen acierto:
la segunda boya acusó un pique distinto.
Estaba muy atento, así que con una
clavada certera dije: "¡copo!".
Era grande. Se podían sentir en la
caña los cabezazos del clásico
“no, no, no”. No había
lugar a dudas que era uno de los buenos, con
las corridas clásicas que pegan estos
“bichos” hacia los costados, en
forma de zig-zag.

Es bueno para
cuando uno va a pescar tener el reel bien
regulado para no encontrarnos con sorpresas
a último momento, o mejor dicho, en
el momento que necesitamos que reel y caña
funcionen como nosotros queremos. Tener el
equipo bien preparado me facilitó poder
arrimar el pez al copo sin ningún inconveniente.
Sin dudarlo un instante, Norber lo embolsó
con mano firme y segura. Muy contentos festejamos
este hermoso pejerrey que midió 55
cm., con un peso aproximado de 1.200 Kg.
La tripulación
de la Ghost al ver que el agua estaba tan
planchada, decidió ir a buscar aguas
más rizadas y mejor oxigenadas. Y decidieron
navegar hasta las cercanías del barco
hundido Chichita. Nosotros nos íbamos
a quedar media hora más para después
acercarnos a ellos dependiendo de sus resultados.

El VHF nos hacía
saber a cada rato que estábamos rodeados
de conocidos en el río: Marcelo Husein
monitoreando desde la embarcación “Silga
V”: un soberbio crucero Santana 37 en
el cual estaban realizando una muy buena pesca;
la “Shark” de Luis Kurz; otra
embarcación de Walter, amigo de Marcelo:
un trucker abierto; y también Walter
C. en su semirrígido “Sotavento”,
que se venía arrimando a la zona solo,
como “loco malo”, pero tranquilo
por la compañía de todo el grupo
a través de la radio.
Lito, Ariel y
Martín estaban pescando bien y con
pejerreyes de mejor porte, a diferencia de
los chicuelos que estábamos sacando
desde el comienzo, así que nos movimos
para ponernos delante de la embarcación
de ellos, a unos 300 metros, cuidando de no
entorpecerles la “cancha” de pesca.
Aparejos al agua… y a pescar de nuevo.
Había
“más pescado que agua”
en el lugar, según dicho de Lito. Levantábamos
pejerreyes, uno tras otro, pero sin mejorar
los portes que antes mencionara. Hasta que
por fin Osvaldo clava otro lindo: 49 cm. de
potencia que hacían que se arqueara
su caña al límite. En esta ocasión,
la carnada que usó fue filet de un
dientudo grande que había sacado Norber
un rato antes. El “pescado” venia
prendido del “labio”, así
que con mucho cuidado fui metiendo el copo
en el agua para poder subirlo a bordo del
Perla Negra en el primer intento.

Muy contentos
con éste, empezamos a levantar otros
un poco más parejos, con medidas cercanas
a los 40cm y con algunas excepciones un poco
más grandes. Sacábamos y devolvíamos
los pejerreyes más chiquitos (eran
cruza de peje con mojarra; nunca voy a entender
cómo estos “pescaditos”
se pueden meter en la boca los soberbios anzuelos
que utilizamos)
Pasaban las horas
y la pesca se iba dando en forma muy entretenida,
hasta llegadas las 15.30 hs. donde Norber
pidió nuevamente el copo. “¡Es
peje!- dijo – ¡y parece grande!”.
Y así era: otro hermoso ejemplar que
nos regaló nuestro querido Río
de la Plata; parecía el hermanito del
otro que había sacado Osvaldo, con
49 cm.
Muy contentos
hasta el momento y esperando ya la hora de
desarmar nuestros equipos para arrimarnos
al crucero Silga V, donde habíamos
quedado en festejar el cumpleaños de
Lito. Teníamos previsto juntarnos tipo
16 hs para brindar y cantarle su feliz cumpleaños.
Ya el río se presentaba planchado;
a tal punto, que parecía una pileta
de natación gigante. Llegada la hora
prefijada, empezamos a guardar nuestros equipos
con chistes y sonrisas y a acomodar la embarcación
para abarloarnos en el medio del río
para el gran agasajo.

Datos
para tener en cuenta
Los piques: en
esta ocasión no estuvieron francos,
eso hace que tengamos que poner mayor atención.
El pez no está comiendo bien; es raro
que cuando pique haga las conocidas corridas
a las que nos tiene acostumbrados. Y por otro
lado el agua actualmente aún sigue
muy turbia y eso afecta también bastante
el pique.
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Equipos
recomendados
Cañas:
Marine Sports
Match Pro
420 y Five
Star Feeder
4.20 ambas
para rotativo,
Lexus Legendaria,
Lerc 4000
Firm, Omoto
Extra Long
Enigmatic
4.55 y Mitchell
Premiun Pejerrey
420.
Equipadas
con reeles
Daiwa Strikeforce,
Relix Q-Cast
100, Daiwa
Regal-5iA-3000,
Abú
García
Cardinal 502
ABL, Omoto
HBS 3000 RD
y Mitchell
308XE respectivamente,
todos cargados
con multifilamento
de Sufix Matrix
Pro o Climax
Select.
Líneas:
convencionales
de tres boyas
como las Cribal
208/3, 215/0
o 220/3 en
colores verde
y naranja,
verde limón
y naranja
respectivamente.
También
funcionó
muy bien agregarle
un puntero
pescador del
tipo 225/3
(baranquín)
color blanco.
Anzuelos Tiemco
8089.
Estos
artículos
los podés
encontrar
en:
www.dolphinpesca.com
www.pezcalandia.com.ar
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Las mojarras:
tema espinoso si los hay. Deben conseguir
de las buenas. Las que compramos en esta salida
eran chicas y se nos murieron más de
la mitad de las que llevábamos. Las
que sobrevivieron estaban muy blandas y al
pincharlas por el lomo se morían enseguida,
perdiendo su clásico y atractivo color
plateado.
Las anclas de
mar o “anclas de capa”: en el
caso de poner dos, debemos regularlas muy
bien para que la embarcación trabaje
derecha. De este modo pescan todos los que
están en la lancha. Es frecuente que
un sector de la lancha pesque mejor que otro
por consiguiente a ser buenos compañeros
y roten entre ustedes.
La ceba: preferentemente
que sea un goteo continuo. Hay que mirar que
no se obstruya con el mismo aceite el tapón
o el cebador que utilicemos. Fijarse que no
salga en grandes cantidades; esto hace que
no se oxigene bien el agua y el “pescado”
capáz se queda en los bordes de nuestra
“calle”.
Otra tema para
tener en cuenta es la velocidad del garete:
tratar siempre de garetear a la menor velocidad
posible. Recordemos que la embarcación
es la que se aleja de las boyas, por lo tanto
tener más peso en la boya más
alejada de la embarcación, nos ayudará
notablemente a tener alineado nuestro aparejo.
Por último,
prestar siempre atención al equipo:
mirar si un compañero está pescando
mejor que uno, observar el color de las boyas
y en caso de ser el mismo color, mirar el
tamaño de las mismas. También
tener en cuenta el largo de brazoladas: es
mejor perder un minuto y cambiar la línea
o la brazolada, no estar pescando nada.
La caña,
junto con el reel, tiene que estar bien balanceados.
No olvidemos que estos elementos los vamos
a tener todo el día en la mano. Actualmente
el mercado ofrece infinidades de combos armados
de reel y caña. En el momento de comprar
tratemos, si compramos sólo la caña,
pedir prestado en la casa de pesca un reel
idéntico o similar al nuestro para
probar el balanceo del conjunto.
Las boyas a utilizar hay que decidirlas en
el momento: ya que básicamente depende
del viento y de la posición del sol,
los colores oscuros se ven mejor con el sol
de frente y los claros con el sol de espalda.
Si bien tenemos todos algún juego de
boyas que nos gusta más que otro, tratemos
de elegir la que mejor veamos, ya que estamos
pescando pejerrey y no hay nada más
lindo que ver el pique para clavarlo.
En estos momentos
muchos pescadores están utilizando
reeles rotativos, no son de mi gusto para
este tipo de pesca, pero eso no quiere decir
que no funcionen bien ya que muchos pescadores
se acostumbraron a éstos con excelentes
resultados. Pero muchas veces observé
que el multifilamento ocasionalmente se monta
entre si, sobre todo cuando pescamos cebando
ya que queda impregnado de aceite. Estas eventuales
retenciones generan que nuestras brazoladas
se levanten por efecto de nuestra deriva y
terminan "surfeando" al raz del
agua.

No nos olvidemos
que normalmente salimos tres personas por
embarcación. Para que pesquemos placenteros
tenemos que tratar de acomodar la misma para
que tengamos en su espacio reducido lugar
para movernos, eso se logra con orden a bordo.
También es aconsejable llevar trapos
para poder limpiarnos las manos y por sobre
todo poder secar en caso que se moje el piso
de la embarcación para evitar resbalarnos;
una gorra con visera por si tenemos el sol
de frente, anteojos polarizados y muchas ganas
de pasarla bien.
Aprovecho esta
nota para felicitar al Sr. Jorge Araneo por
el premio obtenido en la revista Weekend a
la mejor nota del año 2007. Por ser,
para muchos de nosotros, un inspirador de
los relatos relacionados con esta pasión
que es la pesca.
Hasta
la próxima pesca, Fabián
" Fafa" Kasparian.