Cómo empezar
a pescar tarariras en spinning. Equipos y
señuelos recomendados para tarariras
medianas y pequeñas en lagunas y para
ríos o lagunas con tarariras grandes.
“Maestra
del spinning”, la llamaba el gran Zapico,
esbozando una mezcla de admiración, pasión
y accesibilidad. Nuestra querida tararira se
encuentra, con honores, entre los peces más
deportivos del país. Cada vez más
pescadores se vuelcan a su pesca con artificiales,
en especial con la técnica de bait casting.
En los últimos años la pesca ha
desmejorado considerablemente, pero debemos
prepararnos para una próxima temporada
que augura buenas pescas.

Con
tristeza recorro las lagunas bonaerenses, en
especial las encadenadas de Chascomús.
En los últimos años han sufrido
un retroceso increíble en pesca de tarariras
y en la calidad de su ambiente lacustre. Antaño
las costas de lagunas como Vittel estaban tapizadas
de una o dos hileras de juncos, con espacios
y claros internos bordeados de gambarusa. Algunos
mantos de gramilla rosada cubría, según
la dirección del viento, unos y otros
extremos del claro. El agua era bastante transparente,
permitiendo ver ese escenario plagado de vida,
con el paso de pequeños cardúmenes
de mojarritas transitando temerosas los espacios
entre un refugio y el siguiente. Los residuos
corporales de las ninfas de libélulas
quedaban secos agarrados al junco, reflejando
el último esfuerzo antes de romper en
vuelo. Unos centímetros sobre la superficie
se libraba un combate aéreo entre los
adultos cazando pequeños insectos. Un
aroma natural que combinaba olores acuáticos
y terrestres, era apenas interrumpido por las
burbujas de gas que liberábamos en el
vadeo. La pesca era un placer en esas lagunas
en aquel tiempo.
Mi primer tararira la pesqué en un día
de noviembre de 1980 en la laguna Vittel. Recuerdo
la escena dónde papá aprestaba
un modesto equipo de spinning, mostrándome
los primeros señuelos de mi vida. Un
flamante Hula Popper de Arbogast y un Caimán
plástico de los usados para trolling
en lagos patagónicos, del cuál
colgaba un ramillete de triples. Ese que unos
pocos años después le clavaría
en la espalda a una ingenua señora que
osó pasar detrás de mí
mientras lanzaba en el laguito del Rosedal.
Era nuestra experiencia inaugural con tarariras
y no teníamos mucha idea, más
bien ninguna. Sin mucha deliberación,
papá puso el Caimán, muy inadecuado
para el ambiente, como pudimos comprobar juntos
tiempo después. Sin entrar al agua porque
no teníamos ni waders, papá hizo
el primer lance para enseñarme la dinámica
de tirar y recoger del spinning. Mientras me
mostraba y ensayaba una explicación,
en el primer tiro, una tararira enorme atacó
el señuelo que venía nadando mal
y enredado en la vegetación. Luego de
saltos y chapoteos violentos, terminó
en la orilla ante mi absoluta admiración
y sorpresa. En pocos minutos más había
pescado mi primer tararira y nacía la
pasión más grande y longeva en
la pesca. La pasión por la pesca de tarariras
con señuelos.

Malabaricus
Calme la ansiedad, amigo lector, antes de abrir
la caja de señuelos, una de las tentaciones
más grandes de esta pesca, lo llevé
de paseo en el tiempo y ahora vamos a estudiar
un poco a nuestra compañera de pesca.
El nombre tararira es común a las tres
especies de Hoplias que se encuentran en Argentina.
Hoplias Lacerdae es la tararira azul, famosa
por sus tamaños excepcionales, presente
mayormente en la cuenca del Uruguay. Hoplerythrynus
Unitaeniatus, es la tararira ñata, de
reducido valor deportivo por su tamaño,
pero buscada como carnada para la pesca en los
grandes ríos. Finalmente la más
común, la Hoplias Malabaricus, cuya dispersión
es amplia y favorece el acceso a los pescadores.
Hablaremos de esta última en esta nota,
aunque los equipos mencionados, los señuelos
y las técnicas, puedan aplicarse alternativa
a alguna de sus hermanas locales.
La
tararira es un pez generoso en cuánto
a dispersión geográfica. Las encontramos
en toda la cuenca del plata (ríos Paraná
y Uruguay), llegando al sur hasta algunos cursos
de agua de la provincia de La Pampa. Habita
prácticamente todos los ríos,
riachos, lagunas y charcos, siendo resistente
a las inclemencias climáticas e hidrológicas.
Su peso normal, según los libros, puede
alcanzar los 5 kilos (las he visto en Chascomús
de hasta 6 kilos en otras épocas), aunque
lo normal es encontrarlas en el rango de 1 a
2 kilos. Se alimenta de peces, ranas, pichones,
ratas o cualquier cosa que caiga al agua, con
tamaño adecuado. Dada su conformación
física de cazador tozudo pero lento,
los caza al acecho, oculta en las sombras de
la vegetación acuática e inmóvil.
Ante el paso de una distraída presa,
se lanza al ataque con despiadada agresividad.

En su preparación para el desove, la
tararira abandona su refugio invernal de la
profundidad y se estaciona en aguas bien bajas,
de hasta treinta centímetros, que son
las primeras en calentarse. Dado que el invierno
es la estación lluviosa, en la mayoría
de las lagunas se producen desbordes del cauce
principal, invadiendo grandes extensiones de
campo que son aprovechadas por las tarariras
para su nido. Generalmente se produce una franja
entre la primera hilera de juncos y la orilla
que rinde al comienzo de temporada. Esa hilera
de juncos es, en general, el límite costero
de la laguna en la época de seca. A medida
que el desove va concluyendo y las aguas interiores
se calientan, las taruchas se dispersan por
toda la laguna pueden pescarse pero sin el mismo
grado de concentración con que contamos
al comienzo de temporada. Cuando el otoño
predice la llegada del infeliz invierno, hay
un rebrote de la pesca, capturándose
buenos ejemplares como a principio de temporada.
Luego de este bonus final, la pesca declina
hasta que las últimas tarariras, interesadas
por incorporar algunas calorías antes
de dormir la siesta invernal, se entierran.
Dos
equipo para cualquier tararira
Lo conozco amigo lector, ya estará pensando
que esta es otra nota poética ausente
de toda precisión técnica. No
se preocupe, luego de repasar las características
del pez, su ciclo de vida y el ambiente que
habita, vamos a lo nuestro... Como sabe, la
tararira no suele hacer corridas ni largas ni
muy veloces, más bien brinda una pelea
con algunos saltos, corridas cortas y cabezazos
tozudos. Nada que un equipo de spinning no pueda
manejar. Veremos un par de equipos recomendados,
el primero más liviano para lagunas con
tarariras medianas y pequeñas, el segundo
para ríos o lagunas con tarariras grandes.
Un
equipo liviano estaría compuesto por
una caña de hasta 12 libras, con no más
de 2 metros. El reel debe balancear adecuadamente
con la caña, siendo ideal uno de spinning
liviano. Si el equipo es de bait se usa la misma
potencia de caña, pero sin superar el
1.80 mts, complementándolo con un reel
de los más pequeños de bait. Prefiero
usar multi con un grosor mínimo de 0.20
mm que se maneja mejor y evita enredos. Completamos
el equipo con un terminal de cable de acero
de unos 30 centímetros de 20 libras,
máximo.
Para
ríos o lagunas con tarariras grandes
(si las encuentra me avisa?), la caña
debiera ser de hasta 20 libras, extendiéndose
a no más de 2.40 metros, multi mínimo
del 0.24 mm, cable de acero de unos 40 cms,
algo más largo que lo normal para manipular
el pescado desde un bote o barranca. En spinning
y bait, el reel adecuado para ese equipo sería
del tamaño siguiente al de los mencionados
en el equipo liviano.
Señuelos:
Jitterbug de Arbogast, Torpedo
de Heddon, Woodchopper de Luhr
Jensen, Skitter Walk de Rapala,
Thunderdog y Chug Bug de Storm
y Sputterbug de Arbogast. |
|
Los
señuelos
Llegamos! Yo se que quizás salteó
todo lo anterior para llegar a esta sección.
Nuestros queridos muñequitos, nuestros
soldados impostores frente al instinto del pez.
Hay tantos para probar... Vamos a establecer
algunas acciones básicas y repasaremos
exponentes de cada una de ellas. En primer lugar
mencionaría a los señuelos de
acción “walk the dog” cuyo
abanderado sería el Zara Spook, también
son llamados sticks (palitos) de superficie.
Tienen realmente la forma de palitos cargados
con peso en la parte trasera, de forma tal que,
traídos a los tirones cortos, generan
una acción zigzagueante similar a la
de un perro paseado atado a la correa (de allí
su nombre). Son de los más divertidos
para pescar y generan ataques explosivos. En
este tipo se destacan el Skitter Walk de Rapala,
el Thunderdog de Storm y el mencionado Zara
Spook de Heddon. Hay ejemplares brasileros de
mucha efectividad en la marca Deconto, que merecen
ser probados ya que han rendido en otras temporadas.
Cabe mencionar que en los últimos años
han salido modelos muy efectivos de sticks de
media agua, que reproducen esa acción
a unos centímetros de la superficie.
Un segundo grupo es el de los poppers. Aquí
casi todos conocen al Hula Popper de Arbogast,
tradicional señuelo de superficie de
todos los tiempos. Su acción se genera
gracias a los tirones violentos y su boca ancha,
haciendo explotar la superficie con sonoros
chasquidos. Hay decenas de modelos en diferentes
marcas que poppean, entre ellos me gustan el
Skitter Pop de Rapala, Pop R de Rebel y Chug
Bug de Storm.
Señuelos:
Rana de Snag Proof, Rana y Rata
de Basspro y Rata Snag Proof con
cuchara Mepps |
|
El
tercer grupo debería estar compuesto
por los señuelos con hélices,
sean estas del tipo buzzer (Sputterbug de Heddon)
o del formato torpedo, en el típico señuelo
con ese nombre en la misma marca. En cualquier
caso, buscan batir el agua con el movimiento
giratorio de la hélice. Pueden trabajarse
también a los tirones para intensificar
su acción o asimilarla a la de una criatura
moribunda. El Skitter Prop de Rapala y el Dying
Flutter de Heddon, podrían cerrar, con
los mencionados inicialmente, un stock razonable
para nuestras pescas.
En el ante-último grupo de señuelos
de flote pondremos a los crawlers (nadadores),
entre los que se destacan los clásicos
Jitterbug de Arbogast y Crazy Crawler de Heddon,
ambos señuelos de mitad del siglo pasado,
que aún siguen pescando mucho.
Completando las opciones superficiales, mencionaremos
señuelos que se deslizan suavemente sobre
el agua, produciendo mínima turbulencia,
comúnmente llamados sliders. Podemos
destacar el Moss Boss de Heddon o las muchas
ofertas de ranas de goma entre las que destaco
la de Snag Proof, que nos acompaña desde
los años ´70. Estas ranas de goma
son antienganche y socorren al pescador cuándo
las tarariras están entre vegetación,
accediéndonos llegar a los puntos más
recónditos, dónde un señuelo
con anzuelos comunes quedaría enganchado.
Señuelos:
Johnson Minnow, Spinnerbait, Big
Bass Square de Storm, Subwart
de Storm, DT Flat de Rapala y
Spinfish de Alfers |
|
En
el escalón siguiente de la columna de
agua, apenas debajo de la superficie, pescaremos
con los señuelos de subsuperficie. En
general, son crankbaits que trabajan a no más
de 50 cms de profundidad, muy efectivos para
días en que los ataques a flote son remisos.
Exponentes del grupo podemos mencionar el Big
Bass Square de Storm, el tradicional Oreno de
Luhr Jensen, Twichin Rap de Rapala, Lucky 13
de Heddon.
Finalmente los efectivos spinners, con sus exponentes
bífidos, los spinnerbaits y las tradicionales
cucharas giratorias, dan grandes resultados
permitiéndonos trabajar en varias profundidades
con alta vibración y reflejo según
la cuchara elegida. Tradicionalmente usábamos
el Mepps Aglia, cuchara tipo French con pescadito
de goma atrás, aunque ahora las variantes
con látex y anti-engache precedidos de
giratorias están a la orden del día.
Como
colores, en superficie siempre será efectivo
el negro, aunque también podemos usar
otros más naturales, o fantasías
como el famoso Red Head, mal llamado cardenal,
tan tradicional en la industria. Si bien no
es el factor principal, no desestime el color,
me he encontrado en lagunas dónde un
color particular era letal y no tenerlo significaba
problemas.
Cuidemos
a la tararira
Es bastante reciente entre los pescadores la
tendencia a proteger la tararira. Hace años
se la veía como enemiga del pejerrey
en los ambientes compartidos y, por tanto, se
la cazaba sin piedad. En las lagunas era común
ver pescadores comerciales con enormes montañas
de tarariras muertas, capturadas en todo momento
del año. Hoy día es bastante común
ver en las pescaderías ejemplares de
tararira de cualquier tamaño, vendidas
a precios bajos, comparando con la potencialidad
de una tararira viva. Pregunten en USA por qué
cuidan tan al bass. Lo hacen porque un bass
vivito, coleando y comiendo señuelos
es muy valioso, porque genera recursos para
guías, boteros, vendedores de equipos,
hoteleros, etc. El potencial multiplicador de
ingresos que tiene un pez deportivo vivo es
muchas veces mayor que el mínimo beneficio
que se obtiene con su muerte, sin mencionar
que dicho beneficio termina direccionado a unos
pocos en lugar de beneficiar a toda la sociedad.
Esto es muy fácil de verificar, vaya
a alguna pescadería cercana y vea, como
lo hago yo en una muy cercana de mi casa, pilas
de tarariras exhibidas para la venta a precio
irrisorio. No las verá solas, estarán
acompañadas de doradillos, bien pequeños,
pescados y asesinados fuera de todo reglamento.

Ahora imagine tener un lago con tarariras cerca
de su casa, imagine a sus hijos divertidos y
sorprendidos con la explosión en superficie
de un ataque. Imagine volver a tener ambientes
rústicos, con vegetación y sin
polución. Recuerde lo divertido de compartir
una salida corta de pesca con artificiales con
amigos, todo el día vadeando en una laguna,
mezclado en la naturaleza. Imagine todo esto,
guárdelo en su inconsciente y, cuándo
pesque su próxima tararira, devuélvala
en honor a ese recuerdo. Pesquen con inteligencia.
Juan Pablo Gozio
www.gozio.com.ar