Cuatro señuelos
que no pueden faltar para el comienzo de la temporada
de tarariras, cuando la proverbial agresividad
de las tarariras se mezcla con un poco de lentitud
y remolonería.
Con
sólo acariciar el corcho de mi vara me
pierdo en ensoñaciones, recorriendo mentalmente
una intrincada historia de años y años
buscando los favores de esta dama terrible. Falta
poco y hay mucho por hacer. Preparar una buena
ración de cables de acero, cambiar cargas
de nylon (o multifilamento) por otras frescas,
y sacarles el polvo a un batallón de señuelos.
Y precisamente de ellos trata esta entrega.
En
el despertar de Hoplias un tema clave es la correcta
elección de los artificiales. Los pifies
y el desconocimiento suelen pagarse caros. Cada
maestro con su librito, y cada pescador con su
ranking. Tantos como miles de pescadores. En esta
dulce espera me entrego al juego y la diversión
de confeccionar uno. Un podio de cuatro muñequitos
infalibles, para una época en que la proverbial
agresividad de las tarariras se mezcla con un
poco de lentitud y remolonería.
Ranas
de PVC con spinner: Ranas
de goma hay en muchos tipos y tamaños,
con diferentes formas de propulsión. El
modelo de la foto muestra un spinner metálico
y delgadas patas, que al menor movimiento ondulan
como una bandera en la brisa. Si bien se trata
de señuelos económicos, a la larga
resultan bastante caros ya que las dentelladas
de Hoplias rompen muchos por salida. Aun así
constituyen un engaño insustituible. Un
“top one” al que muchos spinningueros
consideran rayano en lo antideportivo, ubicado
inmediatamente por debajo del espinel y la boya
plop con carnada (sólo se trata de una
broma, pero una broma muy ilustrativa).
Mientras
la rana con hélice, como los Buzzers, descolla
en aguas bajas y vegetadas, la rana con voladora
es imbatible en un ámbito muy particular:
la playa barrosa, de aguas leonadas y limpia de
vegetación acuática. Es decir, el
lugar en que estos cazadores gustan asolearse
con los primeros rayos fuertes de la primavera.
Cierro los ojos y recuerdo sitios similares en
Las Perdices, Chis Chis y, sobre todo, en los
bajos del Río de la Plata, donde habitan
verdaderos perros que duplican o triplican el
promedio lagunero. En este sentido, un ámbito
increíble son los bajos de la costa norte
de la Isla Martín García, entre
punta La Gata y Piedritas.
Con
esta rana, la idea es cubrir el área con
lances en forma de abanico, rebotándola
en el fondo con pequeños saltos, con un
timing lento de tensión y relajación.
Es imprescindible que el spinner gire impecable
desde el comienzo, porque se recupera en tramos
cortos de no más de 1 o 1,5 metro. Las
vibraciones llaman, despabilan al pez hasta provocar
el contacto visual con la rana, que es atacada
impiadosamente.
Según
el modelo, puede pasar que se marren muchos piques.
Al respecto existen dos secretos de oro: alejar
el triple 2 o 3 centímetros de la rana
para que penetre limpio (y de paso que las tarariras
no la tajeén tanto); y esperar un poco
en la clavada, ya que como se trata de un engaño
blando la tarucha no la escupe enseguida sino
que la acomoda en su boca (si nos pasamos con
el tiempo puede salir tragada como si se tratara
de carnada).
Spin
Fish de Alfer’s: Este
plug en forma de pecesillo, con un spinner en
la punta, resulta endiabladamente efectivo en
aguas limpias y abiertas. Testigos de ello son
los arroyos y madrejones del Paraná Inferior,
como el caso del delta de San Pedro, donde este
artificial es casi un mito. No lo he probado personalmente,
pero creo que esta efectividad es extensible al
resto de la cuenca, especialmente al filo de remansos
o albardones profundos bajo los camalotes, donde
larga en punta sobre el resto de los señuelos.
Para
tarariras se recomienda el modelo más pequeño,
de 8 cm, muy adaptable a equipos livianos. La
fotografía muestra dos variantes. El marrón
acribillado a dentelladas posee un spinner de
tipo francés, que gira amplio, más
lento y emitiendo fuertes vibraciones. El azul
de lomo escamado presenta un spinner de tipo italiano,
con el eje atravesando la misma hoja metálica.
Este modelo permite recuperaciones ágiles,
teniendo la característica de girar a más
velocidad y mayor cantidad de veces en igual distancia.
En la elección juegan mucho el gusto y
las experiencias que hayan marcado a cada aficionado,
aunque la mayoría se inclina por el spinner
italiano.
Al
contrario de otros engaños flotantes, que
profundizan hasta un nivel predeterminado, el
Spin Fish se hunde lentamente, facilitando realizar
un prospecting en distintos niveles de agua hasta
un máximo de 1,5 o 2 metros de profundidad.
Buzzer:
Un artificial que explota entrada la temporada,
cuando las tarariras se encuentran un poco más
rápidas y agresivas con el alza de la temperatura.
Originalmente diseñado para el largemounth
bass de los Estados Unidos, fue adaptado con éxito
por Alfer’s a finales de la década
del noventa. Para los ámbitos laguneros,
de escasa profundidad, los Buzzer más adaptables
son los modelos con hélices plásticas,
más livianas, y de acción en superficie.
Resultan especiales para tarariras muy metidas
en las plantas, algo frecuente a principios de
temporada porque entre las algas se generan bolsones
de agua un poco más cálida, ya sea
por la descomposición de materia orgánica
como por que éstas atenúan la mezcla
del viento. Dotado de una pollera de gomitas de
silicona y una enorme hélice, el Buzzer
produce vibraciones muy potentes, rayando la superficie
y salpicando agua. Basta una franja limpia de
10 o 15 centímetros de profundidad para
que actúe sin problemas. Como se hunde
lentamente, es recomendable cerrar el pick up
del reel un instante antes de que toque el agua,
evitando trabazones y enganches.
Su
peso concentrado y un único anzuelo simple
(de alambre grueso, equivalente a un 3/0 o 4/0)
lo tornan ideal para equipos de bait casting,
normalmente más potentes y de estricta
acción de punta. Para mejorar su poder
de clavada, algunos aficionados le adicionan un
anzuelo extra enhebrado por el ojal, al que inmovilizan
con un pequeño o-ring de goma.
Tucan
Flex Del:
Versión autóctona del famoso Lazy
Ike norteamericano, es un clásico entre
los clásicos. En mi caso, y creo que en
el de cientos de pescadores, resultó mi
primer señuelo. Esta inspiración
carga sobre la tapa del libro “El ABC del
Pescador”, de Alvarito. La imagen, una pintura
que me quitaba el sueño de niño,
muestra a un enorme tarango a punto de deglutirse
un Tucán Flex blanco y rojo (resulta estúpido
afirmarlo, pero estoy seguro que es un N°
3).
Barato,
fácil de conseguir y excepcionalmente resistente
a las dentelladas, posee dos cualidades altamente
valoradas: una silueta estilizada y flexible que
lo hace muy clavador, y una acción suave
que no satura la caña. Ambas conjugan un
señuelo ideal para equipos ultralivianos,
de los cuales soy un fanático perdido.
Flotante,
se hunde uno o dos palmos según la velocidad
de recuperación, convirtiéndose
en un engaño muy versátil en cuanto
a posibilidades de presentación. El Tucán
Flex descolla con taruchas ariscas que huyen o
se retraen con artificiales de acción fuerte.
Me encanta usar Tucanes en lagunas cristalinas,
con alfombras de cola de zorro o gambarrusa bajo
una franja de agua libre de 30 a 50 centímetros.
A tal fin elijo modelos claros (blanco, amarillo
o verde flúo), que se recortan sobre el
fondo oscuro. Así puedo controlar visualmente
al señuelo todo el tiempo, lo que me pone
en el umbral de una pesca de superficie cuando
aún es temprano para ella, o donde es imposible
o poco rendidora. Recuerdo una enorme tarucha
que siguió sigilosamente un Tucán
Flex N° 3 (mi preferido) varios metros hasta
detenerse a mis pies, a la que pude sacar en un
segundo intento pasándole el muñeco
por sus narices, al estilo mojarrero. De no haber
visto el señuelo, nunca hubiese detectado
a la tarucha (totalmente mimetizada) y menos hubiera
podido capturarla. En fin, pequeños detalles
del spinning a media agua que hacen la diferencia
entre pescar y no.
Hasta
la próxima y líneas tensas...
Diego
Flores *
*
Diego Flores nació el 12/5/70 en Capital
Federal. A los 8 años comienza a pescar
y a los 13 se mete de lleno en el mundo de los
artificiales, transformándose en un fanático
de la pesca con equipos ultralivianos.
En el año 1990 descubre la mosca y es tal
su obsesión que en 1992 se radicó
en Bariloche. Allí cursa estudios de Acuicultura
y Biología (Universidad del Comahue), realiza
una extensa pasantía en el CEAN (manejo
de pesquerías deportivas), y se desempeña
como Guía de Pesca con Mosca matriculado
y asesor para el reglamento del Parque Nacional
Nahuel Huapi. Como secretario del Club de Pesca
y Caza Nahuel Huapi, dictó cursos para
más de doscientos pescadores en tres años.
A ello se le agrega ser conferencista invitado
de las principales asociaciones de pesca con mosca
de la Argentina y colaborador de numerosos medios
como Acción de Punta, Tiempo de Aventura
y el Boletín Mosquero.
Desde 2000 vuelve a Buenos Aires y a partir del
2004 se desempeña como Editor de Pesca
Deportiva de la revista VIDA SALVAJE. Diego Flores
tiene en su haber dos libros publicados "Guía
de Pesca Andino Patagónica" y "Aguas
Patagónicas", ambos agotados. "Aguas
Patagónicas", con 580 paginas es la
síntesis monumental de 10 años de
relevamientos en mas de 200 espejos de agua cordilleranos.
En la actualidad está a punto de convertirse
en un libro internacional.
Pescanautas
agradece a Diego Flores y a la revista Vida Salvaje
por la nota cedida.

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